OPINIÓN

Europa sin rumbo

Los Estados Unidos de Europa dejaron de ser una opción realista con la crisis financiera. Dudo que las otras propuestas de futuro que propone Juncker tengan la capacidad de convencer a los ciudadanos europeos.

Theresa May, primera ministra británica, saluda a François Hollande en París.
Theresa May, primera ministra británica, saluda a François Hollande en París. EFE

Escasean las declaraciones de apoyo a Mark Rutte, el primer ministro holandés, dos días antes de las elecciones. Aparte de la «gran consternación» del primer ministro danés, Lars Løkke Rasmussen, en Facebook al anunciar que se pospone la reunión con su homólogo turco, Binali Yildirim, la BBC sólo pudo dar con las declaraciones del Ministro de Interior alemán, Thomas de Maizière, sobre los mitines de los ministros turcos para el referéndum de Erdogan: «una campaña turca no pinta nada aquí en Alemania». El día 6, antes de estallar la crisis entre Holanda y Turquía, el Ministro de Asuntos Exteriores español, Alfonso Dastis, dijo que tales mítines se podrían celebrar «sin ningún problema» en España, aunque «la colonia turca en Madrid no justifica el desplazamiento de un ministro a España». Está semana no está ni en el continente, sino en un viaje a Perú y México.

Resueltas las enmiendas, en un sentido o en otro, Theresa May podrá dar el pistoletazo de salida formal y activar el famoso Artículo 50 del Tratado de Lisboa

En Londres el lunes, la Cámara de los Comunes debatía las enmiendas de los Lores sobre el Brexit. A pesar de su sensatez—una garantía para los ciudadanos europeos en Reino Unido y una votación sobre el acuerdo alcanzado—se espera que sean rechazadas, aunque existe la posibilidad de un par de días de ping pong parlamentario hasta que se pongan de acuerdo. Resueltas las enmiendas, en un sentido o en otro, Theresa May podrá dar el pistoletazo de salida formal y activar el famoso Artículo 50 del Tratado de Lisboa, notificando a las instituciones europeas que hay Brexit. Mariano Rajoy dijo el viernes que el Brexit era una «mala noticia» y defendió a Europa: «una historia de éxito y ahora toca dar un paso hacia adelante». No obstante el problema para encontrar más dinero para contentar a Donald Trump gastando más en Defensa, se constató la existencia de otro problema presupuestario para los europeos: cómo llenar el vacío en la hucha comunitaria cuando los miles de millones en contribuciones netas británicas dejan de ingresarse. Y, más importante, quién los va a poner.

Juncker presentó sus cinco sugerencias para el posible futuro del continente el 1 de marzo: seguir como siempre, reducir el proyecto al mercado único, la Europa de varias velocidades

Me he preguntado estos meses a dónde se dirigía realmente España, qué sería no ya de la política o de la economía españolas sin Europa sino de la propia identidad cultural de los españoles modernos, y quién estaría dispuesto realmente a morir por Europa, a sangrar por Jean Claude Juncker. Ahora Europa está afectada por la misma falta de rumbo. Juncker presentó sus cinco sugerencias para el posible futuro del continente el 1 de marzo: seguir como siempre, reducir el proyecto al mercado único, la Europa de varias velocidades, hacer menos con menos, o hacer mucho más juntos, lo que llegaría a ser la idea de unos Estados Unidos de Europa. Rajoy abogó por esta última opción: «una más y mejor integración entre los distintos países que conformamos la Unión Europea» pero parece que la opción de la que más se habla estos días es la Europa multiforme. Esas diferencias, sin embargo, ya se están enmarcando de muchas maneras: círculos concéntricos, geometría variable, dos velocidades, varios estratos, etc. El mismo Juncker—canalizando tal vez al lingüista estadounidense Lakoff (si te digo que no pienses en un elefante, pensarás en un elefante)—negó que la intención de dicha opción sea crear «una nueva línea de division, un nuevo tipo de telón de acero entre el Este y el Oeste».

Una sociedad compleja debe decidir si es capaz de reorientar el rumbo e invertir de nuevo para mantener la unión, o enfrentarse al colapso

El antropólogo e historiador estadounidense Joseph Tainter es conocido por su libro y teoría del colapso de sociedades complejas. Postula que dichas sociedades 1) se crean para solucionar problemas compartidos y 2) requieren de energía y recursos para su mantenimiento, pero que 3) dichos costes aumentan per capita con el aumento constante del coste y la complejidad que en teoría solucionaba los problemas iniciales; con el paso del tiempo y el aumento de presión sobre el sistema (Brexit, Trump, Turquía, la crisis migratoria, etc.), sólo sirven para mantener el tinglado, con ventajas cada vez menores. «Una sociedad compleja experimenta un aumento de la adversidad y la falta de satisfacción», escribe Tainter. 4) Llega un momento en el que a mayor inversión, cada vez menos rendimiento, y ahí se abre un periodo de gran peligro. Una sociedad compleja debe decidir si es capaz de reorientar el rumbo e invertir de nuevo para mantener la unión, o enfrentarse al colapso. En tal situación, aproximada, podría encontrarse el proyecto europeo. Si no en peligro de colapso inminente, sí en un periodo de confusión, recriminación, creciente división y desánimo. Se necesitarían ganas, ideas, liderazgo, energía y recursos para avanzar. No veo que Europa los tenga en estos momentos. Los Estados Unidos de Europa dejaron de ser una opción realista con la crisis financiera. Dudo que las otras propuestas de futuro que propone Juncker tengan la capacidad de convencer a los ciudadanos europeos.


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