OPINIÓN

Quiero un cuerpo de élite de pensadores en desastres

Necesitamos a un grupo de hombres y mujeres cuya misión es la comprensión sistémica de los desastres, cuyo fin es entender lo que realmente ocurrió, y luego ordenar o recomendar cambios concretos en nuestros sistemas para que no vuelva a ocurrir.

Quiero un cuerpo de élite de pensadores en desastres.
Quiero un cuerpo de élite de pensadores en desastres. EFE

Desastre, desastre, desastre, atentado, desastre. Se estrella de repente un avión, descarrila sin avisar un tren, en un instante explota la bomba terrorista o empiezan a pegar tiros en la calle, o—en cuestión de minutos mientras las familias duermen de madrugada—se incendia el edificio entero, cual cerilla gigante. En cada caso, nadie se lo esperaba, y nadie pudo hacer nada para evitarlo. Si no, no se habría producido la desgracia. «¿Nosotros?», dicen los gobiernos, «¿nosotros qué pudimos hacer? Si nadie lo sabía».

Si uno hace informaciones suficientes sobre todos estos sucesos, o si se pone a investigar uno u otro caso con más profundidad, con más detenimiento, o si es él mismo víctima de tal desgracia en algún momento de su vida, aprende ciertas cosas sobre cómo funciona el todo, algunas detalles y relaciones ciertamente profundas y existenciales.

En el momento de desencadenarse la situación nociva, ya nada se puede hacer para evitarla

Aprende, por ejemplo, que, efectivamente, en el momento de desencadenarse la situación nociva, ya nada se puede hacer para evitarla. Sale la bala de la pistola, se sube el coche a la acera llena de viandantes, el malo aprieta el detonador, sale el tren del último túnel, o se suelta el tornillo clave que juntaba el ala del avión con el resto del fuselaje. A partir de ahí, que la suerte le acompañe. En cuestión de pocos segundos, sabrá si le toca dejar esta vida para siempre, estar el resto de su existencia terrenal gravemente herido o, por algún tipo de casualidad milagrosa, sobrevivir sin rasguño físico alguno, mientras caen todos a su alrededor.

También aprende, sin embargo, que todo este tipo de sucesos son más evitables de lo que nos hacen creer. La bala, el túnel, la bomba o el tornillo son el último eslabón de varias cadenas muy largas de complejas situaciones anteriores que se combinan de mala manera para crear la desgracia en esos precisos instantes. Nunca es tan sencillo como parece.Siempre se ha llegado a esa situación concreta por toda una serie de razones lógicas.

Resulta que estas desgracias ocurren en todas las naciones y que cada país y cada Gobierno responden a su manera

Si uno, además, habla idiomas y viene de otro país, no puede evitar las comparaciones, por odiosas que sean. Resulta que estas desgracias ocurren en todas las naciones y que cada país y cada Gobierno responden a su manera. Que si Yak-42, Spanair, 11-M, Metro de Valencia o Alvia en Angrois en España, o Hillsborough, Herald of Free Enterprise, 7-J o Torre Grenfell en Reino Unido. Si nos ponemos, podríamos incluir también sucesos como la crisis del ébola, o los desastres naturales como los terremotos (mírese, por ejemplo, las distintas respuestas de Japón y Haití a sendos sismos potentes). Sistemas complejos que producen, se enfrentan a y se recuperan de desgracias repentinas.

Las víctimas (las que sobreviven) y sus familiares siempre quieren y exigen lo mismo: seriedad, ayuda, responsabilidad, reconocimiento y, sobre todo, la verdad. Que se les reconozca lo que ha ocurrido. Que nadie intente escurrir el bulto, que el Estado no les ningunee, o que los responsables políticos o policiales no mientan como bellacos a la hora de contar lo sucedido. Obviamente (diríamos, aunque luego ha pasado en esta vida real) no quieren que se les entreguen los restos equivocados, de otro ser querido que no es el suyo (por coger un ejemplo español, el del Yak 42), ni que se les tilde de escoria obrera borracha antes de hacerles esperar 30 años para eso que llamamos "justicia" (por coger un caso británico, el de Hillsborough).

Pero así, una y otra vez, ya en pleno siglo XXI, siguen respondiendo nuestros gobernantes y sistemas políticos. Ahora el Gobierno reconoce la responsabilidad del Estado en el caso del Yak en España; ahora a los franceses se les ocurre cruzar la lista de terroristas sospechosos con la lista de permisos de armas; ahora a los ingleses se les ocurre comprobar el revestimiento inflamable en las torres de viviendas públicas (de momento van por 60 que han dado positivo).

¿Y si, en vez del típico desprecio hacia las víctimas y las larguísimas esperas por desvelar lo que realmente ocurrió, nuestros sistemas nacionales fueran más adecuados?

Tal vez sea un fallo importante en el diseño de esa parte de nuestros sistemas nacionales. Porque hay otras maneras de responder. Hay otras opciones más constructivas. ¿Y si, en vez del típico desprecio hacia las víctimas y las larguísimas esperas por desvelar lo que realmente ocurrió, nuestros sistemas nacionales—que pagamos todos—fueran más adecuados? No sólo en responder mejor en esos aspectos típicos sino que fueran capaces de aprender de las desgracias y mejorar el sistema para que no vuelvan a ocurrir así (ocurrirán de otra manera, pero no asi).

Posible, es posible. Miren si no lo que ha ocurrido en las últimas décadas en el sector de la aviación. Se analiza cada accidente, cada incidente grave, hasta la saciedad, con los expertos, informes, pruebas y lógica que hagan falta, para entender primero lo que realmente ha pasado y luego ordenar o recomendar (según el caso) los pasos que se deben de tomar para que no vuelva a ocurrir. Aquí tienen el gráfico: de más de cuatro (4) accidentes mortales por millón de vuelos en los años setenta a menos de la mitad de uno (0.5) en 2016.

Mi sugerencia es que se establezcan organismos independientes (ahí está el primer problema, lo sé) no judiciales que tienen plenos poderes para investigar todos los sucesos graves que ocurren en un país. No uno de trenes, otro de aviones y luego la policía el terrorismo. Un organismo conjunto, con expertos de todas las ramas de conocimiento necesarias. Se complementarían y abrirían mentes. Y digo "no judicial" por una razón: los jueces van a las leyes, como es su deber: su mandato es establecer si se ha infringido alguna ley. Y los políticos, como todos sabemos, van también a lo que van, a marcar goles sectarios, a triunfar en el gran "y tú más". Necesitamos a un grupo de hombres y mujeres cuya misión es la comprensión sistémica de todo esto, cuyo fin es entender lo que realmente ocurrió, y luego ordenar o recomendar cambios concretos en nuestros sistemas para que no vuelva a ocurrir. Encuentren los fallos dónde los encuentren.


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