Roger Federer ya lo tiene: 17 Grand Slams, 23 Másters 1.000, otros 42 títulos y desde hoy, por fin, también una Copa Davis. El tenista suizo le ha dado a su país el punto definitivo para que conquiste la primera ensaladera de su historia. El jugador de Basilea, de 33 años, cayó a la tierra batida del estadio Pierre Mauroy de Lille al poco de conseguir la victoria definitiva ante el francés Richard Gasquet por 6-4, 6-2, 6-2 en menos de dos horas. Era el 3-1 que valía el triunfo final y la Copa Davis.

Nada más levantarse, el número dos del mundo, llorando, se abrazó con su equipo, en especial con Stan Wawrinka, cuarto mejor del ránking, que había ganado su primer partido individual y contribuyó al segundo punto en el doble con Federer.

La alegría suiza fue la decepción de Francia, que por tercera vez consecutiva fracasó en su intento de sumar su décima Copa Davis, privado de su mejor tenista, Jo-Wilfried Tsonga, que tras perder su primer individual el viernes se borró de la final por problemas físicos. Nada pudieron hacer los galos contra dos jugadores empeñados en ganar la Davis, el número dos del mundo y el cuarto, ambos en estado de gracia.

Ambos dejaron al lado sus ambiciones individuales al servicio de la Davis, superaron rondas y se presentaron en una final en la que eran favoritos. Pero todo pareció torcerse a una semana para la final, cuando el azar quiso enfrentarles en semifinales del Másters de Londres. Fue un duelo excelso, de poder a poder entre dos jugadores en gran momento de forma.

Federer superó los problemas de espalda que padecía esta semana y no dio ni una opción a Gasquet en el partido decisivo

Wawrinka desperdició cuatro bolas de partido y Federer, sin hacer un gran juego, se clasificó para la final. Pero en ese momento aparecieron sus recurrentes problemas de espalda de Federer, los que le martirizaron en 2013, y no pudo disputarle el trofeo al serbio Novak Djokovic. La sombra de la duda se adueñó del equipo suizo, porque sin su número uno sus opciones de victoria eran inciertas.

Apenas pudo entrenarse Federer, acostumbrarse a la tierra batida bajo techo del estadio Pierre Mauroy de Lille que habían elegido los franceses y eso se notó en su primer individual, que perdió ante un encendido Gael Monfils (6-1, 6-4, 6-3). Antes, Wawrinka había adelantado a Suiza al derrotar a Tsonga (6-1, 3-6, 6-3, 6-2).

Con la eliminatoria empatada, el capitán suizo decidió apostar en el doble por sus dos mejores hombres, una pareja poco rodada, poco eficaz –encadenaba cuatro derrotas consecutivas y nunca había ganado un partido en tierra batida–, pero que constituyen una suma de talentos.

Federer dejó atrás sus problemas de espalda mientras Tsonga agudizaba los suyos y dejaba su puesto a Julien Benneteau. Los suizos se impusieron con facilidad en el doble por 6-3, 7-5, 6-4. El número uno francés tampoco compareció en el primer individual que podía ser definitivo, el duelo entre números uno, y dejó su plaza a Gasquet, que ya en el doble había demostrado estar lejos de su mejor momento.

El doble, en el que Federer y Wawrinka se impusieron a la pareja francesa en tres sets, fue clave para que Suiza ganase la Ensaladera

El 26 del mundo solo había ganado dos veces a Federer. La única opción francesa pasaba porque el suizo se resintiera de sus problemas de espalda. Pero Federer no dejó entrever ni una muestra de su lesión, entró al estadio pletórico y con ganas de acabar por la vía rápida, sin tentar a la suerte ni al desgaste físico.

La diferencia en el campo fue abismal. Gasquet, que no dispuso ni de una bola de rotura, apenas tuvo tiempo de darse cuenta de que tenía sobre sus hombros todo el anhelo de un país que aguarda desde 2001 para levantar una nueva Ensaladera.

Francia perdió en 2002 en su casa frente a la Rusia de Marat Safin, Eugeni Kafelnikov y un incipiente Mijail Youzny (también allí, como ahora, eligieron la tierra batida bajo techo de Bercy) y en 2010 ante la Serbia de Novak Djokovic y Viktor Troicki.

Todo el peso de la historia maniató a Gasquet, mientras la ambición liberó a Federer ante los más de 27.000 espectadores que abarrotaban el estadio, un récord para un partido de tenis. Pocas fronteras faltan por explorar al suizo, de 33 años, que ha ganado los cuatro grandes y casi todos los Masters 1.000 y es quien más semanas ha estado en el número uno del mundo. Lo único que le queda es la medalla de oro olímpica individual que Andy Murray le arrebató en los pasados Juegos de Londres, pero ya nadie le podrá reprochar que no ha ganado la Davis.


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