Sanitatem El reto de curar a los pacientes más pobres del mundo y hacer negocio

La enfermedad del sueño, la rabia, la enfermedad de Chaga... asolan a 1.500 millones de personas; son las llamadas enfermedades tropicales desatendidas (ETD) para las que los expertos piden más fármacos y más seguros

Centro de GSK de enfermedades tropicales en Tres Cantos (Madrid)
Centro de GSK de enfermedades tropicales en Tres Cantos (Madrid) GSK

Las multinacionales farmacéuticas empiezan a fijar su atención en la veintena de dolencias que la Organización Mundial de la Salud (OMS) cataloga de enfermedades tropicales desatendidas (ETD) como la lepra, la enfermedad del sueño, la rabia o la enfermedad de Chagas. No son negocio porque asolan a los países más pobres del planeta. Las cifras son brutales: más de 1.500 millones de personas las padecen en todo el mundo. En Madrid, GSK tiene un laboratorio donde investiga sobre este tipo de dolencias.

Las enfermedades tropicales desatendidas fueron protagonistas de una sesión científica organizada recientemente por la Real Academia Nacional de Medicina y el Drugs for Neglected Diseases initiative (DNDi por sus siglas en inglés), entidad con sede en Ginebra (Suiza) que desarrolla medicamentos para este tipo de patologías y donde trabaja Olaf Valverde, especialista en enfermedad del sueño.

Valverde se muestra optimista en estos días. A finales de enero, una paciente de la República Democrática del Congo (RDC) recibió Fexinidazol, el primer tratamiento oral para la terrible enfermedad del sueño africana transmitida por la mosca tsetsé. El fármaco es fruto de la alianza de su organización y el laboratorio Sanofi para hacer frente a la dolencia. La mayoría de los pacientes que la sufren viven en la RDC.

Moléculas para enfermedades tropicales

“Son enfermedades que no dan negocio” dice Olaf Valverde, desde la organización suiza. Pero, matiza, las cosas están empezando a cambiar y las farmacéuticas ya empiezan a mirar hacia enfermedades que parecen quedar muy alejadas de nuestro entorno. .

“Pero no lo están tanto”, aclara José Fiandor, director del Centro para el Desarrollo de Medicamentos para Enfermedades de Países en Desarrollo (DDW, en inglés), de la multinacional británica GSK, donde se dedican a descubrir moléculas candidatas a desarrollo clínico para tratar enfermedades tropicales. En las instalaciones, ubicadas en Tres Cantos (Madrid), trabajan en torno a 150 investigadores.

Malaria: el gran reto

En el DDW solo investigan sobre enfermedades que diezman las poblaciones de los países más pobres, señala Fiandor. Como la enfermedad de Chagas -cerca de siete millones de personas están infectadas por esta patología en el mundo- o leishmaniasis visceral, una enfermedad parasitaria que causa entre 50.000 y 90.000 nuevos casos cada año y afecta principalmente a niños menores de cinco años. .

“Evidentemente no podemos trabajar en todas porque sino no avanzaríamos en ninguna.”, dice Fiandor. Su trabajo consiste en descubrir nuevos medicamentos para tratar estas dolencias desde las fases más iniciales de ensayo hasta la prueba de concepto en Fase II. La malaria y la tuberculosis son, sin ser dolencias catalogadas como desatendidas, son las otras dos enfermedades en donde centran sus investigaciones.

Por las instalaciones del DDW de Tres Cantos ya han pasado un centenar de investigadores de todo el mundo

Entre los principales y más novedosos pilares de este centro de GSK, donde trabajan en colaboración con otras instituciones y grupos, su director sitúa el Open Lab, que alberga plazas para investigadores externos. A través de la Fundación sin ánimo de lucro, Tres Cantos Open Lab Foundation, radicada en Reino Unido, concede financiación a instituciones públicas y privadas de todo el mundo para trabajar en sus proyectos propios. Por las instalaciones del DDW de Tres Cantos ya han pasado un centenar de investigadores de todo el mundo. 

Sobre la mesa, Fiandor pone alguno de los logros del centro como sacar al mercado la tafenoquina, un medicamento para curar un tipo de malaria causada por un parásito que se llama Plasmodium vivax. “Hacía 70 años que no se contaba con ningún medicamento para tratar este parásito”, recalca el investigador. “Se puede hablar de un futuro prometedor, pero no se pueden echar las campanas al vuelo. Es un negocio donde la tasa de éxito es muy baja y se trata de un trabajo a largo plaza porque las cosas tienden a fallar. Estamos mejor, pero no pero no se pueden echar las campanas al vuelo", concluye.

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