Nacional

Rajoy no responderá a las bravatas de Mas pero recurrirá a los "mecanismos necesarios" para frenar el referéndum independentista

Los promotores de la Diada respiran inquietud y bajan el listón de la participación, conformándose con 400.000 personas para formar el cordón humano convocado para el 11 de septiembre. El socialismo catalán se desmarca de las posturas más nacionalistas mientras Moncloa guarda silencio. 

Inquietud y nervios en la familia nacionalista catalana ante la prueba de fuerza de la "cadena humana" que ha convocado la Asamblea Nacional Catalana para la Diada del 11 de septiembre. Las cuentas no le salen. Se necesitan más de 400.000 personas para unir El Pertús con Alcanar mediante un cordón humano que los convocantes han bautizado como "La Vía catalana" hacia la independencia. Una cifra accesible si se compara con el largo millón de personas que participó supuestamente en la Diada del pasado año y que forzó a Artur Mas a encabalgarse en la propuesta del referéndum secesionista liderado por ERC.

Pero fallan los números y los apoyos. En primer lugar, para ocupar un puesto en la cadena hay que registrarse y dar los datos personales, circunstancia que está teniendo efectos disuasorios. Y, en segundo lugar, la tibieza del PSC ante este llamamiento sin duda acarreará efectos negativos para conseguir la misión. Este es un factor clave para que los eslabones de la cadena no ofrezcan tramos vacíos.

Ánimos a la participación

Artur Mas, como estaba previsto, ha anunciado que no asistirá a la movilización pero que recibirá a sus promotores, los mismos que idearon la manifestación de la Diada del pasado año, en el Palacio de la Generalitat. Ha animado a una masiva participación y ha dado libertad a sus consellers para acudan al acto a título personal.

Algo falla, sin embargo. Pese al insistente bombardeo informativo de TV3, los promotores están inquietos. Casi tanto como lo está CiU ante el anunciado plebiscito, aún sin fecha ni enunciado, que ha pasado de considerar como imprescindible la participación de un 67 por ciento del electorado, según palabras de la vicepresidenta del Govern, Juana Ortega, a un raspado 50 por ciento que deslizó el lunes el portavoz de la Generalitat.

El viento independentista parece desinflarse. Algo tienen que ver las dudas y tensiones internas que se viven en el seno del socialismo catalán donde en las últimas semanas se escuchan voces muy críticas contra las posturas más nacionalistas. Antoni Balmón, número dos del partido que conduce Pere Navarro, ya ha dicho que quienes quieran hacerle el juego al nacionalismo de CiU, que se vayan del partido, que no tienen hueco en el proyecto federal del PSC. Después de juguetear durante meses con el famoso y ambiguo "derecho a decidir", en el PSC se escuchan cada vez más voces contra los devaneos secesionistas.

El Gobierno del PP guarda silencio ante este desafío de la Diada. La presidenta del partido en Cataluña, Alicia Sánchez Camacho, tiene la palabra y ya ha dejado bien claro que Rajoy no negociará con Artur Mas "porque el futuro de España se decide en las Cortes" y porque el referéndum planteado por CiU es ilegal.

Misiva sin respuesta

Mas está a la espera de que Rajoy le responda a la misiva que le envió el pasado mes de julio, un día después del trágico accidente del AVE de Galicia, en la que reclamaba una respuesta a su proposición de referéndum. Ninguna prisa hay en Moncloa para atender la solicitud del President. Mariano Rajoy informó a sus fieles antes del verano que no recurrirá a declaraciones altisonantes contra el jefe del Gobierno catalán pero que va a ser firme ante este reto independentista que pretende romper con el marco institucional diseñado en la Constitución.

Rajoy está preocupado por el devenir de los acontecimientos en Cataluña. Pese a que el Constitucional aceptó el recurso del Gobierno contra la resolución soberanista del Parlament, en el Gobierno se es consciente de que las proclamas independentistas han calado en el seno de buena parte de la sociedad catalana. Incluso el eslogan de "Madrid nos roba" ha sido asumido por buena parte de los catalanes, muchos de ellos alejados incluso de planteamientos secesionistas.

Lo importante es evitar la quiebra de la Constitución, ha dicho Rajoy a sus colaboradores. Y en ello está. Aunque muchas veces la actitud tibia y hasta silente del presidente del Gobierno en este asunto se entiende como pasividad o despreocupación, no es el caso. Rajoy es consciente de la gravedad de lo que está ahora mismo en juego, sabe que en este curso el ‘frente catalán’ le forzará a una atención prioritaria y tiene movilizados a técnicos y juristas para utilizar los "mecanismos necesarios" para evitar que la celebración del referéndum se lleve a cabo.

Más no reculará

Artur Mas, sin embargo, embarcado en esta aventura delirante, tiene asumido que no puede dar marcha atrás. Que no puede apearse del tigre. Aunque no consiga el beneplácito de Madrid para su convocatoria, piensa llevarla a cabo amparándose en la ley de consultas populares que se discute ahora en el Parlament. "El no de Madrid dará fuerza a nuestro sí", ha dicho recientemente un asesor de la Generalitat.


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