Semejanzas y paralelismos entre las dos fuerzas de extrema izquierda meridionales

Moncloa confía en que el cataclismo griego actúe como antídoto contra Podemos

Un fantasma recorre Europa: se llama Syriza, la formación de extrema izquierda que puede llegar al poder en Grecia. Moncloa sigue el proceso helénico con enorme atención. Hay elementos que pueden actuar aquí como antídoto contra Podemos.

La convocatoria de elecciones anticipadas en Grecia, no por previstas, han dejado de conmocionar el tablero político europeo. Siete años de tratamiento de caballo de una economía desastrada han derivado en un panorama absurdo. Tanto es así que cuando aparecían rastros de mejoría, los políticos griegos han optado por bloquear los acuerdos parlamentarios y, así, han forzado unas elecciones anticipadas y quizás tiendan la alfombra roja a Syriza para que llegue al poder. Peor, imposible.

Syriza no es Podemos, pero se le perece. Tiene un líder joven y mediático, Alexis Tsipras, que ha alcanzado en tiempo récord la cima de los sondeos, con su prédica contra la troika, los recortes, los partidos tradicionales, el estamento financiero... Como Pablo Iglesias, admira el caudillaje del fallecido Chávez y defiende en su programa la nacionalización de bancos, hospitales, empresas privatizadas. Habla de mejorar pensiones, salarios públicos, crear más funcionarios, salir de la OTAN, romper con Israel, cargarse los gastos de Defensa... Una música que aquí ha hecho muy popular a los catequistas de la teoría de Podemos.

Analistas de Moncloa atienden desde hace ya tiempo la evolución de los acontecimientos en Grecia, la gran enferma europea, paraíso de la corrupción institucional, paradigma de la inoperancia pública y de la falta de escrúpulos empresarial, con un partido socialista roto por el eje y con tendencia a desaparecer, una estructura de Estado elefantiásica e inoperante y un partido de gobierno de perfil centrista/conservador que ha gestionado a golpe del dictado de la 'troika'. Malas noticias para la eurozona, para la familia europea pero quizás, no tan malas para los intereses electorales del Partido Popular. En Moncloa no hay temor hacia Podemos, pero sí hay inquietud ante la posibilidad de que el PSOE se oriente hacia la deriva griega. El bipartidismo puede sufrir mucho si avanzan los politicólogos de Podemos en las autonómicas.

Syriza no es Podemos, pero se le perece. Tiene un líder joven y mediático, Alexis Tsipras, que ha alcanzado en tiempo récord la cima de los sondeos

Primeras medidas

Empezaban a vislumbrarse algunos signos positivos cuando se produce el terremoto anunciado: las elecciones anticipadas. Una vez más, los políticos griegos, por detrás de las reclamaciones de su sociedad. Más del sesenta por ciento de la población rechazaba estos comicios. Ahora es cuando pueden producirse turbulencias extremas. Tsipras, que asistió en Madrid a la proclamación de Iglesias como líder de Podemos, ha basado su estrategia política en denunciar a Europa, a los ricos, a los corruptos y demás cantinelas del radicalismo occidental...

En Moncloa se piensa que una victoria de la izquierda radical griega puede actuar como antídoto contra Podemos, cuya evolución en los sondeos se mantiene en posiciones muy destacadas, aunque su potencia se ha ralentizado. Grecia como ejemplo a no seguir. Syriza como cataclismo. Lo que ocurra en las elecciones y el gobierno griego en los próximos meses va a resultar de influencia determinante en Europa. El FMI ya anunció el lunes que suspende sus negociaciones con Atenas sobre el programa de asistencia al país helénico hasta que no se hayan despejado las dudas sobre el resultado de los comicios.

En Moncloa no hay temor hacia Podemos, pero sí hay inquietud ante la posibilidad de que el PSOE se oriente hacia la deriva griega

Desde toda Europa llegan admoniciones y advertencias contra Syriza, léase Podemos. Aunque no hay quien recuerda que esa leve moderación que se ha advertido en la formación de Pablo Iglesias parece seguir los pasos de lo que ha hecho Tsipras. Por ejemplo, viajes a la City londinense para explicar su programa, encuentros con banca de inversión foránea para espantar recelos y hasta una audiencia privada con el papa Francisco. Tsipras va muchos meses por delante de lo que Pablo Iglesias, quizás, aquí intente.

En Moncloa dan por hecho que los episodios helénicos influirán de alguna manera en un sector de la población española que simpatiza con las denuncias de Podemos pero que no termina de ver claras sus propuestas. Quizás porque no las tienen. La vacuna griega puede actuar, en este sentido, como un revés a la paulatina escalada de Podemos en los estudios demoscópicos.


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