OPINIÓN

Echeverría y Mendieta: España y sus muertos

¿Cuál es la diferencia entre tener la certeza de saber que es el cuerpo de tu hermano asesinado por terroristas en Londres hace unos días y tener la certeza que has encontrado por fin a papá, tras 78 años de búsqueda? ¿Por qué el Estado actúa con una celeridad ejemplar en un caso pero una reticencia negligente en el otro?

Echeverría y Mendieta: España y sus muertos.
Echeverría y Mendieta: España y sus muertos.

Iba a escribir esta columna entera esta semana sobre Echeverría. El suyo en Londres fue un acto heroico. Optó, ante esa amenaza repentina, liarla con los terroristas asesinos en defensa de una mujer amenazada. Con su monopatín. No lo conocía, y no conozco ni he hablado esta semana con sus familiares. Bastante tienen. Me quedo con la valentía de él y con la respuesta y la entereza no menos ejemplares de sus padres y hermanos. Nunca sabremos lo que le motivó a hacerlo.

Algunas de las viñetas han sido sublimes, sobre todo, a mi parecer, la de los superhéroes que van en patín, y la que tiene a Blas de Lezo y Pelayo cruzando espadas alzadas en la antesala del cielo, dando a Echeverría recibimiento.

Quien sabe si por el fervor popular o por instinto propio, el Presidente del Gobierno anunció el miércoles que se le iba a conceder la Cruz de Plata de la Orden del Mérito Civil

Quien sabe si por el fervor popular o por instinto propio, el Presidente del Gobierno anunció el miércoles que se le iba a conceder la Cruz de Plata de la Orden del Mérito Civil, una orden que existe para premiar: “las virtudes cívicas de los funcionarios al servicio del Estado, así como los servicios extraordinarios de los ciudadanos españoles y extranjeros en el bien de la Nación”.

Algo cutre, pensé en un primer momento, así que excelente me pareció la iniciativa de sugerirle a Rajoy antes del viernes que mejor la Gran Cruz, de máximo rango, que no la otra, de Plata, la más baja. Desconozco de dónde salió la rectificación, pero ha sido un acierto.

El Excelentísimo Señor Don Ignacio Echeverría (porque así se les trata a los caballeros de la Gran Cruz) tendrá un instituto a su nombre, y hay una petición en Change.org para una calle también.

Al final, pese a los rumores, no le disparó la Policía de Londres para luego esconder el cadáver antes de las elecciones generales. Sólo fue un lamentable retraso en los procesos forenses. El Embajador del Reino Unido en España, Simon Manley, admitió el lunes que se debería "mejorar" en la eficacia de esos procesos.

Hubo más héroes esa noche. Geoff Ho, por ejemplo, el jefe de Economía del Sunday Express, quien se enfrentó a los terroristas en uno de los bares

Entiendo que hubo muchos héroes más esa noche. Geoff Ho, por ejemplo, el jefe de Economía del Sunday Express, quien se enfrentó a los terroristas en uno de los bares. O, como él mismo dice al final de su artículo, los policías, médicos y técnicos en emergencias sanitarias quienes se fueron corriendo hacia el peligro el sábado pasado: "ellos lo hacen las 24 horas al día, siete días a la semana. Son los héroes que nunca descansan".

Todo merecido. Ni un "pero" le pongo a Echeverría. Faltaría más. Y en menos de una semana, más allá de su valentía personal y humano en ese instante, España tenía un nuevo héroe, quien formará para siempre parte de la narrativa nacional.

Si los informativos lo hubiesen dejado allí, redondo (a nivel ya de la columna, digo, no Echeverría, obviamente, que fue trágico). Pero luego me ha impactado también la historia de Ascensión Mendieta.

Timoteo Mendieta, desparecido y ejecutado en 1939 durante la Guerra Civil

A la señora Mendieta, con 91 años, una abogada argentina, Ana Messuti, le notificó que una prueba de ADN había confirmado que los restos de un cadáver exhumado recientemente de la fosa común en el cementerio de Guadalajara eran los de su padre, Timoteo Mendieta, desparecido y ejecutado en 1939 durante la Guerra Civil.

Dicha prueba de ADN había sido solicitada por una jueza argentina, María Romilda Servini, haciendo uso del principio de justicia universal para investigar.

Décadas después, la parte más impactante, a mi juicio, viene aquí y de nuevo viene a nivel personal. Resulta, según el hijo de la señora Mendieta, que fue ella, con 13 años, quien abrió la puerta a los verdugos de su padre. La niña vio como se marchaba papá y ha pasado el resto de su vida «viviendo con este pesar, con esa espina».

Con razón a la anciana se le veía tan sonriente al tener la confirmación de la prueba de ADN. 78 años después. Tras toda una vida luchando, ya sabe dónde está papá.

«Para la querella argentina es un primer logro tangible», dijo Messuti: «Demuestra que la justicia universal funciona porque se logró todo un circuito de colaboración judicial. Lo ideal hubiera sido que la justicia hubiera actuado en el territorio». Es decir, que España hubiese investigado todo esto por su cuenta.

Dos historias españolas, entre millones más, que el país decide resaltar por dos motivos distintos una buena semana de junio de 2017. Dos historias sobre la muerte terrorífica, de dos épocas muy distintas

Y ahí no he podido evitar pensar en el todo. Dos historias españolas, entre millones más, que el país decide resaltar por dos motivos distintos una buena semana de junio de 2017. Dos historias sobre la muerte terrorífica, de dos épocas muy distintas.

En un caso, muy merecido, se reconoce de manera oficial la muerte y el heroísmo del señor en un tiempo récord, por encarnar los valores públicos deseados por todos. En el otro caso, se hizo un pacto de silencio que duraría décadas y se les niega a ciudadanos españoles familiares de las víctimas, muchos de ellos llegando al final de sus propias vidas, siquiera una investigación para saber si los restos son de sus seres queridos o no. Han tenido que ir al otro lado del planeta para pedir amparo.

A nivel humano, familiar, personal, ¿cuál es la diferencia entre tener la certeza de saber que es el cuerpo de tu hermano asesinado por terroristas en Londres hace unos días y tener la certeza que has encontrado por fin a papá, tras 78 años de búsqueda, cuando fuiste tú quién le abrió la puerta a sus verdugos? ¿Por qué el Estado actúa con una celeridad ejemplar en un caso pero una reticencia negligente en el otro?

Justicia e injusticia. Que descansen en paz ambos.


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