Cultura

Ildefonso Falcones: "El independentismo y el provincianismo nos tiene despistados en Barcelona"

El autor vuelve a la Barcelona medieval Los herederos de la tierra, una novela que sirve de continuación de La catedral del mar, debut superventas publicado hace ya diez años. En ocasión de esta entrevista, hemos preguntado a Falcones: ¿qué tan medieval es la Barcelona de hoy?

El escritor barcelonés Ildefonso Falcones posa en las reales atarazanas de Barcelona, uno de los escenarios naturales su nueva novela histórica, Los herederos de la tierra (Grijalbo)
El escritor barcelonés Ildefonso Falcones posa en las reales atarazanas de Barcelona, uno de los escenarios naturales su nueva novela histórica, Los herederos de la tierra (Grijalbo) EFE

Barcelona, 1397. Las campanas de la basílica de Santa María del Mar resuenan en el barrio de pescadores de la Ribera, aquel lugar donde el pequeño Arnau Estanyol se hizo hombre mientras cargaba sobre sus hombros los trozos de mármol y piedra con las que se construyó el templo que todavía hoy permanece firme en la ciudad. Ese es el escenario donde el escritor barcelonés Ildefonso Falcones comienza Los herederos de la tierra (Grijalbo), una novela que sirve de continuación de La catedral del mar, debut superventas publicado hace ya diez años. En esta entrega, Falcones retoma la Barcelona medieval con la que amasó un buen número de adeptos y que sirvió de eje para levantar una historia sonbre el nacimiento y crecimiento de la capital catalana.

Vuelve a toparse el lector con Arnau Estanyol, prohombre local que creció entre privaciones y sufrimiento durante páginas de la primera entrega. Ahora, convertido en un comerciante de provecho, cobija y presta protección a Hugo Llor, hijo de un marinero fallecido que a sus 12 años trabaja con él en las atarazanas. El joven Llor sueña con convertirse en constructor de barcos. Sin embargo, tendrá que sobreponerse a la familia Puig, enemiga acérrima de su mentor, que aprovecha su posición ante el nuevo rey para ejecutar una venganza. Obligado a abandonar el barrio de la Ribera, Hugo busca trabajo junto al judío Mahir, que le enseña los secretos de la elaboración del vino.

Retrata Ildefonso Falcones una ciudad en la que resuenan los cambios políticos: el cisma de la Iglesia y el Compromiso de Caspe, que supuso la llegada del primer rey castellano

Los herederos de la tierra, dice su autor, es una historia de “lucha, de supervivencia, con un protagonista que pasa por aventuras y se ve envuelto en una venganza”. En otras palabras, ingredientes no muy distintos de la primera entrega, por aquello de no sorprender mucho a los lectores … para no espantarlos. Lo cierto, asegura Falcones, es que después de pasar por Granada, Córdoba, Sevilla y Madrid con La mano de Fátima y La reina descalza, volver a Barcelona era una obligación y una necesidad a partes iguales.

Retrata Ildefonso Falcones una ciudad en la que resuenan los cambios políticos: el cisma de la Iglesia y, todavía mucho más, el Compromiso de Caspe que supuso la llegada del primer rey castellano tras la larga dinastía de reyes catalanes y aragoneses. Resulta inevitable buscar ecos de aquella ciudad en la Barcelona actual. Ante la pregunta, asegura Falcones, que en otros tiempos –no muy lejanos- los comerciantes, la burguesía en general, tenía mayor peso. En la actualidad eso ya no es así: “el independentismo y el provincianismo nos tiene a todos despistados en Barcelona”, dice.

-Más allá de la necesidad personal. ¿Literariamente: por qué volver a Barcelona y por qué localizar la historia en el Raval?

-Regresé a Barcelona, porque es una ciudad que sigue ofreciendo grandes posibilidades no para una segunda novela, sino quince más. Elijo el Raval porque cronológicamente es así. La historia de Barcelona avanza tras la construcción de Santa María del Mar. Es el momento en el que se están construyendo las terceras murallas. En El Raval están en las atarazanas, es la continuación lógica de la vida en Barcelona.

-¿Qué conserva la Barcelona actual de aquella Barcelona medieval?

-Desgraciadamente eso se está perdiendo, pero hasta hace poco Barcelona conservaba un espíritu comercial muy determinado. Tenía una potente burguesíaque reivindicaba el esfuerzo por el trabajo. Históricamente, y sobre todo en la época medieval, Barcelona fue de las pocas ciudades que primaba a los a los comerciantes. Estos podían ocupar cargos en el gobierno. Hasta hace unos años los comerciantes y la burguesía, el valor del trabajo, primaba, hoy día el independentismo y el provincianismo nos tiene a todos despistados en Barcelona.

En esta oportunidad, Falcones se adentra en una parte diferente de la ciudad, el barrio del Raval, donde en esos años se construye el Hospital de la Santa Cruz. Asegura Ildefonso Falcones que convertir a su personaje en un mercader de vinos era una forma de trasladar al lector a otras geografías, a Valencia, a Zaragoza, pues "los comerciantes eran los únicos que viajaban".

Sirve también ese ambiente a Falcones para contar lo que supuso para la Barcelona judía –y para Cataluña en general- el Compromiso de Caspe, un pacto establecido en 1412 por representantes de los reinos de Aragón , Valencia y del principado de Cataluña para elegir un nuevo rey ante la muerte en 1410 de Martín I de Aragón. Ese hecho marcó la llegada de Fernando de Antequera, un miembro perteneciente a la dinastía Trastámara.

"Antes primaba el valor del trabajo,  hoy día el independentismo y el provincianismo nos tiene a todos despistados en Barcelona"

Esos elementos históricos, asegura Ildefonso Falcones, ilustran no sólo la incidencia del cambio de dinastía en la corona aragonesa, sino también el reflejo directo que esto tuvo sobre los judíos en esos años. Hugo Llor vivirá en primera persona muchos de los episodios históricos que afectaron a miles de personas, como fue el asalto a la judería de Barcelona, donde vivía el diez por ciento de la población de la ciudad.

-¿Qué mirada arroja, desde la ficción, Los hijos de la tierra sobre la situación histórica de los judíos ante el cambio de dinastía?

-El tema de los judíos siempre me ha parecido atractivo, personal y literariamente. Es una comunidad injustamente tratada desde el punto de vista literario y personal. Así como El Raval es lo que sucede cronológicamente en la configuración de Barcelona, también se da esta situación. Cuando en 1391 se atacan las juderías, de la manera más cruel, nos plantamos ante un hecho. Siempre se habla de la expulsión de los judíos de 1492, que en efecto fue un proceso cruel. Pero lo realmente duro fueron los 200 años que pasaron desde los asaltos de 1391, en los que Barcelona se anticipó bastante a esa expulsión..

-¿Cuáles son los hitos históricos y políticos que vertebran esta novela?

-Es importante en esta novela el cisma de la Iglesia, que incluso a lo largo de la novela avanza con el Concilio de Constanza, algo que tiene un efecto sobre los personajes. Del otro lado, está el compromiso de Caspe. Para Barcelona suponía la llegada de un castellano. La estirpe de todos los reyes, desde que comienza la corona catalana unida luego a Aragón, se interrumpe con la muerte del rey Martín, que fallece sin descendencia. Eso hace que llegue al trono Fernando Antequera, el inicio de la castellanización de Cataluña.

-¿Qué diferencia al protagonista de la primera entrega, Arnau Estanyol, frente a Hugo Llor?

-Arnau pasa por todos los estratos sociales de la época, desde ser un chico humilde hasta convertirse en un comerciante acaudalado. Este chico no. Él termina haciendo lo que le gusta, ser agricultor y vinatero. Y aunque en este libro el mar sigue siendo protagonista, saltamos a la viña, al cultivo, a la elaboración del vino. En aquella época se bebía mucho vino, porque el agua podía estar infectada, era un artículo de primera necesidad. También es cierto que era un mundo cerrado, distinto del que conocemos hoy. Los musulmanes producían uvas pero no alcohol, y eso afectó mucho. Se bebía vino local.

Adicional al lanzamiento de Los herederos de la tierra, Ildefonso Falcones tiene algunos temas pendientes. Unos buenos, otros algo más ásperos. Entre las buenas nuevas, está prevista la adaptación televisiva de La catedral del mar (participan Atresmedia, TV3 y Netflix) pero también la acusación –comenzó hace ya un año- de defraudar 1,4 millones de euros a Hacienda entre 2009 y 2011 al transmitir a sociedades radicadas fuera de España los derechos de autor de algunas de sus obras, incluyendo La Catedral del Mar. Hace ya un año que el juzgado de instrucción número 25 de Barcelona admitió a trámite la querella de la Fiscalía contra Falcones, su esposa y su hermano, y les ha citado a los tres como imputados. Al ser consultado sobre el tema, Falcones responde parcamente: “Seguimos confrontando ideas e intereses, son temas muy largos y se solventará más pronto que tarde”, dijo


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