Por aquello de salvaguardar la salud mental, servidor se había propuesto no abordar nunca más aquí el culebrón de Rocío Carrasco. Ya saben ustedes los motivos: es pura casquería que sólo busca el negocio por mucho que se camufle de ejercicio feminista. Sin embargo, en las últimas horas resulta casi obligatorio volver sobre este particular porque de súbito este documental que emite Telecinco y anega casi toda la programación de Mediaset nos ha embarcado en un viaje al pasado. Concretamente nos ha trasladado a uno de esos formatos inolvidables y no precisamente por su calidad o su belleza o su pedagogía social.

En las últimas horas pareciera que hubiéramos vuelto a la época de aquel Crónicas marcianas que presentaba también en Telecinco Xavier Sardá. Regresan al actual universo televisivo de Mediaset personajes que aparecían asiduamente o colaboraban en aquel programa como Emilio Rodríguez Menéndez, Nuria Bermúdez, Karmele Marchante, Kiko Hernández o el propio Antonio David Flores, claro. Aquellos marcianos vuelven a nuestras vidas. Son los mismos individuos pero veintitantos años después. Algunos han envejecido peor que otros, si bien esa no es la cuestión.

Para resumir, les cuento que la propia Rocío Carrasco arremetió contra el inefable Rodríguez Menéndez, abogado de Antonio David durante el pleito que les enfrentó por el divorcio. La protagonista de ese documental donde ya nadie sabe si las cosas son como parecen o no culpó a Nuria Bermúdez de intentar tenderle una trampa junto al letrado. Cosa que Bermúdez, felizmente desaparecida de los platós hace años, niega con rotundidad; de hecho, va a emprender acciones legales contra Carrasco por tamaña acusación.

Sólo al repasar estos hechos recientes te entra un mareo repentino, como si este viaje al pasado fuera demasiado para ser cierto. Uno, con la perspectiva que permite el tiempo, se pregunta cómo fue posible lo de entonces y cómo es posible lo de ahora

Por otro lado, Karmele Marchante, que se ha mostrado muy crítica con el tono y el formato del documental, estallaba este martes y denunciaba en las redes sociales que "cuando un maltratador sentenciado por la justicia defiende en un plató a otro presunto se banaliza el maltrato". La periodista se refería a Kiko Matamoros, que defendía en Sálvame a su amigo Antonio David y ponía en duda la versión de Carrasco.

Otra derivada de la cuestión es que, a cuenta de cómo se está posicionando en el culebrón, a Kiko Hernández le están recordando un vídeo de Crónicas marcianas donde se empleaba con terribles exabruptos machistas contra Sonia Arenas, concursante de Gran Hermano. Le llamaba, para ser exactos, "puta televisiva". Ahora el colaborador y presentador de Mediaset se justifica afirmando que "todo estaba guionizado" en el programa que presentaba Sardá. Este último, por su parte, ha manifestado que se cree la versión de Carrasco.

Viene a cuento eso de que de aquellos polvos vienen estos lodos. O, mejor dicho, quizás es que aún no hemos salido del lodazal de entonces. Pero lo trágico es que la audiencia disfruta con ello

Sólo al repasar estos hechos recientes te entra un mareo repentino, como si este viaje al pasado fuera demasiado para ser cierto. Uno, con la perspectiva que permite el tiempo, se pregunta cómo fue posible lo de entonces y cómo es posible lo de ahora. Pero la respuesta está precisamente en la relación de causalidad que existe entre ambos momentos televisivos. Viene a cuento eso de que de aquellos polvos vienen estos lodos. O, mejor dicho, quizás es que aún no hemos salido del lodazal de entonces. Pero lo trágico es que la audiencia disfruta con ello.