Algún día alguien tendrá que explicar por qué en Televisión Española, gobierne quien gobierne la casa, sea la la administradora única, Rosa María Mateo, o cualquier otro, se repite invariablemente esa insana costumbre de esconder los mejores productos. Casi nadie de ustedes sabrá que un par de semanas atrás el programa En Portada, de La 2, emitió un extraordinario documental sobre el conocido crimen del periodista Jamal Khashoggi, descuartizado en el consulado de Arabia Saudí en Estambul (Turquía) en 2018.

La obra En nombre de Khashoggi debería emitirse en todas las facultades de Periodismo como fenomenal ejemplo de buena praxis en este viejo oficio tan asediado por personajes ajenos como repleto de defectos propios. Mucha información bien narrada y basada en diversas fuentes. Una historia hilvanada mediante sólidos testimonios como el de la prometida del asesinado, Hatice Cengiz, o la relatora especial de la ONU que investigó a fondo el caso, Agnès Callamard.

Impresiona la montaña de pruebas que apunta a la responsabilidad del príncipe heredero saudí, Mohamed Bin Salman, y a su entorno más cercano. También te revuelves en el sofá mientras escuchas el relato de cómo se perpetró el crimen. Detalles tan escabrosos como reales que invitan a la reflexión crítica del espectador. El tono y el ritmo del documental son perfectos. La realización es sobria pero de gran factura. Y así podríamos seguir con un largo etcétera de elogios.

¿No es cierto que RTVE está para ofrecer servicio público sin entrar en la batalla de las audiencias? ¿No sería una apuesta decidida por marcar agenda emitir algo así, por su fuerza visual y su relevancia política, en La 1 y a las 22.00, aunque fuera de forma excepcional? ¿Alguien imagina qué harían Ferreras o Évole en La Sexta con esto?

La pregunta que cabe hacerse es, como decía al principio, por qué los gestores de la programación de la cadena pública se mantienen pertinaces en el error de ocultar productos como estos, siempre alejados del prime time. Tengo televisión de alta calidad pero la emito en La 2 y a las doce de la noche. O sea, para que la vean cuatro gatos noctámbulos como servidor. ¿Por qué?

¿No es cierto que RTVE está para ofrecer servicio público sin entrar en la batalla de las audiencias? ¿No sería una apuesta decidida por marcar agenda emitir algo así, por su fuerza visual y su relevancia política, en La 1 y a las 22.00, aunque fuera de forma excepcional? ¿Por qué no hacer una campaña que anuncie a bombo y platillo, con cebos en cada bloque publicitario y con recordatorios en todos los programas si es preciso, que estrenas semejante producto? ¿Y un debate posterior con expertos sobre lo que ocurre en ese país o sobre la persecución del periodismo, la de verdad, en tantos lugares del mundo? ¿Acaso es malo creer en tus propias posibilidades? ¿Alguien imagina qué harían Ferreras o Évole en La Sexta con esto?

La apática programación, o casi ocultación, del documental En nombre de Khashoggi es sólo una muestra más de la falta de valentía y de rumbo (televisivamente hablando) en TVE

El día en que se estrenó este programa, el miércoles 3 de febrero, en La 2 se emitió en prime time un doble episodio sobre los acueductos en la ingeniería romana. A las 23.15, en La 1, se pudo ver la película Zodiac que a buen seguro no batió récords de audiencia. No dudaremos aquí de la calidad de ambas propuestas televisivas, claro, pero como opción para el futuro quizás no estaría mal darle una oportunidad a un programa de producción propia como En Portada, sobre todo cuando tiene algo así para ofrecérselo a los espectadores.

La apática programación, o casi ocultación, del documental En nombre de Khashoggi es sólo una muestra más de la falta de valentía y de rumbo (televisivamente hablando) en TVE. Poco a poco, polémica a polémica como esa penúltima del rótulo sobre Leonor, con tantas decisiones erróneas y tanta ausencia de ambición, mientras se firman demasiados contratos con productoras amigas al tiempo que se desprecia o desaprovecha el trabajo de los profesionales de la casa, a base de ocurrencias como colocar a Pilar Rahola de estrella invitada en la última noche electoral, el prestigio de la cadena pública sigue hundiéndose. Hacia el naufragio definitivo.