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Dublín acude expectante al duelo entre los velociraptores irlandeses y los diplodocus franceses

La Francia menos exuberante y glamourosa de los últimos años comprobará su calado ante una Irlanda vertiginosa e incontenible que viene de doblegar a Sudáfrica y Sudáfrica. 

O'Connel se lanza a coger la almendra en una touch.
O'Connel se lanza a coger la almendra en una touch.

Jornada reveladora para Irlanda, que libra en Dublín el partido más destacado de la jornada ante Francia. Además, Gales visita a los valientes escoceses e Inglaterra recibe a una Italia muy tocada por la mala imagen mostrada en el partido inaugural.

En Dublin se miden dos conceptos diferentes de rugby. Contradictoriamente a lo que se pudiera pensar, el rugby audaz corre a cargo de los irlandeses, mientras Francia apuesta por un juego diesel, ensuciando los rucks y ralentizando las salidas. Los de la isla esmeralda han implementado el dinamismo y la continuidad que impone su seleccionador, el kiwi Joe Schmidt. Balones rápidos que corran de un lado al otro del campo con unidades de ataque de dos o tres jugadores en la que se asocian delanteros y tres cuartos. Salida de touch rápida, pocos jugadores en el ruck y kicking game para comprometer al zaguero rival. Francia es más peligrosa cuando juega con pelotas contrarias y compone sus contragolpes con Fofana frotando la lámpara y Teddy Thomas afilando sus carreras. Bastareaud sigue dando cabezazos a cuanto encuentra en el camino y el set piece francés deja mucho que desear, sobre todo su primera en melé y arriba en la touch. Pero como dijo Kirwan, son previsblemente imprevisibles. 

El domingo Gales tratará de enmendar en Edimburgo el traspiés de Cardiff ante los ingleses. Lancaster enseñó el camino para blindarse ante las estampidas de los tres cuartos galeses: no darle pelotas claras. Patadas fuera, profundas y muy lejos del zaguero, para subir rápido la presión y no permitir contras. En delantera Inglaterra también pasó por encima a la melé galesa, que demostró no estar a la altura. Escocia demostró ser un equipo divertido, orgullloso y muy temerario. Jugaron cada pelota que llegó a sus manos, acatando la orden de trabajar la continuidad hasta límites poco recomendables y regalando una infinidad de pelotas en pases innecesarios. Escocia demostró que tiene rugby atrás, con un Hogg vertiginoso, pero está verde, tierna. Necesita hornearse más. 

Del último partido, el primero por orden de la jornada, no hay mucho que decir. Inglaterra llega reforzadísima tras su victoria en el infierno de Cardiff, con numerosas bajas y un ejército de meritorios que ganaron muchos puntos. La apisonadora inglesa tendrá enfrente a una delantera con ganas de mambo, la italiana, que cada vez que ve pasar la almendra más atrás del 9, recibe malas noticias. Ni los medios, ni los tres cuartos, de los que se esperaba más, están a la altura. Su seleccionador, el francés Bruynel, se marcha al final del año y no quiere irse con una segunda cuchara de madera consecutiva. El partido tiene pinta de ser cerrado hasta que los ingleses decidan trabajar atrás los espacios para que aparezca Jony May y Mike Brown. 


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