Sociedad

La quiebra de Fagor o el drama de una gente que creía vivir en un mundo seguro

"En Fagor ahora hay familias completamente rotas, no sólo a nivel económico sino también en el plano psicológico. Hay situaciones de completa desesperación", dice Goyo Hernando, cooperativista jubilado y padre de tres hijos que "salvo milagro" pasarán a engrosar las listas del paro.

Los trabajadores de Edesa en Basauri durante la manifestación en protesta por la entrada de la empresa en concurso de acreedores junto con el resto de Fagor Electrodomésticos
Los trabajadores de Edesa en Basauri durante la manifestación en protesta por la entrada de la empresa en concurso de acreedores junto con el resto de Fagor Electrodomésticos EFE

Desde que el pasado 13 de noviembre la Cooperativa Fagor-Electrodo­més­ticos, embrión y buque insignia de la Corporación Mondragón, anunciara su entrada en concurso voluntario de acreedores, el futuro de Jose, Iosu e Igor, de 43, 41 y 40 años respectivamente, es más adverso que nunca. 

La de estos tres hermanos, hijos del exsocio cooperativista Goyo Hernando y condenados al paro "salvo milagro", es sólo una de las múltiples historias que se esconden detrás del germen del mayor grupo cooperativo del mundo y estandarte de la economía social.  

Han pasado más de diez años desde que su padre aceptara una "jubilación de relevo" por la que se retiró con el 60 por ciento de su salario a cambio de que en su puesto de trabajo entrara su hijo menor, Igor, y el panorama no podría ser más desolador.  "Esto te afecta de muy mala manera porque de repente pasas a tener tres hijos de 40 años en el paro, que están pagando una hipoteca y que tienen muy pocas posibilidades de recolocación", expresa Hernando, añadiendo que "ahora estamos haciendo cálculos para ver lo que les va a quedar como parados, lo que necesitan cada uno para comer y afrontar el pago de las hipotecas".

Sin embargo, lejos de añadir dramatismo a la situación familiar, Goyo Hernando, quien trabajó 37 años en Fagor, de los que 25 fueron como cooperativista, destaca que sus hijos "juegan con la ventaja de tenernos a nosotros, ya que tanto yo como mi mujer estamos jubilados, pero hay otra gente, parejas de recién casados o con niños, que están al límite. En Fagor ahora hay familias completamente rotas no sólo a nivel económico, también en el plano psicológico, en situaciones de completa desesperación".

"Cada vez que se planteaba algo era una batalla total. Sin ir más lejos, había asamblea y muchos cooperativistas se iban a buscar setas"

"Es tan grande el desastre que hay en toda España que de alguna forma te tiene que salpicar, son muy pocas las familias que no tienen a ninguno de sus miembros en el paro", se lamenta el que fuera cooperativista, quien afirma no arrepentirse de la rebaja salarial con la que se jubiló para que así Igor estuviera empleado en Edesa (Basauri). "No nos lamentamos de aquella decisión, era lo que teníamos que hacer en ese momento".

Precisamente, a no tomar decisiones en el momento adecuado, achaca Hernando que se haya llegado a esta situación. "Siempre lo comparo a cuando estás enfermo. Muchas veces no vas al médico pensando que el catarro se te curará sólo y al ver que no es así, cuando por fin vas, en vez de un jarabe, te tienen que recetar un antibiótico, que aparte de ser más dañino para tu organismo, te puede dejar secuelas. Las decisiones hay que tomarlas en base a lo que requiera cada momento".

"También ha influido que muchos socios cooperativistas no entendieron lo que era una cooperativa, a la gente eso le ha costado mucho, cada vez que se planteaba algo era una batalla total. Cuando había asamblea, muchos se iban a buscar setas y ahora que hay gente joven, todavía más", critica, sin olvidarse de la mala gestión y del descenso del consumo como causantes de la situación actual.

Adiós a unos valores únicos

La honda grieta abierta por Fagor en la "autoestima" del tejido empresarial vasco ha hecho además tambalear los cimientos de la solidaridad propios del cooperativismo. "Todo esto desemboca en que no sólo desaparece una empresa, también se fulmina una forma diferente de cooperación dentro de una empresa. A mí personalmente me duele la quiebra por los valores de participación y solidaridad que se pierden, no tanto por el dinero. Esos valores se van al garete y hay gente que no le da importancia", expresa atribulado.

"A mí personalmente me duele la quiebra por los valores de participación y solidaridad que se pierden, pero hay gente que a eso no le da importancia"

"No hay que olvidar que Fagor ha estado 60 años creando empleo, que ha sido una empresa que posibilitó la incorporación de la mujer al mundo laboral con las mismas condiciones que los socios, que ha sido una empresa que llegó a fundar una universidad y que a la hora de incorporar nuevos trabajadores tenía en cuenta la situación de las familias: primaban las familias numerosas, aquellas con más miembros en paro, la formación, los idiomas...", declara este socio cooperativista ya jubilado, rotundo con el actual panorama: "A un sector mayoritario lo único que les espera es el paro", alude en referencia a la dificultad de recolocar a los 1.800 trabajadores de Fagor en el País Vasco. 

Asimismo, alega que él ya se lo veía venir. "Por la obsesión de mantener el empleo, prioridad de Fagor, la empresa ha estado soportando pérdidas y eso tiene fecha de caducidad". "Fagor es un pozo sin fondo, una empresa no puede soportar pérdidas continuamente, está abocada al cierre total de todas las plantas", sentencia.

Por el momento y después de que la Corporación Mondragón decidiera no poner más dinero en una decisión unánime entre Orona, Eroski y Caja Laboral, entre otros, que ha llevado al concurso de acreedores, el patriarca de los Hernando, con tres hijos "condenados" a engrosar las listas de desempleo, lo tiene claro: "Sólo nos puede salvar un milagro y los milagros no existen".   


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