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El Atleti de casi blanco, Morata de oro y Del Bosque de por vida

Lo malo de que el Atlético pierda a alguno de sus mejores futbolistas no es estrictamente eso, sino que con ayuda de la propaganda (que también la tiene, aunque de una dimensión ridícula e ineficaz al lado de la que protege y proyecta al vecino), pretenda vender que el optimismo y el éxito político es justo el contrario, haber mantenido a sus mejores futbolistas. Y no hace falta deformar la realidad. Sin Courtois, Filipe, Tiago y Diego Costa se han ido exactamente cuatro de los titulares de primer orden, y alguno podría intentar colar que con la baja de Villa son casi cinco. Y aunque para el Cholo (su decisión más inexplicable y contradictoria) no contò mucho, la de Diego es pérdida mayor. De modo que se pongan como se pongan los maquilladores, el Atlético que viene es otro. Y en realidad es lo de menos. Porque el hecho es casi una rutina, una costumbre intrascendente. Entre los que se quedan y los que se incorporan, el equipo no sólo flota sino que además nada. Y los que se van se lo pierden. Así que no hieren las bajas, sino las falacias. Bueno, y la segunda camiseta, el último ataque contra el escudo que Nike ha perpetrado. La marca que pretendió acabar con las rayas rojiblancas, ahora intenta que el Atlético se confunda fuera de casa con el blanco. Con la anestesia de los títulos y la guardia baja, zas, otro atentado. Hay un caballo de Troya dentro de casa.

El Chelsea ha vaciado el Atlético de jugadores (y en ésas sigue) con el recuerdo de la realidad de la última temporada y la inestimable ventaja de compartir al agente de cabacera. El Madrid, en cambio, no ficha de acuerdo al último curso. Su escaparate se reduce al Mundial. Como le sobra el dinero, ni se entretiene en mirar: escucha el nombre que más suena y se lanza a por él. Uno, dos, tres, los que sean. Será por plata... Por eso lo extraño de su verano no tiene que ver con las compras, sino con las ventas. Y con la última, las cosas como son, hay que ponerse de pie y aplaudir. Otra cosa es lo de su indumentaria rosa (Adidas es quien golpea al Bernabéu), pero si las cifras que se publicitan por el traspaso de Morata son verdad, para quitarse el sombrero. 20 millones por el canterano no lo saca ni el mejor vendedor del Loewe de Serrano. Y no es que el delantero sea un paquete, todo lo contrario, sino que no ha gozado de los minutos suficientes para demostrarlo y encarecerse. Los misterios del fútbol.

Aunque el mayor de los misterios del mes de julio tiene que ver menos con los clubes que con la selección, con la anunciada continuidad de Del Bosque al frente de la Roja. No hay por donde cogerlo, la verdad. Retrata al presidente, Ángel María Villar, pero tampoco tanto: ha sido su política desde el primer día. Señala más a la prensa complaciente y aduladora. El seleccionador tiene un ejército de linchadores que le atizan por cualquier cosa, ajustes de cuentas del lado más oscuro del madridismo. Cuestiones personales. Pero en lo futbolístico, pesan más los alrededores de palmeros. A Iñaki Sáez le duró un día su arrebato de continuar tras el fracaso de Portugal. Con cualquier otro, el desastre de Brasil habría obligado a hacer las maletas a su responsable.

Así que la semana disparatada: el Atleti, de casi blanco; Morata, a precio de oro, y Del Bosque, de por vida. De cámara oculta.


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