-Otra vez los datos me otorgan la razón, querido.

-¿Qué datos? ¿Qué diantres dices?

-Tres millones trescientas ochenta y nueve mil personas.

-¿Y?

-Todas esas personas, incluida yo, vimos anoche la gala de La isla de las tentaciones. En cambio, solo un millón doscientas sesenta y ocho mil personas, entre ellas seguramente tú, vieron o visteis el debate de La Sexta sobre las elecciones catalanas. Son datos, querido, contantes y sonantes. Un veintisiete y medio por ciento contra un ocho por ciento de share. O sea, victoria por goleada de mi España contra la tuya.

Respiré hondo antes de contestar a mi amiga enfurecida, que esta vez llamaba tan histriónica como siempre pero cargada de razones como nunca, todo hay que decirlo.

-Bueno, es una curiosa forma de medirlo y de decirlo, pero los datos son los datos, eso está claro. Datos irrefutables que no sé muy bien qué carajo quieren decir. Pero, en todo caso, habría que buscar los motivos por los que eso que llamas mi España se vuelque con ese tentadero.

-Para empezar, amigo, creo que la política en general y la política catalana en particular tienen muy cansado, diría que harto, al personal. Los políticos son como son. Tú mismo lo dices siempre, el vuelo corto y las estrategias por encima de las propuestas y los acuerdos.

-Ya, pero estamos hablando de televisión. Y televisivamente hablando entiendo que esos debates atraigan tan poco. Son debates encorsetados, previsibles, donde ya sabemos lo que van a decir unos y otros. Pero, para colmo, en este caso La Sexta eligió un decorado que era para echarse a temblar. Una suerte de hexágonos que parecían partes de un panal de abejas. Y dentro de cada uno de ellos una especie de pintura abstracta que quizás, y sólo quizás porque asegurarlo es imposible, mostraba la diversidad de colores y de fuerzas políticas en liza. Un horror, para que me entiendas.

-Bueno, aunque el decorado hubiera sido maravilloso, yo no lo habría visto. Me interesan más los problemas entre Manu y Lucía que las discusiones de Illa, Aragonés, Borrás y compañía.

Muevan o no muevan las votos, son la manera perfecta de poner a los candidatos frente a los votantes, más allá de los mítines que, además, ahora son tan raros por la pandemia

-Sí, la verdad es que discusiones sí hubo. Fue un debate bastante bronco, de hecho. Con esto nunca se sabe qué prefieren los espectadores. Si es soso, porque es soso. Y si es marrullero, porque es marrullero. Tengo la sensación de que, sean como sean, siempre los ven los mismos. Ana Pastor se pasó la mitad del tiempo pidiendo a unos y otros que no se faltasen al respeto. Aún así, al tratarse de un debate de unas autonómicas, el dato del 8% es bastante bueno comparativamente hablando.

-Nosotros fuimos un 27,5%, te repito. Y dirás lo que quieras, pero qué tortura debe ser ponerse a ver un debate como ese, de verdad, no sé cómo aguantas. Además, todos los expertos dicen que estos formatos no sirven para mover los votos, sino para afianzar las creencias de los votantes. ¿Entonces para qué carajo se hacen?

-Se llama servicio público. Se llama confrontar ideas. Se llama hablar de política. Estuvo el debate de anoche en La Sexta, pero también antes hubo otros dos en TV3 y Televisión Española. Muevan o no muevan las votos, son la manera perfecta de poner a los candidatos frente a los votantes, más allá de los mítines que, además, ahora son tan raros por la pandemia. Así que sí, querida, televisivamente serán poco atractivos, pero son debates necesarios. De hecho, los debates televisivos son una auténtica ciencia para los politólogos.

-Para mí, un coñazo.

-Bueno, repito que lo que habría que analizar no es tanto que solo 1,2 millones de personas vieran el debate, sino que el triple de gente viera La isla de las tentaciones. España, la tuya y la mía, se lo tiene que hacer mirar.

-Ya estamos exagerando. Te lo digo siempre: la gente busca reírse con estas frivolidades. Los que vemos este tipo de programas no somos extraterrestres ni analfabetos. Simplemente nos divertimos frente a la tele.

-Ya, ya, siempre me lo dices. Pero igual existen otras opciones mejores en el menú televisivo, ¿no?

-Para gustos, los colores.

-Supongo que el domingo volverá a pasar lo mismo. Verás el debate del tentadero y pasarás de las elecciones catalanas.

-No tengas la más mínima duda.

-No la tenía. Ya hablaremos.