Un paseo por el mercado continuo

La deuda pública de alta calidad se refuerza

Los tipos de interés a largo plazo se explican mediante tres factores: las expectativas de inflación, las expectativas en torno al tipo de interés real a corto plazo y la 'prima a plazo'. Aunque las expectativas de inflación del mercado han descendido desde hace varios meses, se mantienen estables tras el resultado del referéndum británico. El descenso de estos últimos meses se debe principalmente a la reducción de la prima de riesgo sobre la inflación.

Así, los inversores consideran que la probabilidad de observar una tasa de inflación superior al 3% ha descendido con fuerza y que las probabilidades se concentran ahora en torno al objetivo fijado por la Reserva Federal. En otras palabras: la moda de la distribución estadística, es decir, el valor más verosímil según los actores de los mercados financieros, se ha reforzado. Los inversores tampoco esperan deflación.

El mercado ya no descuenta subidas de tipos en Estados Unidos antes de 2018 y se prevé un recorte del tipo de interés inglés de 25 puntos básicos a partir del mes de agosto.

Las previsiones sobre el tipo de interés real a corto plazo dependen principalmente de las políticas monetarias de los bancos centrales. Los avances de la deuda pública estadounidense e inglesa se desencadenaron por la modificación de las expectativas del mercado en torno a los tipos futuros de la Reserva Federal y el Banco de Inglaterra. El mercado ya no descuenta subidas de tipos en Estados Unidos antes de 2018 y se prevé un recorte del tipo de interés inglés de 25 puntos básicos a partir del mes de agosto.

Por último, la 'prima a plazo' compensa a los inversores por la probabilidad de sufrir pérdidas en los bonos con vencimientos largos. En Estados Unidos se mueve en territorio negativo y ello se debe sobre todo a la demanda de activos sin riesgo y a los programas de compras de los bancos centrales.

De cara al segundo semestre, esperamos nuevos descensos de los rendimientos mediante una continuación de las caídas de dicha prima. Por consiguiente, hemos elevado el peso de los bonos del Tesoro estadounidense a diez años en las carteras y volveremos a ejecutar esta operación en caso de rebote.

Con respecto a divisas, el descenso del 8% de la libra esterlina frente al dólar tras el Brexit no es más que el principio; la moneda podría depreciarse aún más durante los próximos meses. El déficit de su balanza por cuenta corriente hace que la libra sea vulnerable a una salida de capitales extranjeros, aunque sus condiciones de partida son más favorables que las de numerosos países emergentes que se enfrentan a la misma situación. El recorte de los tipos de interés del Banco de Inglaterra y las expectativas de reactivación del programa de compras podrían redoblar la presión sobre la moneda. A este respecto, el presidente Carney ya ha anunciado que estudiará la situación durante la reunión del 14 de julio y que probablemente se anuncien nuevas medidas durante la reunión del 4 de agosto.

El déficit de su balanza por cuenta corriente hace que la libra sea vulnerable a una salida de capitales extranjeros, aunque sus condiciones de partida son más favorables que las de numerosos países emergentes.

En cuanto al cruce euro/dólar, esperamos que continúe la depreciación del euro tras un año de movimiento lateral. Aunque la Reserva Federal probablemente no subirá sus tipos de interés este año, se impondrán la falta de certidumbre sobre la política europea, la ralentización del crecimiento y el refuerzo de las políticas de estímulo a la economía. No obstante, este descenso será moderado y actualmente no contemplamos un retorno a la paridad.

Los grandes vencedores de la última semana de junio fueron el oro y el yen. El oro, que ya se beneficia de los tipos de interés negativos y de la debilidad de la inflación, ha visto cómo caía su último obstáculo: la subida de los tipos de interés estadounidenses. A finales de mes, se había revalorizado casi un 9% y acumula unas ganancias del 25% en el año.

En nuestras carteras, hemos regresado a una posición de neutralidad elevando su peso un 2,5%. El yen también se ha beneficiado de su papel de divisa refugio, lo que ha penalizado a la bolsa japonesa, que mantiene una correlación negativa con la moneda. La reunión del Banco de Japón a finales de julio podría invertir esta tendencia.


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