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El impacto del coronavirus en la salud mental de los ancianos: "Sentían que serían los primeros desechados"

Los psiquiatras advierten sobre las secuelas de la epidemia entre los mayores, especialmente en las residencias: se sintieron solos, estigmatizados por su edad y aterrorizados por el virus

Imagen de archivo de una residencia
Imagen de archivo de una residencia

La epidemia del coronavirus ha sido devastadora para las personas mayores. Ahora, los psiquiatras estudian el impacto que la covid-19 ha tenido en su salud mental. Todavía es pronto para saber si los casos de depresión aumentarán entre este colectivo, pero advierten: su sufrimiento ha sido tremendo. El aislamiento, los duelos, el saber que se les estigmatizaba por su edad a la hora de ingresar en los hospitales, el terror al propio virus... han contribuido al empeoramiento de su estado de ánimo. Especialmente grave, señalan, ha sido la situación en las residencias, donde los especialistas en psicogeriatría reclaman un cambio de rumbo en la atención a los mayores. 

"Hemos visto cosas que nadie se puede imaginar. Han sufrido tremendamente", resume a Vozpópuli Javier Olivera Pueyo, psiquiatra del Hospital San Jorge de Huesca y secretario de la Sociedad Española de Psicogeriatría (SEPG) cuando hace balance de cómo ha afectado el coronavirus a los más mayores y, sobre todo, de cómo ha vivido, en primera línea, sus angustias, sus temores y las demoledoras consecuencias de la soledad y el aislamiento al que han estado sometidos durante el tiempo de confinamiento. 

El doctor Olivera expuso recientemente sus conclusiones en un webinar de Lundbeck Academycentrado en la situación de la población anciana con depresión tras el confinamiento por covid-19. Junto a otros especialistas, en el encuentro, en el que participaron más de 400 sanitarios, se explicó como el aislamiento, el abandono de relaciones y de actividades, el miedo al contagio y a una enfermedad grave, incluso el sentimiento de discriminación para el acceso a determinadas técnicas médicas, ha favorecido el aumento de síntomas depresivos en la población mayor. 

Todavía no han verbalizado sus miedos

"Esta es una generación de la posguerra. La mayoría no han verbalizado todavía sus miedos. Ya vivieron una época de España durísima y ahora directamente se han quejado muy poco. No ha habido ninguna manifestación de mayores. Se manifestaron hace tiempo por la bajada de pensiones. Pero ahora no se les ha oído. No ha habido protestas diciendo: ¿cómo nos habéis discriminado?", indica a este digital el secretario de la Sociedad Española de Psicogeriatría.

Hemos observado un mayor deterioro cognitivo y, en depresiones, síntomas graves", señala el secretario de la Sociedad Española de Psicogeriatría

El temor a morir ha sido una de las constantes. Desde el primer momento, los mayores, el colectivo de mayor riesgo, percibían que el coronavirus "era una enfermedad letal para ellos, que les mataba". Antes, dice el médico, cuando los ancianos mostraban ideas hipocondríacas, su mayor temor era el cáncer (en los 80), el VIH (en los 90) o el Alzheimer, lo que más temor les causaba en la entrada del año 2.000.

"Hemos observado un mayor deterioro cognitivo y, en depresiones, síntomas graves. Hemos visitado a pacientes que creían que habían contraído el coronavirus; a pacientes que querían contraer el virus para acabar con su vida y otros que pensaban que les rechazaban porque podían contagiar", explica el psiquiatra sobre lo que se han encontrado durante la epidemia.  

Estigmatizados por la edad

Además, señala el médico, durante la pandemia, les llegaban mensajes que les hundían. "Queno había respiradores, que los hospitales estaban desbordados...Ellos  sabían muy bien que iban a ser los primeros desechados. Lo percibieron perfectamente". El estigma relacionado con la edad durante semanas, cuando se dejaba de aplicar ventilación asistida a los mayores de 80 años, añade, "les ha generado sensación de desprecio y rechazo. No digo que esté bien ni mal; efectivamente los recursos hay que priorizarlos, pero ellos lo han sentido y lo han sufrido", indica el especialista.

La gente sola se muere antes y se han juntado dos factores que han sido un cóctel explosivo: primero, una enfermedad muy contagiosa y que, por obligación, debían estar aislados", indica el psiquiatra

El efecto del aislamiento social o el tener que mantenerse alejados de sus familias, sin ninguna actividad, porque los centros de día estaban cerrados, también ha sido tremendo. "Hemos observado síntomas de deterioro cognitivo en pacientes que previamente no los habían manifestado. Se han objetivado más síntomas de ansiedad y angustia, asociados al temor a la enfermedad y la gravedad de la misma. En este sentido también han aparecido más síntomas hipocondríacos", apunta. 

Si hay un factor de riesgo superior al físico, añade el psiquiatra, es la soledad y el aislamiento. "La gente sola se muere antes y se han juntado dos factores que han sido un cóctel explosivo: primero que es una enfermedad muy contagiosa que les afecta muy gravemente y que, por obligación, debían estar aislados. Eso generó gran incertidumbre. No se veía un final. No es casual que el Gobierno haya ido prologando el estado de alarma cada dos semanas. Saben que si hubieran dicho que duraba tres meses, las consecuencias hubieran sido catastróficas", agrega. 

El drama de las residencias

Esa vulnerabilidad de los mayores ha sido más acusada en las residencias, apunta el psiquiatra oscense, donde hasta la mitad de los usuarios llega a presentar síntomas de depresión. Durante este tiempo, los mayores ingresados no han podido ver a sus familias. La epidemia del coronavirus, añade el psiquiatra, debería llevar a una reflexión sobre el cuidado a los mayores, aunque, admite, no se muestra demasiado optimista respecto a ese cambio. 

"En España tenemos un serio problema con las residencias, no están especializadas. En algunas comunidades autónomas, existen centros para personas con demencias o enfermedades neurodegenerativas graves. Son las menos. En la mayoría, todos los residentes están mezclados. En las residencias se ha unido, la gravedad del virus con la gravedad que ya había en los centros", critica. 

Durante la pandemia, Olivera, que en el hospital de San Jorge lleva el programa de psicogeriatría, se reubicó en la Unidad de Agudos. Se ocupaba de las urgencias psiquiátricas de toda la provincia de Huesca y las interconsultas a pacientes psiquiátricos de la zona covid.

Entre las escenas "terribles" que recuerda es la de recibir en Urgencias a pacientes llegados de residencias a los que, una vez atendidos, no podían devolver porque en los centros les decían que eran "zonas limpias de coronavirus y era arriesgada la vuelta". Como, además, en aquellos días no disponían de test para poder hacer a los pacientes, al final, y sin sitio para derivar a ese mayor, se veían obligados a hospitalizarlos en la mismas unidades de psiquiatría.

"Imagine una residencia con 80 residentes y una auxiliar por la noche para atenderles a todos. Imagine, con residentes contaminados. Así hemos visto las escenas que hemos visto: con el Ejército entrando y encontrándose a pacientes fallecidos. Es nuestra responsabilidad el pensar cómo permitimos tener a los mayores en estos centros", subraya el psiquiatra.

El escenario del otoño

En España todavía no tienen datos (los especialistas ya están trabajando en ello), pero el doctor Olivera alude a estudios recientes sobre cómo el aislamiento social afecta psíquica y físicamente a los mayores. Según la mayoría de los estudios, la prevalencia de depresión mayor es del 5% y de alrededor del 20% para formas menores de depresión en la población anciana. En China, epicentro de la pandemia mundial, ya se sabe que la prevalencia de la depresión entre los más mayores alcanza el 37 %.

¿Cómo viven los mayores la posibilidad de un rebrote?. "No vendemos seguridad -dice Javier Olivera-; la espada de Damocles sigue encima. Por eso, ellos te dicen: 'Ya veremos en otoño...'. Al tiempo, tienen como un pensamiento mágico, la esperanza de que aparezca una vacuna", En su hospital, la mitad de las consultas ya son presenciales. Pero, por ahora, los mayores prefieren no ir.  

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