Res Pública

No es el PSOE, es Ciudadanos

A medida que se acerca el comienzo de la legislatura, se vuelven a repetir las actitudes que dieron al traste con la anterior y que siembran el temor a una nueva legislatura podrida, si sirve la terminología usada en la Francia de los primeros meses de la Segunda Guerra Mundial para referirse a la guerra que no llegaba. Como es sabido, la guerra llegó, y también la rendición, que se llevó por delante los grandes valores de la democracia y de la libertad. Pues bien, en la España de hoy, el resquebrajamiento del sistema de partidos no termina de alumbrar un proyecto claro para superarlo y, en consecuencia, todas las miradas se vuelven hacia el PSOE, a ver si se decide a hacer de cirineo, aunque sea de forma vergonzante, para que el PP consiga llevar por un poco tiempo la cruz de un gobierno en minoría, cuya ejecutoria no sería muy distinta del esquema en funciones actual. Eso sí, tendría el morbo de ver a un Parlamento haciéndole la vida imposible hasta conseguir su extinción. Sin embargo, la llave para enmendar ese anuncio de pudrimiento la tiene, en mi opinión, Ciudadanos que, con su aureola no rupturista y su clientela de centroderecha, podría jugar las cartas para que las cosas no discurran por el vía crucis que se anuncia. Otra cuestión es que el PP entre en ese juego, porque, al fin y al cabo, le seduce más cualquier componenda con el alicaído PSOE, su viejo compañero del bipartidismo.

Los árboles de los resultados electorales, con la magra victoria del PP, no deberían impedir ver el bosque de la revisión seria y profunda del orden político y económico de España

Pensar en lo importante para frenar la decadencia  

Los árboles de los resultados electorales, con la magra victoria del PP, no deberían impedir ver el bosque de cuáles son las necesidades de revisión seria y profunda del orden político y económico de España, si en verdad queremos frenar la decadencia en la que estamos sumidos, circunstancia que lleva a muchos a pensar que ese es nuestro sino y que cualquier otra cosa mejor no pasa de ser un espejismo. Ese suele el sentimiento que nos invade en las grandes crisis españolas, ocurrió en el XVII y en el 98, y parece que ahora, sin llegar a aquellos extremos, se pretende transmitir que lo valioso es lo que hay y que es mejor no meterse en libros de caballerías, como se sugiere con el discurso oficial. Discurso que los señores de Ciudadanos podrían atemperar, cambiar se me antoja demasiado, para coadyuvar a una salida digna de la situación por la que todos se lamentan, pero que se empecinan en no alterar. Y ya sería hora de que, mejor en el Gobierno que fuera de él, alguien pruebe lo contrario.

Por eso creo que, ante el desbarajuste de la izquierda española, Ciudadanos, como opción de urgencia nacida en el centro derecha, dispone de la capacidad para convertirse en el cirineo que haga soportable el tránsito abierto en la política nacional hacia objetivos que, aunque difusos y desconocidos, más allá de cambios de caras y de modos,  alivien el disgusto de miles de electores y les estimulen a seguir participando en la vida pública. Lo de la aritmética parlamentaria, si hubiera un compromiso cierto de Ciudadanos, sería cuestión menor, si es verdad, como todos presumen y con razón, que repetir las elecciones no figura en la agenda política. A veces en la política conviene poner a prueba las promesas y la mejor manera de hacerlo es que la maquinaria del poder público se lubrique con savia nueva para andar por la senda que habría de conducirnos a un porvenir mejor, cuando las uvas estén maduras para ello. Hoy, siento decirlo, no lo están aun, así que se impone el posibilismo.

El posibilismo no debe avergonzar a quienes lo practiquen con la esperanza de sentar las bases de un modelo de convivencia basado en la honradez

El posibilismo es la única opción del momento

El posibilismo no debe avergonzar a quienes lo practiquen con la esperanza de sentar las bases de un modelo de convivencia basado en la honradez, en la eficacia de los poderes públicos y en la cohesión social y nacional, tan dañadas ambas por el secuestro del Estado a manos de partidos y satrapías territoriales. Lógicamente, eso exige trabajo y compromiso con el ejercicio del poder, porque sin este el sistema se encargará de fagocitar las buenas intenciones, aunque estas figuren plasmadas en documentos para facilitar la constitución de un Gobierno. Si no, que le pregunten a los que en su día hicieron posible alguna experiencia parecida y luego asistieron, impotentes, al si te he visto no me acuerdo, facilitado por la institución de la moción de censura constructiva. Otra joya del sistema que convendría arrumbar, si este se transformarse en una democracia viva y transparente.

En fin, lo ideal sería que las Cortes fueran capaces de poner en pie un Gobierno provisional de gestión con un programa sencillo y claro para, en un plazo no superior a año y medio, se convocara a los españoles para constituir el nuevo sistema que haga posible la salida pacífica y democrática de la crisis que padecemos. Como a la vista de todos está que eso no es posible, pidamos que la minoría de Ciudadanos sea capaz de arrancar el motor para iniciar la marcha, no vaya a ser que, por permanecer cada uno en su trinchera, nuestra liviana democracia termine en el pudridero ante la indiferencia de millones de españoles.


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