Cultura

Rosa Montero: "Este libro trata de esa añoranza actual por el autoritarismo y las tiranías"

La escritora y periodista recupera a la detective Bruna Husky, una replicante que apareció por primera vez en 'Lágrimas en la lluvia' (Seix Barral, 2011), y la convierte en protagonista de un mundo que, en el 2109, está amenazado por los fanatismos. Ese es el trasfondo de 'El peso del corazón', una novela de ciencia ficción.

La escritora Rosa Montero.
La escritora Rosa Montero. EFE.

Así como en Blade Runner siempre llueve, en los Estados Unidos de la Tierra del siglo XXII de El peso del corazón (Seix Barral), la nueva novela de Rosa Montero, todo transcurre bajo el ojo poderoso de un orden tóxico, tenso, represivo… Un desasosiego que está ahí, todo el tiempo, cual sombría y persistente llovizna que empapa y reblandece.

Año 2109: el parque del Retiro es una reserva ecológica patrocinada por la Repsol-Texaco; las leyes prohíben la comercialización del aire puro y humanos y androides comparten un pacto de convivencia en el que la guerra ha sido erradicada del futuro. Ese es el punto de partida con el que Rosa Montero rubrica el regreso de la detective Bruna Husky, una replicante que apareció por primera vez en Lágrimas en la lluvia (Seix Barral, 2011).

Todo ocurre en el año 2109: el parque del Retiro es una reserva ecológica; las leyes prohíben la comercialización del aire puro...

La ciencia ficción es un género que gusta a Rosa Montero. Se lo concede como un regalo, porque le permite iluminar el aquí y el ahora, también hablar sobre la condición humana y sus tragedias esenciales: la memoria, la identidad o la muerte. No es una metáfora, es literal: a Bruna Husky, la protagonista, le quedan tres años de los diez que dura su vida entera.

Mientras los días transcurren, Bruna repite una frase de Elías Canetti: "El ininterrumpido ir y venir del tigre ante los barrotes de su jaula para que no se le escape el único y brevísimo instante de salvación". Ella también es ese tigre "atrapado en la diminuta jaula de su vida". Y lo sabe.

En el tiempo en que su organismo se consume, la detective debe resolver un caso en apariencia sencillo pero del que depende el futuro de la civilización, amenazada por un gobierno fanático de las Tierras Flotantes –un satélite de la tierra-, que conspira en un tórrido negocio que podría acabar con el planeta.

Convencida de que en España la ciencia ficción no ha tenido el arraigo ni ha contado con los favores de los lectores justamente porque la literatura española está entroncada en exceso con el realismo, en El peso del corazón Rosa Montero pone en marcha la vida de un robot lo suficientemente complejo como para sentir y cuestionarse de la misma forma en que lo haría un humano. A diferencia del resto de tecnohumanos, raza a la que pertenece, Bruna sí tiene recuerdos diferentes de los que le han sido asignados a todos los androides. Los ha depositado ahí su memorista, que hace las veces de gran guionista, el relator de la ficción principal: la memoria de esta mujer.

Bruna Husky apareció por primera vez en 'Lágrimas en la lluvia' en 2011. Ahora vuelve en esta novela.

Una serie de personajes le sirven a Rosa Montero como larga galería de espejos dónde reflejar a Bruna Husky –Gabi, la niña huérfana que ella acoge; Daniel, el humano del que habrá de enamorarse-, y que la construyen como un ser tan agresivo como melancólico, tan amenazante como vulnerable. De estas cosas habla Rosa Montero, sentada, como una señora con botas, mascarilla azul en las pestaña y tatuajes, ante una humeante infusión en una tetería del distrito Retiro, en Madrid.

Contradictoria - activista y revoltosa a la vez que sentimental-, hay trazas de Bruna Husky en Rosa Montero, quien deja ver en su brazo una delgada línea de pájaros impresos que vuelan en línea ondulada desde la muñeca hacia su cuello. Así como su replicante tiene un tatuaje que le cruza el cuerpo entero, la novelista también. Ambas desprenden una belleza propia, inusual; la de quienes, a pesar de habitar la diminuta jaula de la vida, brillan magnéticas, iracundas, ante una taza humeante de té.

-Siendo ciencia ficción, esta es una novela realista.

 -Creo que Lágrimas en la lluvia y ésta, El peso del corazón, son las novelas más realistas que he escrito. Pero además, es muy íntima, muy personal. Es un libro de los míos que me gustan.

-Siendo una replicante, los conflictos de Bruna Husky son los de cualquier humano, ya sea ahora o dentro de dos mil años: la identidad, la pertenencia, la memoria.

-Bruna es un clon, es un androide orgánico y una replicante especial porque su memoria, a diferencia de la de los demás androides, es más compleja. Sus recuerdos pertenecen al memorista que la ha programado. Eso hace que ella se sienta más monstruo, porque a los replicantes se les ve como menos que los humanos.

-Bruna Husky es…

-La representación de la gran tragedia de los seres humanos.

"Bruna tiene la complejidad del rechazado, una persona que pertenece a un grupo marginado"

-¿Cuál de todas?

-La de venir a este mundo con tantos deseos de vivir, con un yo inmenso que nos ocupa todo, y que sin embargo es finito…

-Insisto: su naturaleza es desbordada, como la de un humano.

-¿Era humano Pinocho? Sí, pero estaba hecho de madera, ¿cierto? Eso depende de lo que hagas en una narración y qué elección hagas como determinado símbolo. Bruna tiene la complejidad del rechazado, una persona que pertenece a un grupo marginado. Y tiene esta memoria dada por alguien más. Algo que la hace sentirse única y distinta.

-Ya, pero… es una replicante creada para combatir, no para pensar ni sentir.

-Bruna está todo el día rumiando su ira. No se acepta. Ella no es una intelectual, ni mucho menos, pero hace sus emociones son complejas, violentas: porque no se gusta a sí misma.

-La construcción, la invención, está presente en todo el libro: todo ocurre mientras Bruna narra una historia a Gabi, la adolescente a la que acoge; Pablo Nopal, el memorista de Bruna, es una especie de escritor en la sombra; incluso los fanatismos que empujan a los hombres en el siglo XXII son a su manera una invención. ¿Cuál es el peso del relato como artefacto?

-Esa es otra de las cosas que tiene este libro: es una novela de ciencia ficción, pero también una novela negra, un thriller existencial, una novela de fantasía, una novela de amor, una novela política y, claro, una novela metaliteraria: el relato dentro de otro relato. Todo eso plantea una idea: el arte nos salva. Y eso queda muy claro en la novela, de qué forma cualquier creación te salva de la muerte. A la niña le salva que Bruna le cuente un relato, al enano pintar… Lo que hacemos los humanos para sobrevivir es convertir el mal y el dolor en belleza, darle un sentido.

"Es una novela de ciencia ficción, pero también una novela negra, un thriller existencial, una novela de fantasía, una novela de amor..."

-Memoria e identidad vertebran todo el libro…

-Porque en el fondo la memoria también es un relato, una invención. Esos son los temas más importantes de mi obra: la memoria como construcción imaginaria, como un relato que nos contamos a nosotros mismos; luego está el tema de la identidad, que es también una construcción, porque está basada en la memoria y la completamos con la imaginación.

-¿Labari -y el sistema autoritario de las tierras flotantes- es una metáfora del mundo musulmán?

-Es una metáfora en general del fanatismo humano, del ser humano cuando se pone fanático y terrible: desde la inquisición hasta los musulmanes.

-Damos por hecho que será una trilogía.

-No sé si una trilogía pero, si no me muero, seguro que escribo otra, porque ya tengo la idea. A lo mejor escribo otra más. Para mí no es una trilogía o tetralogía, incluso puedes leer una novela de manera independiente de la otra. Es un mundo que yo quiero tener la posibilidad de visitarlo cuando deseo. Mi Bruno Hunsky es eso: la posibilidad de contar otra historia cuando me dé la gana.

"Si a un europeo le dicen, en 1900, cómo iba a ser el siglo XX, de seguro se habría suicidado"

-La idea de ‘mundo’ que dibuja El peso del corazón se parece a la idea remota de final que tenemos en nuestra cabeza , ¿una visión acaso apocalíptica …?

-No, para mí no es apocalíptica. No es ni distópica, ni utópica, ni apocalíptica. El mundo de la novela es equiparable al que vivimos, que tiene cosas espantosas y cosas magníficas. Si a un europeo le dicen, en 1900, cómo iba a ser el siglo XX, de seguro se habría suicidado. Dos guerras mundiales, dos bombas atómicas, el exterminio nazi, el exterminio estalinista… Y sin embargo, también en ese siglo veinte los países han entrado en democracia, ha habido un impulso hacia el laicismo dentro del Estado, se han construido las bases de las supranacionalidades…

-Todo lo que menciona supone progresos, sin embargo, ¿no percibe una cierta fascinación en la actualidad por los discursos autoritarios?

-Este libro trata de eso: ahora mismo en el mundo hay un deterioro de la credibilidad democrática. La transparencia de la democracia o del sistema democrático hace que se vean todas las lacras, que son muchas: la hipocresía, la corrupción, la falta de equidad… Esto ocurre en todo el mundo, lo que ha generado también en todo el mundo, una añoranza de las tiranías en todos los sentidos: desde las ultrafanáticas religiosas hasta las ultra fanáticas sociales, vamos, entre ISIS y los neonazis. Y de eso justamente trata mi libro, de esa tensión entre la democracia imperfecta corrupta de la tierra y el autoritarismo de las tierras flotantes.


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