OPINIÓN

El tuerto Rajoy en el reino de los ciegos

Como si fuésemos más ricos que Trump y todos sus adláteres, nuestros políticos prosiguen impertérritos aumentando el gasto. Se apuntan a la idea de que la Europa de dos velocidades que Rajoy tiene en la cabeza, consiste en que los españoles derrochemos y los de arriba paguen

Jean Claude-Juncker y Mariano Rajoy.
Jean Claude-Juncker y Mariano Rajoy. EP

Hace falta carecer del mínimo inhibidor de entusiasmos sin fundamento para alborozarse de que Rajoy se haya convertido en una figura del supuesto núcleo duro de la Unión Europea, aunque es verdad que podríamos estar peor, y ese parece ser el gran motivo político que legitima, de alguna manera, todo lo que nos pasa.

Tras una angustiosa campaña arguyendo la urgentísima e inaplazable necesidad de presupuestos, antes de que Rajoy fuese investido como lo fue, han pasado ya tres largos meses, pero las urgencias parecen haberse convertido en cautelas y la necesidad en adorno, todo menos reconocer que, para seguir en la poltrona, se ha dado paso a un gobierno sin el apoyo parlamentario imprescindible. Lo que ha pasado con el pacto anticorrupción, que sirvió para que Rivera tapase sus vergüenzas, es todavía más jocoso, remeda una escena de desnudo del hombre invisible al que se le van quitando capas hasta que se manifiesta la nada.

Tom y Jerry en plan nouvelle vague

El idilio de Rivera y Rajoy es como una película de Tom y Jerry contada por Alain Resnais, que decía que las historias tenían que tener planteamiento, nudo y desenlace, pero no necesariamente en ese orden, de forma que el simpático ratón Rivera es el que persigue al astuto y perezoso gato Rajoy con un resultado no muy cómico, pero bastante previsible. Bien mirado es una historia muy española, siempre pasa lo mismo, parece que el Quijote, sea Rivera, Errejón o ese chico madrileño que desafía a doña Cristina en el PP, va a conseguir una victoria, pero al final ganan los de siempre: Rajoy se monda, Iglesias se infla y doña Cristina se deshace en las mieles de la democracia bien entendida, que empieza y acaba por que continúen mandando los que ya lo hacen. Una cosa es que haya democracia y otra que vayamos a estar cambiando nada, visto lo bien que funciona todo.

El idilio de Rivera y Rajoy es como una película de Tom y Jerry contada por Alain Resnais, que decía que las historias tenían que tener planteamiento, nudo y desenlace, pero no necesariamente en ese orden

En fin, si pensamos quién se parece más a Don Quijote, entre Sánchez y Susana, podemos anticipar cómo acabará el lance, pero no hay que perder la esperanza de que, cualquier día de estos, nuestras aventuras puedan acabar con otra clase de finales, para lo que sería de norme interés que el público no acrecentase su acomodaticia tendencia de apostar a la liebre ganadora, precisamente porque va a serlo. 

Bussines as usual 

Hay poca poesía en nuestra política, pero abunda la literatura gris. No se arregla nada, pero la nave va, se entiende que la que importa, y así no se resuelve lo de los estibadores, ni nada que revista importancia real, pequeña o grande, pero se trajina el Constitucional y se procura que no lo presida el señor Ollero, no vaya a ser que llegue arriba un tipo con convicciones, las que sean, que eso es peligrosísimo, pone en cuestión la esencia misma del sistema, la simpatía del Poder hacia sí mismo que es el secreto de la política según Miguel Espinosa, que la veía espléndidamente realizada en el franquismo.

Los que dirigen el PP ha heredado una confusa mezcla de autoritarismo y socialismo de Estado que les lleva a parodiar el 'Estado de obras' de Fernández de la Mora

Los que dirigen el PP ha heredado una confusa mezcla de autoritarismo y socialismo de Estado que les lleva a parodiar el Estado de obras de Fernández de la Mora, solo que ahora en lugar de pantanos y carreteras, se construyen disposiciones y reglamentos, el jardín de las delicias para esa hueste leguleya que amadrina Soraya de la que se espera, incluso, que amanse a la fiera catalana, una vez que se ha comprobado lo mucho que gusta de las exquisiteces de la arbitrariedad. Y todo sin sobresaltos, sin que se note, no sea que el público acabe por comprender cuál es la esencia de una función tan monótona.

La realidad, ¡qué molesta! 

Como si fuésemos más ricos que Trump y todos sus adláteres, nuestros políticos prosiguen impertérritos aumentando el gasto, presumen de hacerlo, naturalmente por razones sociales, porque se apuntan a la idea de que la Europa de dos velocidades que Rajoy tiene en la cabeza, consiste en que los españoles derrochemos y los de arriba paguen, y esperan que los nórdicos y los alemanes sean tan disciplinados con sus políticos como nosotros somos con los nuestros: ¿cómo no va a funcionar esa fórmula, que es la esencia misma de nuestro admirable Estado autonómico?, unos pagan y otros gastan, con el aliciente adicional, cosa que no acaban de ver claro esas cabezas cuadradas teutonas, de que todos dicen contribuir más que los demás y recibir menos que nadie, lo que es realmente una invención digna de bastante más que un mísero Premio Nobel, de los que andamos sumamente escasos (el último científico español que lo obtuvo fue también el primero, hace ya 111 años), pero no se olvide que los suecos nos tienen manía, y los noruegos envidia, como acaba de descubrir Rajoy, que está en todo.

Nuestros ministros suelen ser de la rama abogadesca, pero se han aprendido muy bien esa famosa consigna que aconseja evitar que la realidad nos estropee un buen reportaje

Nuestros ministros suelen ser de la rama abogadesca, pero se han aprendido muy bien esa famosa consigna que aconseja evitar que la realidad nos estropee un buen reportaje, no sea que los datos ciertos nos emborronen uno de esos informes que llevamos a Bruselas para explicar porque no hemos hecho todavía, pero acabaremos por hacer, lo que tendríamos que haber hecho para evitar que nos pusieran los deberes que se nos han impuesto por no hacerlo.

Una Europa posible, pero no así

Los europeos no estamos de enhorabuena, pero estamos a tiempo de evitar una catástrofe política y económica. Europa es económicamente viable y tendría sentido, como ocurre en Estados Unidos, que la deuda y las cuentas de sus Estados, estén mutualizados, sería sin duda un paso necesario y enormemente positivo. Pero una condición absolutamente imprescindible para hacerlo es no hacer trampas con los números y no contar historias como las de los secesionistas catalanes. La disciplina fiscal se defiende en los EEU con metralletas y, como es obvio, nadie osa jugar de farol a ver si cuela. España es de los Estados que tendría que mejorar en seriedad, y ese objetivo es incompatible con el juego de manos que se quiere hacer con la financiación autonómica.

Decía Jiménez Caballero que Franco, en Burgos, tenía el espionaje público y la propaganda secreta, es decir que hacía las cosas al revés, pero los españoles no podemos pretender extender a Europa un sistema tan paradójico, ser manirrotos y hacer trampas, autonómicas o no, con el gasto, y pedir austeridad y transparencia a los que han de pagar más para financiarnos. No es una fórmula que aceptaríamos en el caso inverso, y tendremos que empezar a ser más serios si queremos contribuir a una Europa realmente viable, y política y militarmente más unida y fuerte. Nuestra ventaja, por llamarlo, de algún modo, es que ya tenemos disponible el modelo alternativo, porque es casi seguro que Iglesias no lo haría peor que Chaves o Maduro, aunque tal vez hubiere que compararlo, más bien, con Ceaucescu, visto lo que apunta. 

De momento estamos a la cabeza del núcleo duro de la Unión, somos invencibles en echarle retórica a lo que haga falta

De momento estamos a la cabeza del núcleo duro de la Unión, somos invencibles en echarle retórica a lo que haga falta, pero cabe pensar que esa huida hacia adelante que tanto gusta a don Mariano no sea capaz de arreglar los serios desajustes de un proyecto que ha gripado y precisa revisión, no meras cataplasmas para salir del paso una semana más.

El sainete catalán 

Puigdemont se ha apresurado a aplicarse la resonante remontada del Barça frente al PSG como modelo para superar los obstáculos que se supone impedirán la República catalana. Es seguro que no habrá querido decir que el Barça ganó la eliminatoria a base de comprar a los árbitros y de saltarse el reglamento, pero eso es lo que él hace: es obvio, que el Barça, uno de los grandes campeones de la Liga española, puede marcar goles que Puigdemont no puede ni soñar, por mucho que miles, o millones, confundan el sitio de Zaragoza, por poner un ejemplo cualquiera, con uno de esos sinpa que han puesto de moda ciertas familias de delincuentes.


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