OPINIÓN

Chamuscar la barba del Rey de España por Gibraltar

A los cinco días de la notificación del Brexit, las ganas de negociaciones constructivas ya han degenerado en un cruce de acusaciones e insultos para ver quien la tiene más grande en Gibraltar.

Chamuscar la barba del Rey de España por Gibraltar.
Chamuscar la barba del Rey de España por Gibraltar. EFE

Tal vez lo de Boaty McBoatface y Blas de Lezo presagiaba el troleo histórico de España al Reino Unido a raíz del Brexit y Gibraltar esta semana pasada. Visto como un gol diplomático de Madrid, tiene su gracia. Un escueto párrafo de 35 palabras en el borrador—que no la versión final, ojo—de la posición negociadora del Consejo Europeo ante el Brexit: "Después de que el Reino Unido deje la Unión, ningún acuerdo entre la UE y el Reino Unido será aplicable al territorio de Gibraltar sin el acuerdo entre el Reino de España y el Reino Unido".

Bruselas respalda por primera vez la primacía de España en la cuestión de Gibraltar

No termino de comprender cómo España pretende impedir que se aplique un acuerdo en territorio soberano británico, pero ahí está: Bruselas respalda por primera vez la primacía de España—que seguirá siendo estado miembro—en la cuestión de Gibraltar y la convierte en un tema bilateral, un enfoque que España ha buscado desde hace años. ¿Por qué bilateral que no trilateral? Para los llanitos, como explicó Picardo ante la ONU en octubre, bilateral equivale a ignorar los deseos de los gibraltareños, y que lo único que busca España realmente es la anexión del Peñón. No es la primera vez que España intenta colar del tema de Gibraltar en unas negociaciones con Londres pero vista la reacción, sí la que más ha dolido.

Y menuda reacción. En un primer momento, la Embajada británica en Madrid se limitó a remitir a las declaraciones de Theresa May en el parlamento el miércoles pasado, el día de la notificación del Brexit: «jamás», dijo, se hablaría de «entrar en un proceso de negociación de la soberanía con el que Gibraltar no esté contento». Londres seguía abogando «con ilusión» por unas negociaciones de salida «constructivas». La primera respuesta de Picardo fue más guerrera: una España «predadora» había apuntado a Gibraltar en «un intento vergonzoso» de «manipular el Consejo Europeo para sus propios estrechos intereses políticos».

Lord Michael Howard, de manera nada sutil, dijo que el Reino Unido iría a la guerra contra España si se trataba de la soberanía de Gibraltar

Se mantuvieron aproximadamente las formas hasta que el domingo abrió la boca Lord Michael Howard, el Barón Howard of Lympne, antiguo líder del Partido Conservador en la oposición y Ministro del Interior con John Major en los años noventa. Aprovechó tan feliz el 35 aniversario de la Guerra de las Malvinas para asegurar al país—y al mundo—que claro que Theresa May mostraría la misma fortaleza con España y Gibraltar en pleno Siglo XXI que Margaret Thatcher con Argentina y las Malvinas en los años ochenta, que nadie lo dude. Es decir, de manera nada sutil, dijo que el Reino Unido iría a la guerra contra España si se trataba de la soberanía de Gibraltar.

Lejos de repudiar el gobierno sus comentarios, el Ministro de Defensa actual (no el de hace veinte años) dijo en persona en la BBC que el Reino Unido protegerá «del todo» («con todas las consecuencias») a los habitantes de Gibraltar. El Telegraph encontró a un contralmirante jubilado, Chris Parry, veterano de la Guerra de las Malvinas (con lo que debería haber pensado un poco más antes de opinar). El almirante aprovechó unos comentarios sobre la decadencia relativa de la Royal Navy en los últimos 35 años para dejar claro que los ingleses aún podrían «mutilar a España» y «chamuscar la barba del Rey de España».

The Sun al final no pudo resistirse y publicó una columna del antiguo director del periódico, Kelvin Mackenzie, en la que llama a los españoles "follaburros"

«Alguien en Reino Unido está perdiendo los nervios», dijo Dastis el lunes. «Europa es como un marido cornudo», contestó en otro foro Picardo: «que se lo está haciendo pagar a los niños». The Sun al final no pudo resistirse y publicó una columna del antiguo director del periódico, Kelvin Mackenzie, en la que llama a los españoles «follaburros» y propone, como "solución" a la pelea (prepárense): que los turistas ingleses abandonen España, que se cierre el espacio aéreo a los vuelos procedentes de España, que se retiren las cuotas de pesca a los barcos españoles, que se eche a los 125.000 españoles residentes en Reino Unido, que se cree un impuesto especial para el vino de Rioja, y que se anule la visita de Estado de los Reyes a Londres en junio.

A los cinco días de la notificación del Brexit—o, visto al revés, cuando aún faltan 725 días para que concluya el proceso formal—las ganas de negociaciones constructivas ya han degenerado en un cruce de acusaciones e insultos para ver quien la tiene más grande en Gibraltar. Son absolutamente irresponsables las declaraciones del Almirante Parry y de Michael Howard, es incomprensible que Downing Street a estas horas (del lunes mientras escribo) no haya salido a rechazarlos, y es extremadamente ofensiva la columna de Mackenzie. También reprocharía, sin embargo, el gol diplomático de España, por cortoplacista: saben desde hace 300 años que el Reino Unido no va a renunciar al Peñón. Ya han visto la reacción.

Así, señores aliados de la OTAN, no solucionamos el problema del Brexit

En teoría, sigue siendo posible un acuerdo sensato, pero así, señores aliados de la OTAN, no solucionamos el problema del Brexit para los centenares de miles de ciudadanos—de ambos países—afectados, las miles de empresas británicas y españolas implicadas, y los miles de millones en comercio e inversión bilaterales.


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