Cultura

Ángela Vallvey y la autoayuda literaria: "Mi única riqueza es el lenguaje"

La ganadora del premio Nadal aparca la ficción para presentarse ante los lectores con El arte de amar la vida, un ensayo editado por Kailas en el que Vallvey utiliza la literatura como motor para reflexionar sobre la felicidad.

Angela Vallvey.
Angela Vallvey. EFE.

“Mi única riqueza es el lenguaje” asegura Ángela Vallvey. Ganadora del premio Nadal en 2002 por Los estados carencialesy finalista del Premio Planeta en 2008 por Muerte entre poetas, aparca la ficción para presentarse ante los lectores con El arte de amar la vida, un ensayo editado por Kailas en el que Vallvey utiliza la literatura como motor para reflexionar sobre la felicidad.

Desde Chatterton hasta Cervantes, Vallvey ejecuta una reflexión que solapa vida y literatura, pensamiento y elección. No es un libro empalagoso, en absoluto, sin embargo Vallvey insiste en explicarlo como una especie de libro de autoayuda. Prejuicios a un lado, resulta curioso que la propia autora plantee El arte de amar la vida en en esos términos, ya que está muy lejos de ser un recetario anímico o un catecismo del optimismo.

En España no se enseña a hablar y hay que conseguir esa vocación por comunicar”

“El hecho de explorar el lenguaje, de saber que es un arma fundamental para la existencia es algo que hay que contar”, asegura Ángela Vallvey, quien en las páginas de El arte de amar la vida, rescata aquellos aspectos que sujetan y dan sentido a la vida: la importancia de aprender a leer y hablar, recuperar el lenguaje en todas sus formas. La vida como una vocación de ir al encuentro de los otros a través de la palabra.

Justamente por eso, por lo poco y lo mal que hablamos, Ángela Vallvey considera una asignatura pendiente en el sistema educativo español la enseñanza de cómo se debe hablar, la forma de relacionarse a través del lenguaje. “En España no se enseña a hablar y hay que conseguir esa vocación por comunicar”, destaca.

No en vano ella se vale en el libro de episodios y personajes que parten del lenguaje. Así, Ángela Vallvey instruye sobre cómo forjar una conciencia y una sensibilidad y presta al lector todo cuanto la ha acompañado a lo largo de su vida. Incluso, su reflexión plantea la propia vida como una obra. Y aunque no todos son artistas, sí pueden, asegura ella, entender el quehacer vital como una experiencia autoral.

“Nuestra vida es una obra en marcha, algo perceptible, algo mejorable... Es un trabajo que no tiene fin y un trabajo del que se puede disfrutar. No todos somos artistas porque no todos creamos arte pero sí podemos hacer de nuestra vida algo mucho mejor de lo que las circunstancias propician”, asegura la ganadora del Premio Nadal, quien deja muy clara una cosa: este no es un libro que imparta una idea única de lo que bienestar significa o que imponga la “obligación de ser feliz”. La felicidad, asegura Vallvey, se ha convertido en un “producto de consumo más”.


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