EL PASO POR LA CÁRCEL DEL EXPRESIDENTE DE CAJA MADRID

La única comida del preso Miguel Blesa: patatas con carne, merluza a la romana y sandía

La estancia en la cárcel de Miguel Blesa ha durado sólo 19 horas después de que su familia consiguiera reunir rápidamente los 2,5 millones de fianza. Pese a ello, ya sabe cómo es el día a día de los centros penitenciarios y qué se come tras las rejas.  

La única comida del preso Miguel Blesa: patatas con carne, merluza a la romana y sandía
La única comida del preso Miguel Blesa: patatas con carne, merluza a la romana y sandía

Diecinueve horas. Eso es lo que ha durado la estancia en prisión provisional de Miguel Blesa, el expresidente de Caja Madrid al que este jueves el titular del Juzgado de Instrucción número 9 de Madrid, Elpidio José Silva, ordenó encarcelar acusado de tres delitos. Diecinueve horas en las que, sin embargo, ya se ha podido hacer una idea de cuál es el régimen de vida que rige el día a día de la población penitenciaria. De hecho, pudo degustar el nutritivo menú que se sirvió este viernes al mediodía a los 1.700 reclusos del centro: patatas con carne, merluza a la romana con ensalada y, de postre, sandía. A la cena, también con dos platos y postre, no llegó. El financiero fue puesto en libertad provisional poco después de las seis de la tarde, después de que su familia consiguiera reunir y presentar ante el juzgado de guardia los 2,5 millones de euros que el magistrado instructor le impuso como fianza ayer.

El expresidente de Caja Madrid recibió nada más llegar un juego de sábanas, una matan y una bolsa de artículos de higiene antes de ser trasladado a una celda de unos 10 metros cuadrados

El ingreso en prisión de Blesa se produjo a última hora de la noche del jueves. Custodiado por la Guardia Civil, el expresidente de Caja Madrid llegó en un furgón policial sobre las 23 horas al Centro Penitenciario de Madrid V, situado a las afueras de la localidad de Soto del Real. Al llegar, Blesa tuvo que plasmar sus huellas en una ficha y fue fotografiado, de frente y de perfil, antes de tener que depositar todas sus pertenencia de valor, desde el reloj al móvil. Por ellas, el funcionario de prisiones le entregó un recibo para que pudiera recuperarlas al salir. Los funcionarios le facilitaron entonces un juego de sábanas, una manta y una bolsa de artículos de higiene que incluía los cubiertos de plástico con los que a partir de ese momento iba a comer. También recibió una peculiar tarjeta de crédito, llamado en la jerga penitenciaria como el peculio, en la que, de haberse prolongado su estancia en prisión, su familia habría podido cargarle dinero para sus gastos dentro de prisión, principalmente la compra de objetos de aseo y comida en el economato. Eso sí, no más de 80 euros a a la semana.

En estos primeros momentos en prisión, Blesa fue examinado por el médico del centro penitenciario, quien no encontró ninguna anomalía de salud que obligase a su traslado a la enfermería del centro, como si fue necesario, por ejemplo, en el caso de Gerardo Díaz Ferrán, también imputado en la causa, y el liquidador del Grupo Marsans, Ángel de Cabo, que en diciembre sufrieron sendas crisis de ansiadas al verse entre rejas. El expresidente de Caja Madrid se mostró en todo momento "tranquilo", según fuentes penitenciarias, que añadenque ya desde su ingreso "había el convencimiento de que su paso por prisión iba a ser efímero porque iba a pagar la fianza en cuestión de horas".

Al módulo de ingreso con los otros 'novatos'

Pese a ello, y como marca el reglamento, Blesa fue enviado a pasar la noche a una celda del módulo de ingreso como a todos los presos 'novatos. Un espartano espacio de aproximadamente 10 metros cuadrados en los que hay una litera, un escritorio, unas asépticas estanterías para depositar su ropa, un retrete y un lavabo. En esta parte de la cárcel, su relación con otros reclusos ha sido mínima, y no sólo por el escaso tiempo que ha permanecido por ahora encarcelado. De hecho, mientras se permanece en este módulo, los presos no acuden a las zonas comunes de la cárcel, como el comedor. El desayuno y el almuerzo le han sido servidos en su propia celda por los presos que hacen la labor de ordenanzas.

Ellos son los que poco después de las ocho de la mañana, hora en la que se despierta a todos los reclusos, le llevaron el sencillo desayuno carcelario: café con leche y tostadas con mantequilla. También fueron ellos los que sobre la una del mediodía le acercaron en una bandeja metálica. De primero, patatas con carne. De segundo, la merluza a la romana. Y de postre, sandía. Entre medias, una breve salida al patio, entre una hora y hora media. El resto del día lo ha pasado dentro de su celda hasta que, finalmente, llegó la orden de libertad provisional. Antes de salir, Blesa recibió sus objetos personales, aunque su ficha con su foto de perfil y de frente, en el que consta el que a partir de ahora será para siempre su número penitenciario, quedaban registrado en el sistema informático de Instituciones Penitenciarias. Si vuelven a ordenar su ingreso en prisión, esa parte ya no tendrá que cumplimentarla.


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