Ahí está, sentado en una butaca demasiado violeta de un hotel de madrid,  con su aspecto de Cristo del Gran Poder y su barba exagerada y nazarena. Se trata de Antonio Luque, el músico sevillano líder de la banda Sr. Chinarro, quien ahora presenta Exitus (El aleph, 2012), su primera novela, un libro que recupera las ganas –parece que olvidadas- de contar una historia.

Como él mismo afirma, el manuscrito de su primer volumen de relatos, Socorrismo(Alpha Decay, 2010), lo envió “rápido, corriendo y sin apenas releerlo”. Le atemorizaba tanto su incursión en asuntos  literarios como salir mal librado de ellos. Pero las cosas fueron bien. Y Exitus es la prueba de ello.

Escrita en algo más de 500 páginas, la primera novela de Antonio Luque hace lo que desde  La Odisea, contar una historia. Porque todo hombre es un Ulises. Y toda vida es  una guerra en el camino de vuelta a casa. Exitus, en ese caso, es una épica a la inversa.

Pepe Gámez es un héroe adolescente de la clase media obrera andaluza, un chico  de 19 años, muy preocupado por una posible eyaculación precoz  y sus juegos de ordenador, quien un buen día tiene que enfrentarse  con una explosión de butano que le arrebata todo (lo poco) que tenía.

Le toca  enfrentarse al tamaño de sus propias cicatrices: sobrevivir a la muerte de su padre, el operario de una fábrica de cerveza cuyas cenizas lleva guardadas en una mochila de Star Wars; a la adultez de verse en la calle; al amor no correspondido de su vecina Margarita y a la idea alucinada de que puede ser alguien en la vida a través de la música.

Pepe tendrá que sobrevivir también a  sus  vecinos; a sus familiares, a su ciudad, a las fuerzas policiales que, se supone, velan por su seguridad; a las autoridades que gobiernan por un bien común que a nadie importa.

Exitus o El héroe de barrio

“Yo trato de protestar. Este es un libro protesta”, cuenta Luque refiriéndose a una historia que a pesar de todo, no se permite el optimismo pero tampoco el cinismo. “Lo que hago es contar la historia de un chaval que no encuentra su lugar en el mundo y que con un golpe de suerte, de un vecino que tiene un piano, intenta hacer música. También hay muchas historias de gente sola, que vive aislada, navegando en Internet, que son héroes solos a su manera. El mío sería, en ese caso, un héroe de barrio

A lo largo de la trama, Exitus se revela como una novela total, a veces rocambolesca y en otras casi realista, algo que, según explica el propio Antonio Luque tiene que ver con los ecos de sus lecturas. “En la literatura siempre hubo y habrá diferentes manera de abordar lo mismo. Por  mi manera de ser y de pensar la realidad, utilicé, si se me permite, una forma a lo Honoré de Balzac, con un punto raro de Kafka, los autores que leí de joven y dejaron más huella”, dice lejos del sillón demasiado morado del que se ha levantado hace un rato.

Una lectura precipitada de Exitus  haría pensar en Pepe Gámez como un Ignatius Reilly. Pero a diferencia del adiposo tirano treinteañero de John Kennedy Toole, que apenas y sale de su habitación, Pepe sale al encuentro de su minúsculo  mundo fabril y obrero; vive en una sociedad embrutecida, supersticiosa, moldeada por la omnipresencia de los medios y  las formas atrofiadas de ascenso en Revilla, una ciudad donde la mayor aspiración de empleo es tener un local de compra-venta de objetos usados, una oposición a funcionario o una plaza libre en la única fábrica de cerveza.

“Yo no descarto escribir un día sobre un personaje que no hace absolutamente nada. Una de las conclusiones que quiero que se saque de la lectura de la novela es que no pasa nada. Esto es una afición, por eso escribimos novelas, para que parezca que pasa algo en verdad. Esa manía turística de hacer cosas muy raras en vacaciones, como reprochando a la vida cotidiana su vacuidad, supongo que es porque desprecian este tipo de vida de barrio”.

Convertido en un narrador de lo mínimo, de la  situación cotidiana de estar vivo, Antonio Luque prepara una próxima novela sobre la vida que comparten, a trozos, un padre divorciado y su hijo. Quedan para hacer excursiones. Ir a comer. Verse los fines de semana. “Es la vida de los padres que ves en el Burger King con cara de qué hago…”. Las suyas, parece, son las historias cercanas. Cuanto más, mejor.

Con permiso, alter ego Chinarro  

En menos de un año, Antonio Luque ha publicado dos discos, Presidente (2011), Menos Samba (2012) y una novela, Éxitus. Le sobran las ideas, al músico y al escritor, si es que existe tal distinción. Quienes ya le seguían como músico –alter ego Chinarro- conocen de él sus letras. De ellas se ha dicho de todo: su picaresca, la mirada costumbrista, su finísima ironía y poético surrealismo. Hay quienes le comparan con Quevedo. Es inevitable, con Antonio Luque, el Sr. Chinarro, nadie escatima los adjetivos.

Sus incursiones literarias comenzaron tan casual como premeditadamente –alguien que escribía aquellas letras no podía limitarse a cantarlas-. Comenzó publicando algunos textos suyos en fotologs. Luego, algunas colaboraciones en un número de la Revista Eñe acerca de músicos que escribían. Recibió una oferta de Alpha Decay para participar en una mini colección de relatos. Y entonces llegó Socorrismo. Poco después, la inclusión de un relato suyo en la compilaciónMatar en Barcelona, también de Alpha Decay.

Ahora, una vez terminada Exitus, que le llevó tiempo de escritura pero mucho más de edición y corrección, resulta inevitable preguntar, acaso, ¿cómo se gusta más a sí mismo: como músico o como escritor? “En verdad los artistas no nos gustamos nada, somos los más críticos con nosotros mismos. Normalmente somos gente insegura, con una vanidad grande pero frágil. Nos gusta publicar los libros o los discos, para no tener que volver a tener que ver con eso. Francamente preferiríamos no pensar en lo que hemos hecho sino en lo que vamos a hacer”.


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