Res Pública

En junio suma y sigue

Se cumplen ahora dos años desde que se hizo visible la quiebra parcial del modelo político español, vigente durante más de tres décadas, y nos encontramos todavía en el camino hacia su sustitución o a su mantenimiento mediante un calafateado que no altere su sustancia. De lo acontecido hasta ahora se puede deducir que la segunda opción tiene mayores posibilidades en el plazo inmediato y, probablemente, es la que se impondrá, más por incapacidad de los febles defensores de la primera que por méritos propios. Así las cosas, los que piensan que en la segunda vuelta electoral de junio se desvanecerá el misterio pecan de credulidad por lo que, a mi juicio, sería conveniente pensar en cómo se desenvolverá España durante un año o año y medio más, ya sea con gobierno en funciones o con un gobierno minoritario que intente velar por el mantenimiento del statu quo. Y casi todo va a depender de si la decadencia en la que estamos inmersos se endulza con algo de actividad económica o si factores externos, como las exigencias europeas o las políticas de liquidez del BCE, alterasen de forma negativa para los intereses españoles sus pautas actuales.

Para el actual modelo español el descabalgamiento del PSOE del liderazgo de la izquierda tendría importantes consecuencias

Nuevo reparto entre los mismos actores

Por supuesto, durante los dos meses que quedan para los comicios de junio pueden suceder muchas cosas tanto aquí como en el extranjero, pero no debe olvidarse cómo se repartió el voto en diciembre y cómo se ha administrado el resultado del mismo, realidades que sí son una base cierta para aventurar el futuro cercano. En el centro derecha el reparto fue muy favorable para el PP, que superó notablemente a sus competidores de Ciudadanos. Sin embargo, en la izquierda las cosas fueron de otra manera, el PSOE y Podemos quedaron casi empatados y esa circunstancia ha contribuido a ahondar la incertidumbre en el seno de la izquierda con vistas a las nuevas elecciones, lo que demuestra una vez más que las crisis o desavenencias en el PSOE suelen tener efectos letales para la gobernación del país. Desde luego para el actual modelo español el descabalgamiento del PSOE del liderazgo de la izquierda tendría importantes consecuencias, algunas de las cuales ya se han manifestado con motivo de sus intentos de formar gobierno en solitario.

Lógicamente, los electores han tenido ocasión de comprobar lo que dan de sí sus elegidos y es posible que ello tenga alguna influencia a la hora de elegir de nuevo, aunque no hay que sobrevalorar esa capacidad de discernimiento hasta el punto de que se produzcan corrimientos de voto espectaculares. En la derecha no parecen probables, si acaso el PP, que conserva el poder con lo que ello significa entre el electorado más tradicional, puede aspirar a una mejora a costa de Ciudadanos que, a su vez, no tendrán fácil compensar las eventuales pérdidas pescando en los procelosos mares de la izquierda. Y digo procelosos, porque esa es la situación de la izquierda española ante el hundimiento perseverante del PSOE, cuyos dirigentes se esfuerzan con ahínco en ello. Una vieja historia que se repite en nuestra historia democrática con la diferencia de que ahora existe un partido como Podemos dispuesto a sacar réditos del desbarajuste socialista.

La maquinaria burocrática de Bruselas, con su insensibilidad tradicional, podría lanzar mensajes y exigencias que alimenten la caldera de las pasiones políticas en España

Los partidos tradicionales tendrán otra oportunidad

Los meses transcurridos, desde noviembre en que se convocaron las elecciones de diciembre a ahora en que se han convocado otras para junio, han resultado una experiencia valiosa para observar cómo los poderes públicos han flotado en la deriva impuesta por las incapacidades de unos y otros y las inercias económicas oxigenadas por los factores externos ya conocidos. No ha habido resquebrajamientos dignos de mención en el estado de los problemas, tampoco se ha avanzado en la resolución de los mismos, por lo que la tregua gubernamental y parlamentaria no parece que haya frenado la corriente de la insatisfacción y el desengaño, circunstancias que podrían contribuir a situar el problema español en las preocupaciones sobre la Europa del sur. Algo que casi nadie desea para no añadir más perturbaciones en el ámbito europeo. En ese sentido, la única reserva que se me ocurre es que la maquinaria burocrática de Bruselas, con su insensibilidad tradicional, lance mensajes y exigencias que alimenten la caldera de las pasiones políticas en España. Es de suponer que alguien se cuidará de que no ocurra, pero no las tengo todas conmigo, vistos los antecedentes de Ucrania y Grecia.

Tales pasiones no se vislumbran y más si la campaña electoral es de perfil bajo, aunque parece inevitable pensar que habrá dos polos, PP y Podemos, que influirán en los contenidos y que crearán una gran incógnita sobre el desenlace de los comicios. Un desenlace en el que, en principio, se puede descartar la presencia de Podemos en el Gobierno central, que es la preocupación esencial desde mayo de 2014, por lo que los partidos tradicionales tendrán la posibilidad de llegar a algún arreglo que les permita ir tirando una temporada, que será corta o larga en función de lo que sean capaces de hacer con los problemas españoles. Lo dicho, suma y sigue.


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