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¡Pere Navarro quiere seguir poniendo multas con el PP!

Actividad frenética la que estos días despliega Pere Navarro Olivella, aún mandamás de la Dirección General de Tráfico (DGT),  presa del ansia viva, que diría el genial José Mota. ¿Acaso prepara un nuevo carné por puntos, o quiere reducir la velocidad a 80 por hora en las autopistas, para mejorar la siniestralidad? No. A Pere no lo quedan fuerzas sino para intentar mantenerse en el machito. ¿A qué vino que Alex Grigelmo, el jefe de la Agencia Efe, preguntara a Mariano Rajoy, en la breve entrevista del martes, por la posible continuidad del catalán como director general de Tráfico? Aquello sonó como si a Obama le preguntaran su opinión sobre la trata de esclavos en la América del Siglo XVIII.

La cosa es que Pere Navarro, el director de la DGT a quien la crisis, con el acusado descenso provocado en los desplazamientos, lleva casi tres años arreglándo las cifras de siniestralidad (no está la cosa para llenar el depósito y echarse a la carretera con la familia a pasar un fin de semana), se ha quedado colgado del palo de la brocha una vez que las medidas represivas agotaron su pacato efecto. Ni con Chacón, ni con Rubalcaba, ni con su sosías en el PSC: Don Pere quiere subirse al carro ganador de Rajoy. Más sólo que la una, pero decidido a rentabilizar en primera persona los muchos euros (casi 30 millones en los dos últimos ejercicios) que ha repartido entre los medios, el aludido no concibe que España no le premie como él cree se merece: como sultán vitalicio de la cosa circulatoria.

Al margen de los intentos del aludido por seguir estando presente en nuestras vidas, lo que no cabe en cabeza alguna es que el PP no encuentre, dentro de sus filas (o de sus filias, más bien) a alguien capaz de agarrar el toro por los cuernos y acometer las reformas necesarias, de una vez por todas, en esto de la seguridad vial: formación, educación y dejar de considerar al conductor como un enemigo.

Cabe recordar que el PP se comprometió en sede parlamentaria a retirar la Reforma de la LSV promovida por Navarro, también conocida como ley “multa express”, que tanto trabajo costó a Pere sacar adelante. La sola idea de que pueda continuar al frente de la DGT debería sonar a chiste en el Gobierno de Mariano Rajoy. Lo contrario, que su continuidad se confirmara, no pasaría de ser una broma de pésimo gusto, casi una afrenta para la mayoría de los conductores españoles.

Pere Navarro, un hombre con declarada vocación liberticida, es el pasado. Él mismo lo reconoció hace unos meses, cuando, tras la astracanada del 110 por hora, admitió no saber “qué más hacer para reducir la siniestralidad”. En esto, como en la economía, es exigible cierto rigor. Y que Pere tenga la desfachatez de pretender seguir al frente de la DGT sería lo mismo que Rubalcaba (de quien, por cierto, es aplicado discípulo) se postulase como ministro del Interior del PP. Inconcebible.


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