OPINIÓN

Los hinchas del Leicester y un Brexit hooligan

Una estrategia unilateral de tierra quemada a nivel cultural, político y diplomático, por ignorante y terco que fuera, por mucho que Theresa May intentara gestionarlo, dañaría los intereses reales de todos.

Los hinchas del Leicester y un Brexit hooligan.
Los hinchas del Leicester y un Brexit hooligan. EFE

Pido perdón a España, como dijo una reportera de la misma BBC, por el lamentable y bochornoso espectáculo de los hinchas de Leicester City en la Plaza Mayor de Madrid la semana pasada. Tras toda una mañana bebiendo, empezó el escándalo, como es habitual entre estos seres. Encendieron bengalas, alguien lanzó un bote de humo azul (supongo que por los colores del club) a la Policía y estos respondieron con las porras para despejar la plaza. Luego, en los telediarios británicos, se quejaron de que los españoles habían sido demasiado brutos, llegando incluso a enseñar las marcas que habían dejado las armas alargadas de los agentes como si fueran medallas o tatuajes de guerra. La noche anterior, ocho violentos fueron detenidos por pelearse con los policías. También se grabaron unos cuantos—entiendo que los vídeos que hemos visto fueron grabados por los propios seguidores borrachos, orgullosos de su valentía—en un vagón de cafetería del AVE entre Barcelona y Madrid, robando cerveza al grito exuberante de «¡Coño, esto sales gratis!». Lo más espantoso, si es que se puede hablar de grados de necedad en estas cosas, fueron las consignas «guerreras» lanzadas por algunos borrachos ingleses, antes de llegar la sensatez y el orden en forma de palo policial, sobre el Peñón: «¡A tomar por culo, cabrones españoles, Gibraltar es nuestro!"».

El Tribunal Superior de Justicia de Madrid me confirma que seis de los ocho detenidos han sido condenados en juicio rápido a ocho meses de cárcel por desórdenes públicos y atentado a agentes de la autoridad, y los otros dos a cuatro meses por desórdenes

El Tribunal Superior de Justicia de Madrid me confirma que seis de los ocho detenidos han sido condenados en juicio rápido (por reconocer los hechos) a ocho meses de cárcel por desórdenes públicos y atentado a agentes de la autoridad, y los otros dos a cuatro meses por desórdenes. Tendrán que indemnizar a los policías heridos, según la gravedad de sus lesiones. Un noveno, imputado por usar o tener una bengala el día del partido, irá a juicio normal. Como en España, si la primera condena sale a menos de dos años, no se entra en la cárcel, pues no serán privados de su libertad. Ninguno, me dicen desde el TSJM, presentó una queja formal ante el juez por maltrato por parte de la Policía. No obstante el ridículo que hicieron y el daño que causaron—a la Plaza Mayor y a la imagen del Reino Unido—debo también decir que el 99% de los comentarios británicos que leí en reacción a los sucesos condenaban absoluta y rotundamente a los hinchas, muchos con palabras malsonantes que no viene a cuenta reproducir. Otros desearon que la Policía española hubiese mostrado incluso más entusiasmo a la hora de imponer el orden, para aleccionar a los desgraciados, e incluso se ilusionaban con imaginar a los susodichos demostrando su coraje alcohólico en el Mundial de Rusia en 2018, donde los violentos hinchas eslavos, con menos control y más ganas de revancha que los agentes españoles, les estarán esperando.

A pesar del ferviente apoyo patriótico de los del Leicester, Picardo, que no es tonto, tuiteó enseguida que "este comportamiento no ayuda a Gibraltar y nuestra causa justa"

El otro aspecto que muchos observadores resaltaron—y aquí enlazamos con el Lord Michael Howard y su bravata sobre las Malvinas, o el vomitivo "periodista" Kelvin MacKenzie llamando "follaburros" a los españoles—la relación entre los hinchas en la Plaza Mayor, sus iracundas ofensas sobre el Peñón, la campaña gibraltareña de The Sun y, como no, el Brexit. (MacKenzie, por cierto, acaba de ser suspendido, no por su arenga contra España sino por comparar en otra columna al futbolista Ross Barkley con un gorila. Parece que hay límites incluso en The Sun, aunque nadie sabría describirlos con claridad). A pesar del ferviente apoyo patriótico de los del Leicester, Picardo, que no es tonto, tuiteó enseguida que "este comportamiento no ayuda a Gibraltar y nuestra causa justa".

Lo que hemos visto, sin embargo, entre unos y otros—lores, columnistas, tabloides e hinchas borrachos—no es ni blando ni duro, sino directamente hooligan

Mañana se cumplirán tres semanas desde la notificación formal de la salida del Reino Unido de la Unión Europea (¡sólo han pasado 21 días!). Se ha hablado mucho de si el Brexit va a ser "duro", una escisión más o menos completa de todas las instituciones europeas, o "blando", con una solución a medias para permitir algún tipo de acceso al mercado común, o algún acuerdo sobre el libre flujo de personas entre países. Lo que hemos visto, sin embargo, entre unos y otros—lores, columnistas, tabloides e hinchas borrachos—no es ni blando ni duro, sino directamente hooligan. La porquería nacional entiende que el resultado del referéndum les autoriza para destrozar un poco todo y dar rienda suelta a las más infames pasiones nacionales, que en el 2017 no vienen a cuento. Si vemos cualquier lista seria de estrategias de negociación, no encontraremos las técnicas empleadas en estas tres semanas por los ingleses en España. Ese ramalazo patrio de querer destrozarlo todo, pase lo que pase, sea cual sea el resultado, conocido como la opción "lose-lose" (perder-perder), al estilo Trump, no es constructivo, pero debería preocupar a los europeos al otro lado de la mesa negociadora también, y por ende a los españoles. Una estrategia unilateral de tierra quemada a nivel cultural, político y diplomático, por ignorante y terco que fuera, por mucho que Theresa May intentara gestionarlo, dañaría los intereses reales de todos.


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