Ya saben ustedes que a veces hacer zapping es una tortura. Lo mismo ocurre al navegar por la ingente cantidad de periódicos digitales. Pero este miércoles, mientras España se dividía otra vez entre los partidarios de Belén Esteban y los de María José Campanario y se entretenía con el lamentable rótulo de TVE, en muchos diarios se encontraba la buena nueva: David Trueba está rodando para Discovery una serie sobre Jordi Pujol, Marta Ferrusola y toda su acaudalada progenie.

La cosa va a llamarse La sagrada familia y constará de cuatro entregas, de una hora cada una, donde se narrarán las aventuras y desventuras de este clan catalán que, a raíz de la avalancha de noticias publicadas durante los últimos años, parece tener raíces sicilianas. Participan en la obra políticos, periodistas y colaboradores de la familia retratada. La serie, que es la primera que produce en España Discovery+, se estrenará esta primavera según acaba de anunciarse coincidiendo con la campaña de las elecciones catalanas. Su director declara, entre otras cosas, que "pocos materiales humanos pueden ser más ricos para retratar un tiempo y un país".

Lo primero que hay que analizar de esta noticia es que otra plataforma de streaming inyectando dinero para producir contenidos patrios es algo más que positivo. Porque aumentan las posibilidades de contar grandes historias como las que ya se están contando, sean ficción o realidad, en Netflix, Movistar, HBO o Filmin porque no caben, por sus costes y por su dudosa rentabilidad, en las cadenas en abierto.

Quizás si hubieran italianizado el título, con el término famiglia, aún tendría mejor pinta

Dicho esto, para juzgar el producto habrá que verlo primero, pero hay motivos para la esperanza. Trueba ha demostrado con todos sus trabajos anteriores que es un creador más que solvente pero, ante todo, honesto e independiente. Semejantes características no son baladíes en esta España del siglo XXI. El título promete tanto por su evidente referencia a ese monumento de la Ciudad Condal como por la elección de esa palabra, "familia", que en los productos audiovisuales nos retrotrae irremisiblemente a la saga de los Corleone. Quizás si lo hubieran italianizado, con el término famiglia, aún tendría mejor pinta.

Las peripecias vitales del patriarca, el ex molt honorable Jordi Pujol, ya eran demasiadas antes de que conociéramos su verdadera cara. Sin embargo, desde 2012, cuando aparecieron las primeras filtraciones sobre su supuesta corrupción, y, sobre toto, desde 2014, cuando el patriarca confesó que guardaba dinero en Andorra y empezaron a conocerse con minuciosidad los desmanes, todos presuntos, claro, de él mismo y de sus hijos y su esposa, la vida y milagros de todo el clan alcanzó una dimensión verdaderamente memorable.

Tiene razón Trueba, por tanto, cuando dice que no existe nada "más rico" para retratar toda una época de un país. Lo que no sabemos es el tamaño, que en este caso sí importa, de esa riqueza

En estos ocho años se han publicado tantas cosas sobre el clan Pujol que todos estamos un poco despistados. Abrumados, mejor dicho, por tanta información. Porque el número de cuentas en paraísos fiscales, de millones de euros almacenados en ellas, de las cantidades supuestamente evadidas a Hacienda y de irregularidades de lo más variado parece imposible de cuantificar. Tiene razón Trueba, por tanto, cuando dice que no existe nada "más rico" para retratar toda una época de un país. Lo que no sabemos es el tamaño, que en este caso sí importa, de esa riqueza.

Así las cosas, es de esperar que este documental de Trueba en cuatro entregas nos mostrará, sugerirá o desvelará no pocos detalles inquietantes en la existencia de los Pujol. Pero no creo, aunque nada desearía más que equivocarme en este aserto, que nos aclare cuánto dinero tiene esta familia inigualable.