Henry James nos enseñó que siempre es posible otra vuelta de tuerca. Decíamos aquí hace sólo unos días que la política española funcionaba como un reality show. Estábamos equivocados. Porque nos habíamos quedado cortos. Ahora ya la política y los realities se han fusionado a raíz del tremendo caso de Rocío Carrasco y Antonio David. Un caso en el que por fuerza tenemos que detenernos de nuevo porque la España que ve la televisión no habla de otra cosa, si bien el esperado final de La isla de las tentaciones de este miércoles puede eclipsar paradójicamente el tema de moda.

De todo el espectáculo al que estamos asistiendo surgen muchas reflexiones posibles. Casi infinitas. Porque el asunto presenta muy diversas aristas que se abren a discusión. Pero servidor no puede quitarse de la cabeza el componente pretendidamente feminista del asunto. A este respecto provoca sonrojo, o incluso vergüenza ajena, esta suerte de lavado de imagen en que se ha embarcado Telecinco mediante la emisión del documental de Rocío Carrasco y el posterior despido de Antonio David.

Recuerdo que el pasado 8-M David Bollero escribía en Público un artículo donde hablaba acertadamente del "feminismo de quita y pon". Feliz hallazgo para definir lo que está pasando en este caso en la cadena de Mediaset. Porque no está de más recordar, llegados a este punto, que muchos de los que ahora exhiben perspectiva feminista en el caso de marras son los mismos que destrozaban día sí y día también a la propia Carrasco al grito de "mala madre" en los mismos programas de Telecinco donde ahora se alaba su testimonio.

Esos tertulianos y presentadores de súbito feministas también son los mismos que se olvidaron de cualquier atisbo de sororidad cuando menospreciaron o directamente silenciaron el caso de la supuesta violación a Carlota Prado

Esa expresión tan repetida, "mala madre", no es baladí, porque no sólo evidenciaba las preferencias de quienes la usaban por Antonio David, sino también el desprecio a Carrasco porque "no se ocupa de sus hijos", en lo que evidentemente supone una visión bastante machista de cómo debe comportarse una mujer por el hecho de serlo. Pero es que además esos tertulianos y presentadores de súbito feministas también son los mismos que se olvidaron de cualquier atisbo de sororidad cuando menospreciaron o directamente silenciaron el caso de la supuesta violación a Carlota Prado, concursante de la última edición de Gran Hermano. Y los mismos que en su día a día televisivo, con determinados comentarios y determinadas actitudes, perpetúan los peores estereotipos de género.

En la otra orilla, en la de los políticos, tampoco están para tirar cohetes en materia de coherencia. ¿Por qué la clase política se interesa tanto por los presuntos maltratos de este caso a pesar de que las denuncias están sobreseídas (por ahora) y sin embargo tan sólo hace una semana ningún partido o representante público dijo nada sobre la detención y posterior puesta en libertad con cargos de Carlos, concursante de La isla de las tentaciones, por un presunto caso de violación? ¿El umbral para escandalizarse también es de quita y pon? La explicación se llama oportunismo, por resumirlo en una palabra.

Aquí se trata de enganchar a los espectadores a un culebrón que podrá incluir, por cierto, inesperadas vueltas de tuerca. Lo principal es hacer caja con todo ello. Lo demás, perspectiva feminista incluida, es secundario

Le pese a quien le pese, por encima de los mil un matices que amenazan con seguir creciendo, lo de Telecinco en este caso no es feminismo, es negocio. No sólo por las obvias cuestiones meramente dinerarias -la protagonista cobrando un pastizal o la inagotable publicidad del prime time-, sino por cómo se trocea el documental, con varias entregas para estirar en el tiempo los buenos datos de audiencia, y por el morbo insoportable con el que se aborda todo el caso. Aquí se trata de enganchar a los espectadores a un culebrón que podrá incluir, por cierto, inesperadas vueltas de tuerca. Lo principal es hacer caja con todo ello. Lo demás, perspectiva feminista incluida, es secundario.