OPINIÓN

¿De verdad queremos ganarles a los asesinos yihadistas?

La sociedades europeas no parecen dispuestas a asumir la lucha contra el yihadismo de verdad, no como deberían. Y nuestros líderes políticos actuales, aún menos.

¿De verdad queremos ganarles a los asesinos yihadistas?
¿De verdad queremos ganarles a los asesinos yihadistas?

Pues nada, aquí estamos de nuevo. Otro atentado. Otra matanza. Dos en una misma campaña electoral. Diríase que los terroristas quieren influir en el resultado. Mientras otra vez colocan velas y flores, y los políticos se suceden para ofrecer condolencias, compasión y entendimiento, leo y escucho algunos pensamientos muy confusos sobre esto del terrorismo islamista, así que vamos a simplificar un poco para centrar las mentes primero.

La causa raíz del problema terrorista actual es la existencia de la ideología salafista islamista yihadista

Punto primero: la causa raíz del problema terrorista actual es la existencia de la ideología salafista islamista yihadista, dentro del Islam o como una rama (malvada) del Islam. Si no fuera por la existencia de dichas creencias, de dichos llamamientos, no existirían los problemas actuales con el terrorismo islamista. En palabras del autor Shiraz Maher, él mismo un ex miembro de Hizb ut‑Tahrir: "Este proyecto milenario cree en el progreso mediante la regresión". ¿La regresión a qué?, podemos preguntarnos; "Las prácticas de las primeras tres generaciones del Islam", según el artículo. Mezclamos con Afganistán, Bosnia, Chechenia, Irak, Al Qaeda y demás y nos sale el fundamentalismo del Estado Islámico, DAESH, IS, ISIS o como queramos llamarlo. A diferencia de ETA o del IRA, parece que no hay absolutamente nada que quieren negociar: su fin sería erradicarnos, matarnos de la manera que fuera. Y cuántos más, mejor. ¿Niños? Adelante. ¿Mujeres? Las más pecadoras y merecedoras de la hoz yihadista (según ellos, ojo, que nadie me saque la frase de contexto). No quieren la independencia de ninguna región, ni la reunificación de ninguna isla, sino que nosotros y nuestros países y modo de vida dejen de existir. Léase cualquier nota de prensa de la Guardia Civil o Interior de los últimos dos años: «El detenido, de 34 años de edad, mantenía contactos con personas radicales de la ciudad autónoma a las que les exigía que siguieran un modo de vida rigurosamente adaptado a la ideología salafista».

Así de paso despejamos la falacia racista que se trata de "todos los musulmanes". De ninguna manera.

Como muy bien dijeron la semana pasada los familiares de las víctimas de Manchester y los ex soldados especialistas, a lo que van es a matar a nuestros hijos, en casa, y ya lo están haciendo

Punto segundo: el efecto último del punto primero en Europa, Francia, Bélgica, Alemania y ahora varias veces en Reino Unido, está siendo la matanza y mutilación de ciudadanos indefensos y desprotegidos. Niñas en un concierto en Manchester, padres que esperan a recogerlas después, parejas o amigos cenando y de copas en un barrio de Londres o el centro de París, otros que se encuentran en un puente de camino a casa, alemanes comparando regalos y dulces en un mercadillo navideño, franceses y turistas celebrando la Bastilla en la playa durante el verano. Según nuestra cultura e ideas occidentales y democráticos, actividades todas absolutamente inocentes y normales. Como muy bien dijeron la semana pasada los familiares de las víctimas de Manchester y los ex soldados especialistas, a lo que van es a matar a nuestros hijos, en casa, y ya lo están haciendo.

De momento, España se ha librado, quizás por tener otro enfoque, quizás por no participar en el bombardeo a DAESH en Siria, quizás por suerte. Pero todo esto sirve aquí también, porque deberíamos ir preparándonos y aprendiendo de los fallos de los demás. Vistos los tres atentados terroristas mortales en Londres y Manchester en las últimas semanas—y a pesar de las cinco tramas terroristas que Theresa May dice que la Policía ha frustrado desde el ataque en el puente de Westminster—está claro que en Reino Unido el sistema está fallando.

Imagínese por un momento que se encuentra en algunos de esos lugares con sus hijos y de repente aparece el yihadista suicida de turno lleno de odio y violencia

Imagínese por un momento que se encuentra en algunos de esos lugares con sus hijos y de repente aparece el yihadista suicida de turno lleno de odio y violencia, con el objetivo inmediato de matarle y quitarle piernas y brazos a sus retoños. Supongo que querría, como yo, que hubiera entre ese ser repugnante y su familia uno o varios policías o soldados, con armas suficientes como para parar al loco asesino. Tampoco querría, y aquí coincidiríamos de nuevo, que dichos agentes protectores se encontraran desarmados, o armados sólo con una porra. Pues es lo que le pasó al PC Keith Palmer, muerto delante del parlamento en marzo, y a un agente aún desconocido en Londres el sábado, quien se encaró él sólo, con su palo, a los tres terroristas suicidas, armados con cuchillos y—en ese momento—aparentemente con chalecos explosivos. Recibió múltiples lesiones en la cara y las extremidades y ahora está en el hospital. Sus colegas con las metralletas llegaron ocho minutos más tarde y tumbaron a los atacantes.

Mucho han hablado los políticos desde el sábado de esos ocho minutos, en plan «miren qué rápido y qué bien protegidos están por nuestra Policía», pero no dejan de ser ocho minutos demasiados largos. En Manchester no pudieron parar nada porque Abedi se explosionó en medio de una multitud. El mismo Gobierno admite que hay 500 tramas bajo investigación, con 3.000 yihadistas sueltos, y otros 20.000 sospechosos de apoyarlos. Frente a eso, 5.500 agentes armados, según Financial Times: «la mitad de lo que había hace 15 años». Que es muy difícil y costoso controlar todo eso, llegó a decir la misma jefa de la Policía Metropolitana de Londres, Cressida Dick, el lunes por la mañana. No me diga. Pues, para eso están. Y si les faltan recursos—materiales, financieros, humanos—para cumplir con su misión, deben exigirlos al Gobierno de turno, y el Gobierno proveerlos de inmediato.

Cada equis tiempo, tendremos que aceptar que asesinen a unos cuantos más

Los agentes rasos, esos que están ahí enfrente de los terroristas en las calles, saben que les faltan recursos. Se han quejado repetidas veces y este fin de semana lo han vuelto a hacer. Aquí un ex detective jefe del Scotland Yard tachando al Gobierno de "mentiroso" directamente, y aquí un sargento anti-terrorista en activo: "Nosotros la Policía protestamos por los recortes. No nos hicieron caso". The Guardian estima que si incluimos todos los tipos de agente, el Partido Conservador—que se supone que juega en casa en materia de seguridad y defensa—, con Theresa May como Ministra de Interior, recortó 46,700 policías y agentes desde el 2010. Como ha hecho lo que ha hecho, Jeremy Corbyn, el líder laborista, el lunes pedió la dimisión de May tres días antes de las elecciones generales. Inaudito. Y eso que la idea surgió del antiguo director de estrategia de…David Cameron, un tal Steve Hilton: "Theresa May es responsable por los fallos de seguridad en London Bridge, Manchester, Westminster Bridge. Debería dimitir, no presentarse de nuevo".

Parece que hay mucha gente que, de acuerdo con la Señora Dick, cree que es demasiado complicado luchar contra esta amenaza, y que hay que aceptar que esto va a pasar como los accidentes de tráfico o los infartos, que es parte de la vida moderna en el siglo XXI en un entorno urbano. Que cada equis tiempo, tendremos que aceptar que asesinen a unos cuantos más. Yo no sé ustedes, pero yo me niego. Por mi, por mi hijo y por ustedes. Que hay que cambiar las estrategias, o darles a los policías más recursos, o modificar nuestras ciudades y espacios de ocio para que estén más seguros, hagámoslo. Pero no estoy muy convencido de que como sociedades estemos dispuestos a asumir esa lucha de verdad, no como deberíamos. Y nuestros líderes políticos actuales, menos aún.


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