Res Pública

El chiste de la multa de Bruselas

Lo que me ha resultado más llamativo de la semana han sido los aspavientos por el crecimiento incontrolado de nuestra deuda pública y la amenaza de Bruselas de multar a España por su exceso de déficit. Parece que, de repente, se descubre el secreto peor guardado de los muchos que circulan por la decadente Unión Europea: que España debe lo indecible y que no cumple ni cumplirá con los objetivos de déficit, porque su economía renquea por el fondo del pozo en que se sumergió años ha y sus gobernantes se niegan a cambiar todo aquello, empezando por el modelo de Estado hipertrófico y continuando por la educación, que pudiera permitir la ejecución de políticas públicas serias paralelas con el estímulo de iniciativas privadas, para dar otro aire al país. Y ante eso sólo se oyen lamentos entreverados con la amenaza de los eurócratas de echarnos una multa. Desde luego, no me extraña que, con esa visión de la jugada, crezca el euroescepticismo hasta en España donde las críticas a este proyecto europeo por parte del conglomerado político y mediático son prácticamente inexistentes.

Desde que en Grecia se armó el lío en la primavera de 2015, ahí andan con el tercer rescate y me imagino que preparando el cuarto

La UE camina como un zombi por el filo de la navaja

Desde que en Grecia se armó el lío en la primavera de 2015, ahí andan con el tercer rescate y me imagino que preparando el cuarto, que puso de manifiesto la fragilidad de los dogmas financieros y la imposibilidad de sacar a flote una economía hundida por mor de corrupciones y exigencias desorbitadas, las vías de agua en el proyecto comunitario han seguido aumentando - refugiados, Brexit, Hungría, Polonia, Austria etc.,- y ya poca gente duda de que la UE camina como un zombi por el filo de la navaja con sus errores de diseño y los resultados devastadores de sus políticas. De hecho, en poco menos de un año el mapa político dominante en el seno de la Unión se va a parecer poco al actual, lo que permite pensar que nadie en su sano juicio quiera alimentar en plazo inmediato el incendio español, mucho más peligroso que la pequeña hoguera griega. Por eso, creo que nuestras preocupaciones deben centrarse en la realidad que se deriva de un modelo ineficaz y no en si nos ponen o no una multa.

Precisamente las consecuencias que tendría reavivar el incendio español ha obligado a reflexionar a los responsables de las instituciones europeas que, de momento y con carta del jefe de Gobierno en funciones por medio, optan por mantener la tregua con España, aunque el comisario Moscovici prácticamente ha venido a decir que le importa una higa el gobierno que surja del 26J, porque, según él, no hay margen de maniobra. Mensaje descarnado de democracia limitada que resucita en la UE la versión peor del concepto de la soberanía limitada del Bloque Soviético durante la Guerra Fría. Es un recordatorio de que el sufragio universal está en tiempo de rebajas, lo que permite aventurar que la tregua no será indefinida y menos si en nuestro país no se acometen los cambios imprescindibles para simplificar las administraciones públicas y producir una ordenación del gasto, que preserve el mantenimiento digno de los servicios públicos. Sea lo que sea, la tregua y la liquidez que suministra el BCE, deberían ser aprovechadas para poner en pie un proyecto nacional de reconstrucción política y económica que inspire confianza y que saque del letargo a la iniciativa privada, tan ausente desde que estalló la crisis con el pinchazo de las burbujas especulativas.

España sola ante su problema

Es verdad que tal proyecto no existe, o al menos yo no lo conozco, y cualquier lector puede pensar que estoy pidiendo la luna a la vista de lo que se ha hecho estos años y de las promesas que circulan con motivo de la campaña electoral. A pesar de ello, es obligado insistir en que, por primera vez después de nuestra gran crisis nacional de finales de los años 70, con la economía revuelta y la muerte del General Franco, España no va a disponer de las asistencias y tutelas que tuvo entonces para salir del trance, ya que la continuación de la tregua financiera europea en absoluto es comparable a la actuación de las grandes potencias de aquella época, USA, Francia y Alemania, para fabricar en nuestro país el sistema político que ya no parece dar más de sí. Y que, por tanto, nos corresponderá a nosotros resolver el problema.

Corremos el peligro de desaprovechar la tranquilidad financiera y la paz social aparente sin salir del ladrillo de la parálisis

El pasado diciembre se proclamaba que las cosas iban a cambiar y no fue así. En mi opinión, no hubo proyectos ni encarnadura para hacerlo posible. Ahora se repite un discurso análogo, cuyo argumento principal es que, esta vez sí, habrá jefe de Gobierno sin explicar qué gobierno y para hacer qué, con lo que corremos el peligro de desaprovechar la tranquilidad financiera y la paz social aparente sin salir del ladrillo de la parálisis. En este sentido, la polarización política no ayudará a poner las bases de la reconstrucción que, de momento, son más un deseo que una realidad.

Dicho lo anterior, poner el foco en el chiste de la multa o de las décimas de déficit, me parece una extravagancia ante los problemas que tenemos en España y en la UE, porque, no hay que engañarse, la realidad es que todo está cogido con alfileres y el castillo de naipes no sabemos cuánto aguantará, teniendo en cuenta la situación de los países de la Eurozona y el estado levantisco de sus opiniones públicas. Por supuesto, la Comisión Europea y el Eurogrupo me imagino que harán encaje de bolillos y de ingeniería financiera para que el asunto español no vaya a mayores, pero ello no debería inducir a la inacción, sino todo lo contrario, porque, si el castillo de naipes se derrumba, nos pillará en una lóbrega orfandad.


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