El Buscón

Interior oculta a los inmigrantes de un CIE para que el ministro no se tope con ninguno

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El ministro del Interior y algunos de los diputados en la visita al centro de extranjeros... sin extranjeros.
El ministro del Interior y algunos de los diputados en la visita al centro de extranjeros... sin extranjeros. EFE

Un centro de inmigrantes ¿sin inmigrantes? La visita que ayer hizo el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, al Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) del madrileño barrio de Aluche tuvo una peculiaridad muy llamativa. Ni el miembro del gobierno ni los diputados de la Comisión parlamentaria que le acompañaban tuvieron que pasar el trago de cruzarse con ninguno de los 156 ciudadanos foráneos que ayer se encontraban formalmente ingresados en centro. ¿Casualidad? No. Según le cuentan a este Buscón algunos de los visitantes, los responsables del centro tuvieron la precaución de quitar de enmedio a todos los inmigrantes recluidos en el mismo para evitar que a alguno se le ocurriera abordar a sus señorías para molestarles con sus quejas. "Por seguridad", dicen fuentes policiales del interior del CIE. "Por verguenza", comentaba sin embargo alguno de los periodistas que también hizo la peculiar visita.

Lo cierto es que Interior consiguió su objetivo de una manera muy sencilla: mando a todos los varones, unos 125, al patio para que se entretuvieran durante unas cuantas horas. A la treintena de mujeres que también están recluidas a la espera de expulsión las dejó en la zona de ocio comunes. Luego sólo quedó enseñar a los diputados, al ministro y a los periodistas todos los lugares del centro... menos, lógicamente, donde estaban los inmigrantes. Eso obligó, por ejemplo, a que ayer los pendientes de expulsión tuvieran que esperar más de la cuenta para comer. Cosas de que la sala donde se realiza el almuerzo estuviera dentro del recorrido y a los representantes de la canallesca, que fueron los últimos en hacer la visita, se les hiciera tarde con esa manía que tienen de curiosear allí donde van.

Lo cierto es que no es la primera vez que ocurre algo similar. Hace unos meses, la hiperactiva delegada del Gobierno en Madrid, que igual tuitea todo lo que se le pone por delante que asiste de incógnito a una reunión del 15-M, decidió visitar el mismo centro ante las numerosas críticas que habían comenzado a recibir el estado de sus instalaciones. Los responsables del mismo realizaron con ella la misma táctica: allí por donde pasaba no había ni un inmigrantes que pudiera poner en duda lo que veían sus ojos. Todos estaban en el patio. Ya se sabe que estas visitas las carga el diablo...   


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