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Neymar volverá a ser príncipe en el Bernabéu ante la vuelta del rey Messi

Neymar y Messi celebran un tanto.
Neymar y Messi celebran un tanto. EFE

Por una vez, el Camp Nou no ha sufrido de la temida 'Messidependencia', parca del barcelonismo, en ausencia del rosarino. El cuadro culé llega al Clásico como líder liguero con tres puntos de ventaja sobre el Real Madrid y la sensación de que ya no es un equipo huérfano cuando no juega el diez.

Sin Messi, Neymar tomó el mando del juego barcelonista. El brasileño ha marcado diez goles y dado seis pases decisivos en nueve partidos oficiales disputados desde la lesión del argentino en la rodilla, a finales de septiembre. Hasta tal punto ha dado que hablar el de Mogi das Cruzes que muchos le colocan ya en el segundo puesto del podium del próximo Balón de Oro.

"Está a un nivel espectacular y puede ser perfectamente ahora mismo el segundo mejor jugador del mundo", dijo el miércoles, sin ir más lejos, la tercera pata del tridente, el charrúa Luis Suárez.

A la vista de su trayectoria, Neymar, de 23 años, parece haber emprendido ya el camino para ser el sucesor de Messi (28 años) y de Cristiano Ronaldo (30 años) en el trono del fútbol mundial. "Lo va a conseguir, por la calidad y por las condiciones que tiene, no tengo dudas", profetizó el argentino hace un año.

Desde hace varias semanas, 'Ney' está jugando al más alto nivel que ha mostrado desde que aterrizó en la Liga: es, por ejemplo, el actual Pichichi (11 goles) por delante de Suárez (9) y Cristiano (8). En once jornadas ya ha marcado más goles ligueros que en toda su primera temporada en la Ciudad Condal (9 tantos) y parece haber tomado vuelo para superar las 22 dianas de la 2014-15.

"Es un fenómeno, el mejor jugador brasileño en la actualidad", dijo de él la pasada semana su compatriota Ronaldinho, antiguo ídolo del Camp Nou. No es difícil serlo, quizá, ante un claro valle de rendimiento de un vivero 'verdeamarelho' que parece seco de talento estos últimos años. Con todo, el 'once' blaugrana abandera a todo un país.

No es eso aún suficiente, claro, para recoger el bastón de mando de un Messi que vuelve y ante el que todos se postran. El príncipe paulista llegó a Barcelona en 2013 para "aprender", dijo, y no dudará en dar un paso atrás para volver a ser escolta del argentino. Su momento llegará, y él lo sabe. Su hombrada, aguantando al equipo sobre sus hombros en ausencia del mascarón de proa del equipo, ha quedado a la vista de todos.


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