OPINIÓN

Por qué el fracaso de Podemos sugiere una victoria de Trump

En el otoño de 2016, ocho años y medio después del estallido de la crisis financiera, la situación internacional claramente ha cambiado a mejor, y eso que aún quedan 55 días del año para más sustos y sorpresas.

El candidato republicano a la presidencia de EEUU Donald Trump y su rival demócrata Hillary Clinton.
El candidato republicano a la presidencia de EEUU Donald Trump y su rival demócrata Hillary Clinton. EFE

Todos queremos un futuro digno del nombre y, para los que tenemos hijos, queremos que el suyo sea mejor que el nuestro. Más justicia, mejores oportunidades, más libertad, más riqueza y, por qué no, más solidaridad. Pocos son en el fondo los que quieren que el hermano o la abuela pasen hambre. Existe la idea de que la sociedad que construimos alrededor de nosotros, en el espacio público, debe favorecer esos fines, que no entorpecerlos o prohibirlos. Si nos sentimos gravemente ofendidos por otro, reclamamos justicia, que no la mera aplicación de las leyes, a los tribunales, tarden estos más o menos tiempo en dictar sentencia. Si como emprendedor o empresario percibimos una oportunidad para suministrar un nuevo producto a nuestros clientes, no queremos que la burocracia y los distintos reglamentos públicos obstaculicen la operación. Si nos atacan desde fuera, exigimos que la sociedad se proteja, que nos protejamos. Es decir, en teoría unidos somos más fuertes que solos en este mundo tan grande.

En EE UU, un joven senador de Illinois hacía campaña hablando de esperanza y cambio, gritando "Yes we can!" por todo el país

Allá por la primavera de 2008, parecía que no íbamos mal. En el Reino Unido, Gordon Brown se había hecho con Downing Street tras 10 años de implementación de la famosa Tercera Vía de Tony Blair, a falta de unos meses para el colapso de Lehman Brothers; en España, los electores acababan de depositar su confianza de nuevo en Zapatero, aún sin ser conscientes del inminente colapso del boom inmobiliario; a nivel europeo, seis años después de la introducción del euro, se hablaba de un posible Estados Unidos de Europa como una opción seria, todavía a casi dos años del comienzo de la crisis de la eurozona. En EE UU, un joven senador de Illinois hacía campaña hablando de esperanza y cambio, gritando "Yes we can!" por todo el país. En poco más de un año, sería no sólo Presidente de los Estados Unidos sino también Premio Nobel de la Paz. Y en Colombia, se liberó, tras seis años de cautiverio en manos de las FARC, a Ingrid Betancourt.

En el otoño de 2016, ocho años y medio después, la cosa claramente ha cambiado, y eso que aún quedan 55 días del año para más sustos y sorpresas. En el Reino Unido, los británicos votaron salir de la Unión Europea, con un tono xenófobo muy preocupante; en España, los españoles no pudieron decidir quién querían que les gobernara, pero al final no ganó el gran asaltó al cielo sino un presidente que hizo campaña entre alcachofas y vacas; Europa, a la vez que se veía sumergida en la crisis del Brexit, constataba el auge de la extrema derecha en varios países, incluido en el histórico núcleo franco-alemán; en EE UU, en vez de esperanza, cambio y juventud, tenemos a dos candidatos en edad de jubilación lanzándose insultos y desprecio, el uno mentiroso compulsivo y la otra aún bajo investigación criminal del FBI. Y en Colombia, el pueblo rechazó un histórico acuerdo de paz con las FARC.

En cada caso, una ligera mayoría de votantes ha dicho: «pues no trago»

¿Qué ha pasado? ¿Hay algún elemento en común? Si el cambio era el Brexit en el Reino Unido, ¿por qué ha fracasado Pablo Iglesias en España? Si nos fijamos en todos los ejemplos anteriores, ha ganado la opción más o menos de derechas, al menos conservadora, cuando no tendente a la xenofobia o el racismo. Se rechazó, o se está rechazando, la promesa progresista que el otro bando les hacía: no a seguir en la Unión Europea, no a esas políticas europeas sobre inmigración, no al asalto al cielo en España y no a esa paz en Colombia. No así. Eran o son todas opciones que ofrecían algo mejor en el futuro comparado con un presente problemático, si tragaba el votante con algo que no deseaba mientras. La Unión Europea, si Ud. traga con el problema de los inmigrantes; la reforma del régimen del '78 en España, si Ud. traga con los aspectos chavistas del proyecto y no la prometida tierra escandinava; la paz con las FARC después de 50 años de violencia, si Ud. traga con los escaños obligatorios en el Congreso durante unos años. En cada caso, una ligera mayoría de votantes ha dicho: «pues no trago».

No convencen los "Unicornios para todos" dentro de cinco años, así que mejor pan y agua para los míos hoy

Desde la izquierda hacia la derecha, desde un futuro de praderas resplandecientes hacia un presente más duro, desde la apertura y al otro hacia el cerrazón y el yo, y desde el progreso hacia conservar lo que hay. No convencen los "Unicornios para todos" dentro de cinco años, así que mejor pan y agua para los míos hoy. Y no son sólo las promesas sino que tampoco funcionan muy bien los sistemas actuales (los barcos a los que me refería la semana pasada). Así que si eso nos paramos e incluso volvemos hacia atrás. Que sea a costa del Gran Proyecto Europeo, que retrase la paz en Colombia, o que implique refrendar a un presidente en España cuya opción preferida es decir casi nada, hacer poco y esperar a que sus enemigos políticos se estrellen solitos, hartos del vacío. Así parece ser la marcha de la Historia en este año 2016 y por eso diría que mañana en EE UU va a ganar Donald Trump.


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