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Preocupación en el PP por una Europa a dos velocidades

La euforia del lunes en los mercados se ha traducido en una profunda preocupación dentro del PP, que teme que el eje franco-alemán acabe imponiendo una Europa a dos velocidades. Alemania y Francia preparan una hoja de ruta que incluye un nuevo Pacto de Estabilidad, el cual sería firmado inicialmente por un grupo reducido de países, entre los que no estaría España; un pacto que confirmaría esa Europa a dos marchas.Todo esto podría anunciarse el próximos 9 de diciembre en la próxima reunión de líderes europeos de Bruselas. 

La euforia del lunes en los mercados se ha traducido en una profunda preocupación dentro del PP, que teme que el eje franco-alemán acabe imponiendo una Europa a dos velocidades. Alemania y Francia preparan una hoja de ruta que incluye un nuevo Pacto de Estabilidad, el cual sería firmado inicialmente por un grupo reducido de países, entre los que no estaría España; un pacto que confirmaría esa Europa a dos marchas.Todo esto podría anunciarse el próximos 9 de diciembre en la próxima reunión de líderes europeos de Bruselas. 

A cambio, el país germano terminaría con sus objeciones hacia el mercado de eurobonos y reactivaría la compra masiva de deuda por parte del BCE, siguiendo las expansiones cuantitativas del Banco de Inglaterra y de la Reserva Federal.

El diario alemán Welt am Sonntag recogía este domingo que Merkel y Sarkozy están trabajando en un nuevo Pacto de Estabilidad, sin necesidad de cambiar el Tratado de Lisboa, que establecerá los límites de deuda nacional. Éste podrá ser firmado por un número de reducido países de la zona euro, entre seis y ocho. Como contrapartida, se permitirá al BCE actuar con mayor decisión en la crisis. "Si los políticos se ponen de acuerdo y dan un paso amplio entendible, el BCE va a entrar y ayudar", según fuentes del Banco Central recogidas por el rotativo alemán.

Alemania, por lo tanto, tras las presiones de gobiernos europeos y no europeos, de empresarios, de banqueros y hasta de economistas, puede acabar relajando sus pretensiones y permitir una expansión cuantitativa del Banco Central Europeo a cambio del nuevo Pacto de Estabilidad.

Desde el lado español hay dos lecturas. La primera, negativa, es que España formaría parte de la segunda velocidad europea, con la pérdida de peso e influencia política que ello representa para el nuevo gobierno. La segunda idea es más optimista: si el BCE finalmente implementa una expansión cuantitativa, es decir, compra bonos soberanos europeos para hacer política monetaria (similar a lo que ya hacen la Reserva Federal y el Banco de Inglaterra), debería aliviarse, al menos temporalmente, parte de la presión a la que está sometida la deuda soberana periférica.

Como consecuencia disminuirían los tipos de interés a corto, medio y largo plazo a los que se financian países como España. También mermarían las probabilidades de un rescate. En Génova hay preocupación y malestar por esta herencia inesperada y comentan entre bastidores que Elena Salgado y el Gobierno en curso ya contaban con esta circunstancia, dejando al futuro Ejecutivo que la afrontara casi sin margen de actuación. 


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