OPINIÓN

Una legislatura agónica

Parece claro que los españoles tendrán que volver a las urnas tal vez antes de lo que se piensa, y es posible que las ganas de muchos en repetir un espectáculo como el de esta legislatura de bochorno no sean suficientemente intensas.

Una legislatura agónica.
Una legislatura agónica. EFE

A medida que avanza una legislatura tan atípica como la que estamos viviendo crece la sensación de que los políticos apuestan claramente por resolver sus problemas a cambio de no ocuparse de los nuestros. La mejor prueba de ello es cómo compran los votos que ellos necesitan con nuestro dinero, gastan sin límite con tal de que sus cuentas salgan, aunque las nuestras se disparaten al infinito.

A fuer de ser perverso, el sistema ha llegado a resultar perfectamente equívoco, de forma que se acaban mezclando en una suma surrealista, por ejemplo, en el renglón de los tributos al PNV, el acabamiento de las obras de la alta velocidad, que muy bien podrían defenderse desde una óptica nacional, con el abaratamiento del cupo, que no hay por dónde cogerlo, pero todo sea por la continuidad de don Mariano que tanto nos beneficia a todos, según él mismo repite insistentemente. ¡Qué cara está saliendo esta investidura in extremis! Claro es que la seguridad jurídica de algunos parece no tener precio. 

El número de la cabra, sin cabra

Los de Podemos, fieles a su misión fundacional de válvula de seguridad del sistema, persisten en representar la visión posmoderna del número de la cabra, ese portento estético y callejero con trompeta, escalera y mamífero artiodáctilo, rumiante y cavicornio, animal doméstico que se cría fácilmente en zonas quebradas y de poca vegetación, o sea que abunda en las Españas. No otra cosa es el numerito de la moción de censura sin candidato conocido justo en el momento en que a don Mariano no le llegaba la camisa al cuello, y, en el colmo de la oportunidad, cuando se dirimen cuestiones de alta metafísica entre los clercs del socialismo, que han protestado airadamente por la interferencia del coletas.

Mariano ha podido apañar en la ardiente oscuridad su 'liaison' con el PNV sin que le molesten mucho. ¡Qué razón tienen quienes afirman que esa pinza sextina y catalana les ha salido bordada!

A eso se le llama matar dos pájaros de un tiro, y ya es proeza haberlo conseguido sin Errejón, ese mártir del populismo intelectual, sacrificado en aras del tacticismo leninista bien entendido, que es lección primordial de cualquier izquierdista. Mientras tanto, don Mariano ha podido apañar en la ardiente oscuridad su liaison con el PNV sin que le molesten mucho. ¡Qué razón tienen quienes afirman que esa pinza sextina y catalana les ha salido bordada! 

Empate a 11 goles en las primarias del PSOE

También se las apaña muy bien en la discreción fuera de foco don Pedro Sánchez que casi empata a avales con la dueña del cortijo cuando esta presumía de llevar una ventaja de escándalo en este indicador cercano de por do van doñas. La estrategia de Sánchez, que, en cualquier caso, ha demostrado valor y carácter, se estudiará en el futuro como ejemplo de aproximación a la victoria segura, una especie de win-win, aunque solo para sí mismo, porque, si gana, habrá llevado a cabo una proeza, pero, si pierde, será el amo de una buena mitad del territorio, porque, y esto no lo pone ningún socialista en duda, de ganar la lideresa del Betis, tendrá que empezar a decir exactamente lo mismo que Sánchez viene repitiendo desde hace mucho tiempo, o sea que no a Rajoy. De tal forma que, si Sánchez pierde, ganará lo que propone y tendrá a una buena parte de las milicias de su parte, de forma que no parece demasiado difícil pronosticar que todo el que si pierde gana acabará realmente ganando. Pero queda muy poco para saberlo, o para empezar a verlo.

La derecha huérfana

El run-run continuo en los mentideros otrora populares es el de la posibilidad que germinen nuevas ofertas para el centro derecha, es lo que piensan y desean todos los que han dejado de votar al PP, y los que todavía no lo han hecho, pero lo harán en cuanto puedan, y no acaban de sentirse entusiasmados con la figura un poco meliflua de Ciudadanos, que, por ejemplo, acaba de votar junto al PNV un plus de distinción para los de Bilbao, Riau, Riau.   Claro es que todavía son muchos los que creen a Montoro y afirman con seriedad que no se han mercadeado votos, que eso no se hace, que el PP es un partido honorable y que cumple con sus electores: son todavía millones los que así lo creen, los que admiran a Hernando, los que querrían ser eternos como Arenas, los que ven en Rajoy a un prototipo de gallardía y sinceridad. Son muchos, no les quepa duda, y Podemos hará lo que sea necesario para que puedan seguirlo siendo, porque el miedo al hombre del saco perdura con indómita fiereza en el alma amodorrada de muchos españoles mayores de cuarenta.

Sería poco realista pensar que los ciudadanos que están cada vez más decepcionados y hartos de cualquiera de las versiones que ha ensayado el PP, van a resignarse para siempre a quedarse sin banderín de enganche

El problema es siempre quién le pone el cascabel al gato, porque no es que escaseen las ofertas (el registro de partidos ronda la decena de millares) sino que no es fácil acertar con la fórmula verosímil, con la idea viable, pero sería poco realista pensar que los ciudadanos que están cada vez más decepcionados y hartos de cualquiera de las versiones que ha ensayado el PP, para competir en desacierto y frustración, van a resignarse para siempre a quedarse sin banderín de enganche, entre otras cosas porque son muchos, saben bien lo que quieren y conocen muy bien por experiencia lo que es el hartazgo, de forma que una de las razones, entre otras varias, que pueden llevar al brusco acortamiento de una legislatura tan inestable, tiene que ver con el ganar espacio para aventar temores en el estado mayor del rajoyismo, que, pese a tal nombre, es muy pequeño.

¿Quién ganará el próximo combate?

De las legislaturas que no se acaban de manera automática se suele salir por piernas cuando existen posibilidades de ganar que podrían perderse en pocos meses. No es el caso, no tengan duda. La Presidencia del Gobierno tiene tales poderes, reales y supuestos, que, en caso de duda, lo mejor es mantenerse amarrado al palo, aunque arrecie el vendaval, esa es, al menos, la doctrina más común, la más connatural a cualquier alto funcionario. Rajoy mantiene una clama que o tiene o finge muy bien, pero son muy variadas las circunstancias que podrían obligarle a hacer lo que nunca querría. La victoria de Sánchez está en esa lista y veremos en los próximos días cómo los terminales habituales se azacanan en vaticinar toda clase de males si el maligno se sale con la suya. Lo malo es que los amenazados no votan ahora y que determinadas proclamas de algunos líderes mediáticos muy sabihondos pueden ser oro molido para la causa sanchista.

Podría ser un juez, o varios, los que se obstinasen en preguntar dónde pone eso de que un presidente del gobierno no pueda ser llamado a la tarima, o al banquillo

También podría ser un juez, o varios, los que se obstinasen en preguntar dónde pone eso de que un presidente del gobierno no pueda ser llamado a la tarima, o al banquillo, que no es cosa de discutir sobre términos, y además, ese temor podría ayudar a que se desaten muchas bocas cerradas por la prudencia y el cálculo. Tampoco es que escaseen las desgracias que pueden venirnos de fuera, especialmente cuando los especialistas en equivocarse afirman rotundos la victoria de Macron en esa Galia que llama a Asterix y a Obelix a luchar contra los europeos, pero eso se ventila todavía antes.

Lo que parece claro en cualquier caso es que los españoles tendrán que volver a las urnas tal vez antes de lo que se piensa, y que es posible que las ganas de muchos en repetir un espectáculo como el de esta legislatura de bochorno no sean suficientemente intensas, de manera que la pregunta sobre quién heredará al rajoyismo es pertinente, porque un rajoyismo sin Rajoy parece tan imposible como lo fue el franquismo sin Franco, y aunque Rajoy pueda envidiar algunas de las prerrogativas que se atribuye un Maduro, no está en su mano sacarse del hoyo tirando de sus cabellos, aunque es bastante seguro que trataría de hacerlo.


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