OPINIÓN

Adolfo Suárez, el melón de la Monarquía y la España republicana

Ahí tenemos a uno de los mayores protagonistas de la Transición, Adolfo Suárez en primera persona, admitiendo que los españoles, en el fondo, no querían una monarquía. Menuda manera de abrir el melón.

Adolfo Suárez.
Adolfo Suárez.

Suárez. De la boca de Suárez. De la boca del mismo Adolfo Suárez, mito y artífice de la alabada Transición española, ganador entre los ganadores de la Tercera Ola de democratización moderna de Huntington, salieron las palabras. Referéndum. Monarquía o república. «Hacía encuestas y perdíamos […] Entonces yo metí la palabra Rey y la palabra monarquía en la ley y así dije que había sido sometido a referéndum ya». En el momento de enunciarlas, durante un momento off-the-record en la entrevista con Victoria Prego en 1995, no estaba, al contrario de lo sugerido por el director de El Mundo esta semana, mostrando ya los primeros síntomas de la cruel enfermedad que luego sufriría. «En absoluto», me dijo el domingo el hispanista Charles Powell, hoy Catedrático de Historia en el San Pablo CEU en Madrid: «la última vez que lo vi de verdad fue en 1997, tras organizar el aniversario de las elecciones de 1977. No vi ninguna prueba de eso [el comienzo de la enfermedad] en 1997».

La preocupación principal del presidente era que González reconociese la Monarquía, pero éste insistía en someter la cuestión a referéndum

Charles T. Powell

Powell, autor de sendos libros en inglés y en español sobre la Transición y Juan Carlos I (El Piloto del Cambio, Editorial Planeta, 1991 y Juan Carlos of Spain: Self-Made Monarch, Palgrave Macmillan, 1996), estuvo presente en 1983 en un seminario en Toledo al que había asistido no sólo Suárez sino, entre otros, Felipe González, Manuel Gutiérrez Mellado y Vicente Enrique y Tarancón. Escuchándolos atentamente estaba Powell, en aquel momento doctorando sobre la Transición en la Universidad de Oxford, y también Stanley Payne y Paul Preston. «A mi me tocaba redactar las preguntas», me dijo Powell: «teníamos medio día con cada uno, con sesiones por la mañana y por la tarde. Grabamos todas las conversaciones y luego usé eso para mi tesis y para el libro, igual que Preston y Payne y los demás».

En la página 183 de Piloto del Cambio, podemos leer: «La preocupación principal del presidente era que González reconociese la Monarquía, pero éste insistía en someter la cuestión a referéndum. En opinión de Suárez, 'someter a referéndum la legitimidad monárquica era romper con lo anterior y con la posibilidad de hacer la transición desde el poder', y por si fuera poco, era probable que el resultado fuese favorable a la opción republicana». Y Jorge Miquel no era el único haciendo encuestas en ese periodo. Las suyas, que ha recogido El Mundo esta semana, empiezan en octubre de 1976. Había otras, no publicadas hasta varios años después, de la Fundación FOESSA, que se hicieron sobre la popularidad de la monarquía a partir de enero y febrero de 1977. Pero si prestamos atención a las palabras de Suárez con Prego, debe estar refiriéndose a otras más, por las fechas del asunto y las referencias a Felipe González, con quien tuvo dos reuniones en el verano de 1976, según Powell: «una fue secreta y luego la otra no tanto, en julio y agosto, y fue en ese momento cuando nos dijo que Felipe, idealmente, quería que fuéramos pragmáticos […] pero no obstante aún quería un referéndum sobre la monarquía».

Si el país funcionaba ya a la perfección, o cercano a ella, el secreto desvelado esta semana sería una divertida anécdota histórica sin mayores implicaciones

Y todas estas encuestas se hacían «antes de legalizarse los partidos políticos, en un contexto semi-autoritario». «Nunca nos dijo», explicó Powell: «cuál había sido la fuente de las encuestas […] supongo que se refería a 1976, a julio de 1976», añadiendo que lo importante no era tanto eso sino si la cuestión de la monarquía se había planteado bien después. Opina que sí, y no sólo en la Ley de Reforma Política mencionada por Suárez, sino en el debate y la votación en el Congreso en mayo de 1978 sobre el anteproyecto de Constitución y la aceptación o no de la monarquía parlamentaria como forma de Estado en España. «UCD y el Partido Comunista votaron a favor», y los socialistas se abstuvieron, «pero a partir de ahí votaban a favor». El mismo Rey Juan Carlos se preocupaba, según Powell—citando a periodistas de la época que mantuvieron conversaciones con Su Majestad y con Suárez—«de que una votación parlamentaria no era suficiente, pero Suárez lo convenció […] Suárez, en mis conversaciones con él, siempre era muy protector con el Rey: 'Hay que proteger al Rey del Rey'».

De aquellos franquistas, estos Podemitas

Aclarado todo esto, y entendiendo el contexto histórico de los primeros meses de la Transición, con un Suárez recién estrenado en el puesto y antes de someterse a referéndum la Ley de Reforma Política—«es evidente que a la muerte de Franco un referéndum sobre Monarquía o República se hubiera perdido», dijo Prego en su artículo de este domingo— volvamos al presente, a la situación actual del país y al debate sobre la reforma constitucional, porque está todo relacionado. De aquellos franquistas, estos Podemitas, por abusar un momento de la frase hecha. Ese renglón torcido que nos lleva desde Franco hasta Gabriel Rufián, quien esta semana ha dicho que: «los mismos que no permitieron que el pueblo votara la monarquía en 1978, son los que ahora no quieren un referéndum de autodeterminación porque podrían perderlo». Si el país funcionaba ya a la perfección, o cercano a ella, el secreto desvelado esta semana sería una divertida anécdota histórica sin mayores implicaciones. Pero por mucho que se redacten excusas, por mucho que se salga de la gran narrativa de la Transición, ahí le tenemos a uno de sus mayores protagonistas, Adolfo Suárez en primera persona, admitiendo que los españoles, en el fondo, no querían una monarquía. Menuda manera de abrir ese melón.


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