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El miedo como arma política: del 'antidemocrático' PP del 96 al 'bolivariano' Podemos de 2014

A medida que se acercan las elecciones, los partidos optan más por restar votos a sus rivales que por 'vender' el propio programa. La situación económica y los sucesivos escándalos de corrupción hacen que en España el arma arrojadiza del miedo al contrario sea bidireccional: tanto desde el poder, como desde la oposición.

Es casi una constante en los procesos electorales: los partidos, casi sin excepción, agitan el temor de los votantes sobre el futuro resultado de la votación. Les invitan a preguntarse ¿qué pasará si...? "¿Qué pasará si votas a X? ¿Qué pasará si votas a Y?" Y la ambigüedad de esa respuesta es utilizada para presentar un futuro ciertamente negro en caso de decidirse por alguno de sus rivales. Lo apreciamos hoy en día desde los dos grandes partidos, PP y PSOE, a raiz de las encuestas que ponen en jaque al bipartidismo. Pero lo vemos también en las fuerzas en auge, como Podemos, que también apela a ese discurso del miedo para captar votos. Así, cuanto más se acerquen las elecciones, más visibles se harán los discursos amedrentadores de los partidos favorables al sistema y de aquellos que quieren alterarlo.

Las apelaciones a elementos emocionales antes de una votación no son una novedad. Un alto componente de miedo puede alterar la voluntad inicial de los votantes, como ya sucedió en las elecciones de Louisiana (Estados Unidos) en 1991. Para frenar a David Duke, un dirigente del Ku Klux klan que las encuestas colocaban en cabeza, los medios favorables al demócrata Edward Edwards, un político corrupto, no dudaron en evidenciar los defectos de su candidato para ponerlos en valor, ante la pésima opción de su rival. "¡Vota al ladrón, es importante!", reclamaron.  El eslogan funcionó y Edwards ganó con un 34% de los votos.

Tradicionalmente es la oposición la que usa el miedo contra los gobernantes. Pero estos pueden recurrir también a él como defensa

Tradicionalmente la oposición usa los discursos de la ira y la frustración para movilizar a la gente contra los poderes gobernantes, pero en diversos procesos electorales, tales como los que se presentan en España en los próximos meses, la situación política, económica y social permiten que esos mensajes no sean capitalizado por el partido en el poder, sino que se pueda combatir el miedo con miedo.

La doble dirección del discurso

Si la campaña del miedo contra Podemos puede resumirse en "o nosotros, o el caos", la del partido liderado por Pablo Iglesias podría enmarcarse en un "o nosotros, o lo mismo". Y ese lo mismo hace referencia a corrupción, crisis y pobreza. La nueva formación está sujeta a esa doctrina del miedo desde su éxito en las elecciones europeas. Sería imposible recuperar todas las advertencias lanzadas contra la inviabilidad de su proyecto, la debacle económica que conllevaríafuga de capitales, fin de las libertades civiles, alusiones a otros regímenes cuya credibilidad democrática ponen en cuestión, etc...

Podemos dibuja un escenario en el que votar a los partidos tradicionales supone miseria, corrupción o exilio

El propio Iglesias hizo alusión a ese discurso en sus primeras palabras tras ser elegido secretario general de la formación: Van a agitar el miedo, van a decir que viene el lobo, van a decir que será terrible que exista un Gobierno de Podemos”. Y contraatacó diciendo, precisamente, que lo que “da miedo” son las miserias de la actual situación económica, poniendo ejemplos durante varios minutos.

Más elocuente si cabe fue el vídeo que la formación lanzó tras hacerse públicos los datos del CIS que sitúan a Podemos como tercera fuerza. En la grabación se citan los distintos escándalos de corrupción que sacuden estos días a los grandes partidos. Mención especial se dedicaba también a CiU: “No se ponga nervioso señor Pujol, quédese tranquilo, que como usted, van a caer todos, advierte Pablo Iglesias.

Numerosas campañas políticas en los últimos años suponen claras muestras de cómo el miedo es usado con fines electorales. España, México, Bolivia o Venezuela son países donde se han aplicado este tipo de medidas ante un previsible vuelco a la derecha o a la izquierda del espectro político.

España (1996)

Antes de que el primer Gobierno de José María Aznar llegase al poder, en el año 1996, un anuncio intentó evitar la victoria electoral del PP. En él se dibujaba a los populares como una formación antidemocrática y regresiva para los avances sociales. La campaña no consiguió evitar la derrota en las urnas de Felipe González.

Bolivia y Venezuela (2005 y 1998)

Antes de la llegada al poder tanto del boliviano Evo Morales como del venezolano Hugo Chávez, la situación política en ambos países estaba marcada por una grave crisis económica, una rampante corrupción yl la impunidad de la clase política, todo ello sumado a una alta tasa de pobreza, según explica un estudio realizado por Andrés Valdez Zepeda, de la Universidad Autónoma de Bucaramanga (Colombia), titulado El miedo y la ira como estrategia en las campañas electorales. La campaña del miedo contra los dos dirigentes socialistas no funcionó –en cada entrevista o acto se criticaba o preguntaba sobre la libertad económica o privatizaciones que se realizarían cuando llegaran al poder–, aunque en el caso de Chávez, éste se vio obligado a modular su discurso hacia una posición más moderada.

México (2006)

Otro ejemplo paradigmático de campaña del miedo es el que tuvo como objetivo al candidato del PRD mexicano Andrés Manuel López Obrador en la campaña presidencial de 2006. El líder izquierdista contaba según las encuestas con una ventaja de hasta 10 puntos respecto al partido del Gobierno, el PAN, y su candidato Felipe Calderón. Antes estos datos muy negativos, Calderón emprendió una campaña de desprestigio brutal contra López Obrador por medio de numerosos anuncios donde aseguraba que “López Obrador es un peligro para México” y en los que le comparaba con Hugo Chávez.

Esta campaña, que finalmente dio la victoria a Calderón con menos de un punto de ventaja sobre el candidato de la izquierda, contaba entre sus artífices con Antonio Solá, hoy asesor de Mariano Rajoy y uno de sus colaboradores en la campaña del PP en 2008. Desde el PAN, Juan Camilo Mouriño, vicecoordinador de campaña y uno de los cerebros de aquellos anuncios, aseguró que la citada "campaña de contraste" pudo hacer perder a Obrador cerca de tres millones de votos.

Pocas semejanzas

El traslado, sin embargo, de estos ejemplos al caso español no es del todo válido. Parece demostrado que estas campañas del miedo a lo nuevo son eficaces cuando quien está en el poder no lleva demasiado en las instituciones, o cuando quien se presenta ya ha ocupado otros cargos. Tanto en Bolivia como en Venezuela los partidos mayoritarios llevaban alternándose el poder durante al menos una década. Esto generó que la alternativa nueva pudiera plantear un punto y aparte, un discurso del miedo a la continuidad de la miseria y las políticas empobrecedoras. En el caso mexicano la cosa es distinta. El PAN solo llevaba una legislatura después de 71 años de gobiernos del PRI, por lo que la izquierda liderada por López Obrador no pudo responder con un discurso antisistema, al no tener suficientes argumentos en contra de su rival.


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