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Juntos, pero no revueltos: salen a relucir las divergencias entre los líderes de 'Juntos por el Sí'

La lista persigue la declaración de independencia unilateral, pero cada uno de sus líderes parece llevar un camino distinto para conseguirla. A los choques entre Mas y Junqueras, se suman los del nuevo protagonista en escena y exmiembro de ICV, Raül Romeva. 

Junqueras, Casals, Romeva, Forcadell y Mas son los precursores de la lista.
Junqueras, Casals, Romeva, Forcadell y Mas son los precursores de la lista. flickr.com/convergenciademocratica

Que la lista unitaria diseñada por los líderes de CDC, Artur Mas, y ERC, Oriol Junqueras, para el 27S es un polvorín no le pilla de susto a nadie. El propio Raül Romeva, exmiembro de ICV y excéntrico cabeza de lista de Juntos por el Sí, ha sido muy crítico, durante su estancia en la formación ecosocialista, con el partido que gobierna la Generalitat: "Si fuese por CiU, Cataluña sería una gran autopista con centrales nucleares, construcciones y fábricas por doquier, y ningún árbol para dar sombra. Si quieren hacer demagogia, que no se erijan en los defensores de Cataluña”, aseguraba Romeva en una entrevista en el año 2009.

Eran otros tiempos. Romeva, que entonces representaba a ICV en el Parlamento Europeo, realizaba estas declaraciones sobre una federación ahora desbaratada por las discrepancias entre Convergencia Democrática de Cataluña (CDC) y Unión Democrática de Cataluña (UCD) a propósito del proceso independentista. Con el paso de los años, sin embargo, empezó a virar sus ideas ecologistas hacia un nacionalismo contundente, algo que provocó importantes diferencias con sus compañeros, los actuales líderes de ICV Joan Herrera y Dolors Camats.

Tres días después de la presentación oficial de Juntos por el Sí, Romeva aseguraba que el pacto no concretaba explícitamente que Mas revalidara la presidencia en el caso de victoria

Apenas tres días después de la presentación oficial de la candidatura de Juntos por el Sí, cuyo objetivo no es otro que convertir Cataluña en una república independiente, el exeurodiputado de ICV abría una nueva brecha con sus aliados. Romeva aseguraba ante los micrófonos de la Cadena Ser que el pacto no concretaba explícitamente que Mas revalide la presidencia en el caso de victoria, además de no dejar claro -"ni sí, ni no"- si él asumiría ese cargo o sería capaz de dar un paso atrás. En este sentido, y con bastante dureza, la vicepresidenta y portavoz del Gobierno catalán, Neus Munté, salió rápidamente a la palestra para defender a su presidente: "El proceso pasa por el hecho de que Artur Mas seguirá ejerciendo el papel de liderazgo, conjuntamente con Convergencia, que es a quien corresponde proponer el nombre del futuro gobernante”.

Además, en su época como europarlamentario tampoco escatimó críticas a los conservadores catalanes fuera de España, colocándolos en el mismo saco ideológico que el Partido Popular. Fue en Bruselas donde comparó a Ramón Tremosa (CDC) con Alejo Vidal-Quadras, y les acusó de ser representantes del "neoliberalismo que ha causado la crisis económica". Esas antiguas rencillas parecen haberse evaporado: Romeva y Tremosa trabajan codo con codo en la lista soberanista e incluso han llegado a piropearse en Twitter: “Muchas gracias @raulromeva por todo el compromiso, serás un gran cabeza de lista para la independencia de Cataluña”.

Sin embargo, Romeva no ha sido el único que ha apartado u olvidado su ideario en favor de una causa mayor, la "desconexión" -eufemismo empleado para hacer referencia a una declaración unilateral de independencia-. El líder de ERC, Oriol Junqueras, también ha suavizado su discurso desde que el pasado mes de enero acordara con Mas celebrar las autonómicas el 27 de septiembre y tratar de darle un matiz plebiscitario. Tanto ha sido así que, inicialmente, el objetivo de ERC era acudir a las urnas con listas separadas o sin políticos y disponer de una ruta clara y lo más completa posible.

Junqueras insinuó que a CDC le interesaba la lista unitaria para desligarse de los casos de corrupción que han acompañado a CiU en los últimos años

Los republicanos no han conseguido ninguna de estas pretensiones. Es más, se han impuesto las planteadas por la formación de Artur Mas. Fue precisamente el presidente catalán quien se la jugó a su socio independentista en la reunión que agrupó a CDC, ERC, CUP y los dirigentes de la Asamblea Nacional Catalana (ANC), Ómnium Cultural y la Asociación de Municipios por la Independencia (AMI). En ella ERC partía con toda la ventaja, ya que la idea de una lista sin políticos era secundada por las asociaciones y por la CUP. Sin embargo, Mas terminó llevándoles a su terreno y todas las instituciones sucumbieron a la amenaza de disolver el 27S. Todas excepto la CUP, que se levantó de la mesa de negociación y no ha querido saber nada de la fingida alianza.

La intención de participar en las elecciones con sus siglas no era moco de pavo para ERC, pues su finalidad era la de convertirse en la principal fuerza de izquierdas en Cataluña y, sobre todo, desligarse de los casos de corrupción que han acompañado a CiU en los últimos años. Junqueras llegó incluso a insinuar que a CDC le interesaba este método para lavar su imagen, vinculada a corruptelas como la de Banca Catalana, el Caso ITV, el Caso Palau, el Caso Adigsa, la Operación Clotilde y las confesión a medias de Jordi Pujol, entre otras. Dichas palabras no sentaron bien en la Generalitat y fueron contrarrestadas con ironía por el consejero de Presidencia, Francesc Homs: "No se debe referir ni al Gobierno -catalán- ni a CiU porque, si fuese así, la pregunta se le tendría que formular al señor Junqueras en el sentido de que ¿qué está haciendo? Sería muy contradictorio que pensase esto sobre CiU y sobre el Gobierno de la Generalitat y que después actuase como actúa. Como no sé a quién se puede referir, no añadiría nada más".

Las viejas aspiraciones de Junqueras

Otro foco de conflicto ha sido el malestar del Ejecutivo autonómico por la insistencia de ERC en entrar a formar parte de él. Junqueras ha mostrado, por activa y por pasiva, su intención de autoincluirse en el Gobierno de Cataluña para asegurarse de que “las cosas se hacen bien” en el proceso independentista. Pretensión que ha sentado como una bofetada en el Gobierno regional siempre que se ha planteado: “Uno se queda un poco sorprendido -afirmaba Homs-. El momento fue cuando se planteó y tienes toda una legislatura por delante. ERC declinó hacerlo y ahora no acabo de entender esta insistencia, cuando además se ha acordado para estos meses trabajar de la forma que se ha acordado”.

Estas discrepancias dejan claro que la mezcolanza de agrupaciones que forman Juntos por el Sí solo están de acuerdo en una cosa, declarar la independencia unilateral. Por ello, otras plataformas más suaves con la soberanía como Cataluña Sí se Puede -formada por Podemos, ICV, EUiA y Equo- o Ciudadanos (C´s) podrían terminar pescando votos en el río revuelto de la yunta de ERC y CDC. Y más aún, si se tiene en cuenta que el 63% de los catalanes ya no ve en la independencia "algo probable de convertirse en realidad", tal como indicaba una encuesta publicada recientemente por El País, a lo que hay que sumar un proyecto sin un definido programa social. 


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