OPINIÓN

Conferencia de Presidentes: por reunirse, que no quede

Esta tradición tan nuestra de apartarse del mundanal ruido no siempre nos ha ido mal, pero visto como está el patio y quien nos deja la pasta para poder seguir repartiendo favores, no estaría mal que le echemos una pensada a que el festín puede terminar de manera abrupta.

Algunos de los presidentes autonómicos junto a la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Saénz de Santamaría.
Algunos de los presidentes autonómicos junto a la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Saénz de Santamaría. EFE

Ante liturgias como la zapaterina conferencia de presidentes autonómicos, esa escenificación de España como si fuéramos una especie de pequeña ONU, o, al menos, una OEA mediana, no cabe sino recordar la mordiente cita de Miguel de Espinosa “en último extremo, la política es la simpatía del Poder hacia sí mismo”. Pocas escenas explican con mayor elocuencia el alto grado de desnaturalización de lo que la Constitución de 1978 define como una Monarquía parlamentaria. Un órgano, que no responde a ninguna representatividad electoral, que apenas expresa una división territorial perfectamente arbitraria, asume sin despeinarse la tarea de repartir el pastel presupuestario, con el suplemento de deuda que se supone nos prestará Draghi, apenas unos 60.000 millones a ojo del cubero Rajoy, aunque apenas sirve para la exhibición coral de una panda de jefecillos insustanciales, especialmente si, como ya es costumbre, no comparecen ni el baranda catalán ni el paladín vasco.

Rajoy, en plan magistral

El Rey aparece para desayunar, no se vaya a decir que la institución no tiene competencias, y el presidente del Gobierno, la vicetodo y el que maneja la caja, se dejan manosear en plan coleguita por unos personajes que gastan lo que pueden y desean gastar más, supuestamente para beneficio de los suyos, en realidad para que su poder crezca, y se dedican a reclamarse la parte del pastel que estiman les corresponde, sin que caigan del todo en la cuenta, de que si existen desequilibrios será porque hay excesos, aunque todo se andará, y la superintendente andaluza ya ha empezado a decir que los de Madrid abusan, mientras que la castiza asegura que los gatos somos más generosos que nadie.

Esta conferencia tan insustancial es un monumento más a la arbitrariedad política

En fin, esta conferencia tan insustancial es un monumento más a la arbitrariedad política, pero seguramente será una de esas ocasiones para que cada cual trata de arreglar lo suyo de la manera más discreta, no se van a discutir estas cosas de manera que se pueda acabar enterando el respetable. En medio del tumultillo se deja oír la voz rajoyana, alguna de esas frases de maestro ciruela que permiten al ciudadano conservador tranquilizarse viendo que España está en buenas manos.

Crónica de la nada

Rajoy ha conseguido dar la sensación de que en su partido, pues suyo es y de nadie más, quede claro, hay debate y no hay división, mientras deja en manos de los socialistas la imagen contraria, la trifulca sin contenido claro. Ciertamente no es poco para una fuerza política que suele quejarse de comunicar mal, y para una opinión pública que ha comprado la idea de que los socialistas son maestros en el arte de hacer creer lo que les conviene. Sin embargo, ni en una ni en otra orilla hay gran cosa en el escenario, porque todo sucede como si viviésemos en la Arcadia feliz, como si la crisis económica fuese cosa del remoto pasado, como si, en plan Zapatero contador de nubes, pudiésemos decir que estamos en la premier league mundial, que somos el pasmo universal. 

En el PP, lo único que (parece) se discute es si Cospedal puede seguir siendo doble de sí misma, o si la perversa ambición de Soraya conseguirá acabar con esa muestra de pluralismo en el PP. El debate es tan intenso que un Trillo, siempre plenus sui, ha debido de pasar un mal rato a costa del viejo dolor de las víctimas del Yak, aunque, en muy buena medida, su calvario diferido haya sido lo que Hitchcock llamaba un McGuffin.

Decía Henry Ford que los clientes podían elegir cualquier color para el coche con tal de que fuese negro

Puestos a entretener, los que han propuesto las elecciones primarias en el PP le prestan a Rajoy un aval adicional de democracia interna, como si en el PP hubiese corrientes, aunque, naturalmente, están prohibidas, o mayorías y minorías, cuando el censo es un secreto mucho mayor que el de la contabilidad extracontable de cuya existencia real ha hablado Bárcenas. Pero vamos a ver si nos aclaramos, Rajoy no necesita ningún aval, los tiene todos. La lideresa Cifuentes lo ha dicho paladinamente, cuando ha aclarado que lo único que intenta es fortalecer el liderazgo del special one gallego. Si mis lectores me lo permiten, voy a brindar una idea a los reformistas del PP, tomada del marketing automovilístico. Decía Henry Ford que los clientes podían elegir cualquier color para el coche con tal de que fuese negro, así que los que proponen las primarias podían ser igual de rotundos: “los militantes podrán escoger a cualquier candidato, con tal de que sea Rajoy”. 

Tormenta a babor

En el PSOE las cosas se están poniendo serias, tanto que el profundo debate de ideas está dando lugar ya mismo a una confusa pugna por el liderazgo. Es lo que pasa cuando uno se pone a discutir cosas fundamentales, verdades incontestables, como, por ejemplo, que “No es no”. El PSOE debería encomendar a una comisión de expertos en lógica la manera de salir de uno de esos atolladeros de principio a los que se acaba llegando cuando se persigue ardientemente la pureza de un ideal.

En el PSOE las cosas se están poniendo serias, tanto que el profundo debate de ideas está dando lugar ya mismo a una confusa pugna por el liderazgo

Es tremendo que podamos acabar asistiendo al despedazamiento de un partido por el hecho de que sus dirigentes no sepan poner límite a sus poderosos y abstractos ideales políticos para mancharse un poco con el polvo del camino, con el barro del que todos estamos hechos. Es increíble que hayan olvidado tanto y tan pronto la profunda sabiduría de González, “no importa si el gato es negro, con tal que cace ratones”, pero estos socialistas se están haciendo un lío no con el color del gato sino con la ecología de los roedores, y ya no saben si deben perseguir al ratón Jerry o hacerle un monumento a la gobernabilidad. Así está la cosa a la espera de que Sánchez inicie su periplo de discernimiento por los caminos de España, federal, por supuesto. 

¿Podemos o no podemos?

Hasta hace muy poco, el mejor negocio del mundo era comprar a un (pongan lo que les plazca, que yo no quiero ofender a los argentinos) por lo que vale y venderlo por lo que dice que vale, pero pronto habrá que abandonar el ejemplo a la vista de lo de Podemos. La cosa podría quedar así, “el mejor negocio del mundo es desprestigiar a la izquierda moderada con un populista de izquierdas, y luego hundir al populista con un falso moderado”.

A lo mejor el fenómeno Podemos es genuino y Pablo Iglesias acaba siendo el Lenin posmoderno, el Perón del XXI

Lo único que hace dudar de la autoría del invento es que les haya salido tan bien, o sea, que a lo mejor el fenómeno Podemos es genuino y Pablo Iglesias acaba siendo el Lenin posmoderno, el Perón del XXI, y el Churchill del mediterráneo y de las Américas y consigue él solito la primera victoria electoral del comunismo auténtico o así. Mientras tanto el espectáculo merece la pena, en cualquier caso. Vista Alegre II será un lujo redondo, como se decía hace decenios de Villa Fontana, el “no va más”, una sabrosísima mezcla de todo lo que siempre huele bien, que, como diría Quevedo, siempre es algo que huele muy mal. 

Se reúnen, pongámonos a cubierto

Unos y otros se reúnen mientras a los demás nos queda esperar que no sea para peor, pero pasa raramente. Gracias a su habilidad nuestros políticos consiguen dar la sensación de que nunca pasa nada, de que España está fuera del mundo, que lo de la globalización es un latiguillo de editorialista ramplón. Esta tradición tan nuestra de apartarse del mundanal ruido no siempre nos ha ido mal, eso dicen los historiadores, pero visto como está el patio y quien nos deja la pasta para poder seguir repartiendo favores, no estaría mal que le echemos una pensada a que el festín puede terminar de manera abrupta, por mucho que se sienten a la mesa estos que, supuestamente, nos gobiernan.


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