Antonio Burgueño Torijano es especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública del Hospital Gregorio Marañón de Madrid. Pero, además una de las personas que más y mejor ha peleado porque España deje de encabezar el deshonroso ranking de ser uno de los países que más abusan de las sujeciones mecánicas a las personas con demencia en las residencias. La razón de que los centros sociosanitarios saltaran a la palestra a raíz de la pandemia, asegura, ha sido el fallecimiento de miles de mayores, pero recuerda: "existen antiguas deficiencias en el sector" y se pregunta por qué el ingreso en una residencia supone "la muerte social".

"Hoy se habla mucho más abiertamente, pero como suele pasar con muchos problemas en España, eso se ha convertido en una reflexión constante, sin tomar medidas para erradicarlas", señala a Vozpópuli el director técnico del programa 'Desatar al anciano y al enfermo de Alzheimer', de la Confederación Española de Organizaciones de Mayores (CEOMA), que nació en 2004.

Burgueño, con larguísima experiencia en atención sociosanitaria, comenzó a preocuparse hace ya muchos años por el problema que había con la práctica de las sujeciones físicas y farmacológicas (medicación) en las residencias. Se interesó por los datos internacionales. En comparación con otros países, España encabezaba el ranking. 

En las residencias, los mayores que tienen riesgo de ser sometidos a sujeciones son las personas con demencia, aclara. "No existe un censo, ya que no existe un sistema de información transparente en el sector", pero se puede estimar asegura, por los datos de prevalencia -la global actual es del 17%- que podrían ser unos 55.000 los mayores a los que se sujeta, a diario con barandillas, cinturones... Es legal, pero les hace sufrir. 

Al atar a una persona, se le inmoviliza y eso tiene consecuencias negativas sobre su salud. Burgueño relata úlceras por presión, atrofia muscular, retracciones musculares o articulares...Pero también, se refiere a riesgos de problemas de conducta. Cuando los responsables de su programa cuestionan a los centros por qué utilizan las ataduras uno de los principales motivos esgrimidos es el temor a denuncias por parte de los familiares de residentes con riesgo de caídas.

"Me preocupa que todas las residencias de España puedan admitir a personas con demencia, la mayoría en etapas avanzadas, estén o no preparadas para albergar a ese tipo de personas. Los centros que más problemas tienen para prescindir de las sujeciones son los que más deficiencias acumulan a la hora de estar preparados para cuidar a esas personas", señala el médico.

El doctor Burgueño y quienes trabajan en la misma dirección están convencido de que no existe justificación para sujetar a un anciano, salvo en situaciones excepcionales en las que esa persona resulta peligrosa para sí misma o para los demás. Los profesionales que llevan años pidiendo que finalicen estas prácticas, admiten que hay opciones. "Hemos comprobado más de 100 centros totalmente libres de sujeciones en España, que finalmente han recibido la acreditación de CEOMA, 36 de los cuales llevan más de 5 años sin utilizarlas", detalla Burgueño. 

Pregunta: ¿Se sigue abusando en España de las sujeciones físicas?

Respuesta: Todavía se siguen utilizando en la mayoría de los centros españoles, si bien es cierto que, globalmente, se ha reducido dicho uso. Con todo, seguimos a la cabeza de los países que publican datos. La prevalencia global actual es de 17%. Es decir, si en España hay 320.000 personas viviendo en residencias y el 17% son sometidas a sujeciones diariamente, eso supone que son unas 55.000 personas. De uso de sujeciones farmacológicas no hay datos, pero sí sabemos que la práctica totalidad de las personas con demencia que viven en residencias, reciben fármacos psicotrópicos de forma inapropiada. 

"Cuando pasa algo negativo es cuando se oye hablar de las residencias y la reacción en el sector es a la defensiva, sin que ello quiera decir que hayan sido responsables de las muertes", señala el médico

P: Las residencias han estado en el punto de mira durante la pandemia. Más de 24.000 mayores han muerto con coronavirus o síntomas compatibles.

R: La razón de que saltaran a la palestra informativa han sido las muertes de miles de personas mayores, pero la razón por la que se ha iniciado una reflexión sobre esta realidad ha sido que existen antiguas deficiencias en el sector, y no solo para el control de enfermedades infectocontagiosas. Soy de los que piensan que, más que una reflexión, lo que hace falta es tomar decisiones ya. Todo está inventado y si sabemos lo que queremos, lo que necesitan las personas mayores, implementarlo será cuestión de decisión, aunque también de tiempo y, sobre todo, de dinero.

P: ¿Qué le ha parecido la respuesta de las patronales de los centros de mayores? 

R: Cuando pasa algo negativo es cuando se oye hablar de las residencias y la reacción en el sector es a la defensiva, sin que ello quiera decir que hayan sido responsables de las muertes. Para no tener responsabilidades sanitarias, algunos líderes del sector han dicho, que no han podido hacer más, ya que las residencias son hogares, a modo de domicilios alternativos, lo cual suena un tanto hipócrita, pues nadie tiene en su casa enfermería 24 horas, y médico, psicólogo, fisioterapeuta, terapeuta ocupacional, etc. Hace falta una clara apuesta por llegar a ser dispositivos sociosanitarios, capaces de cuidar de las personas que albergan, que son pluripatológicas, dependientes, y la mayoría con enfermedades neurodegenerativas que les provoca demencia, o que pueden morir en la residencia, recibiendo cuidados paliativos.

P: ¿Cuál es el balance del programa 'Desatar' tras 16 años de andadura?

R: El 'desatar' ha seguido avanzando hasta la actualidad, sumando cada vez más centros totalmente libres de sujeciones, y el proceso nos ha servido para aprender más sobre las claves de un fenómeno tan complejo como es el binomio seguridad-riesgo. Actualmente existen varios grupos de expertos, distribuidos por la geografía española, que están dispuestos para ayudar a las organizaciones a este proceso, si bien es cierto que la crisis de la covid-19 ha congelado la demanda. El fenómeno 'desatar' se ha extendido fuera de España, con varios países de Sudamérica interesados, especialmente Argentina, que ya cuenta con 2 centros libres y con una iniciativa legislativa que está en proceso de aprobación y que será muy interesante de ver.

P: En 2017, Ciudadanos presentó una Proposición No de Ley (PNL) con la que pretendía eliminar las sujeciones mecánicas. ¿En qué quedó aquello?

R: La iniciativa -encabezada por Francisco Igea, entonces portavoz de Sanidad del Grupo Parlamentario Ciudadanos- fue aprobada en la Comisión de Sanidad del Congreso, y posteriormente en todos los parlamentos regionales donde Ciudadanos tiene presencia. Pero una PNL es un PNL, una declaración de buenas voluntades, que finalmente ha quedado en eso, ya que no ha habido ningún desarrollo legislativo enfocado a lograr erradicar el uso de sujeciones en los geriátricos, como se proponía.

"Tenemos que reflexionar para entender por qué el ingreso en una residencia es la muerte social de la mayoría", dice el doctor Burgueño

P: ¿Qué es lo que más le preocupa en este momento en la atención a los mayores?

R: Me preocupan los discursos que han proliferado sobre las residencias y sobre lo que han de ser en el futuro, o lo que es peor, los discursos sobre lo que no han de ser, poniendo el énfasis en que no pueden ser más que hogares-domicilios alternativos donde los mayores hagan realidad su proyecto de vida. También qué pasa con la mayoría de las personas mayores que habitan en las residencias. Una mayoría son personas en procesos de demencia, por distintas enfermedades neurodegenerativas (suponen el 60% o más del total de los usuarios). También que, cuando no se sepa qué hacer con ellos, se recurra sistemáticamente a restricciones, químicas, físicas, ambientales, u organizativas, como pasa en muchos centros.

P: Entonces, ¿qué reflexión deberíamos hacer tras lo vivido?

R: Quienes tenemos que reflexionar somos la sociedad en su conjunto, para entender por qué el ingreso en una residencia es la muerte social de la mayoría, o por qué la mayoría de las personas que viven en residencias son personas en exclusión social. He ejercido siempre mi profesión de médico en hospitales que se conciben como organizaciones basadas en el conocimiento. Es el conocimiento médico el que determina lo que ocurre, y cómo ocurre, en un hospital. Aquí llego a las preguntas con las que quiero cerrar: ¿quién determina lo que ocurre, y cómo ocurre, en una residencia? ¿Y por qué desde fuera tienen que recibir las directrices de cómo actuar, qué modelo aplicar, que pueden hacer y qué no?.