Res Pública

Oteando el horizonte electoral: la derecha (I)

El anuncio oficial de elecciones para el 20 de diciembre obliga a acercarse a los grupos que aspiran a mantener sus posiciones en las Cortes y a aquellos otros que quieren entrar en ellas. En el caso de los últimos, se supone que para promover cambios en las conductas y en las políticas como parece que desea una parte del pueblo español. Tales demandas no son exclusivas de una zona del espectro político, sino que, desde mi punto de vista, son comunes en todo él: desde la derecha a la izquierda se constata la insatisfacción con lo existente, aunque, como es lógico, la intensidad y la naturaleza de los cambios sí es variable. Por ello, creo que vale la pena analizar la situación en los dos bandos tradicionales, la derecha y la izquierda, empezando por la derecha o centroderecha, aun reconociendo que hay bastante gente que piensa que las ideologías están periclitadas y que ya sólo se trata de administrar mejor o peor las políticas que vienen dadas desde la Unión Monetaria. Puede ser, pero todavía pienso que los gobiernos, aunque limitados de facultades y empobrecidos ideológicamente, disponen de capacidad y de margen de actuación para velar por el bien común de sus naciones. 

Parece que se da por sentado, Aznar dixit y no sólo él, que la batalla por el voto del centroderecha se va a librar entre el Partido Popular y Ciudadanos

El PP ha sido el dueño del centroderecha desde los 90

Conforme se acerca la cita electoral, parece que se da por sentado, Aznar dixit y no sólo él, que la batalla por el voto del centroderecha se va a librar entre el Partido Popular, que desde los años 90 ha sido el representante genuino de las derechas españolas, salvo en Cataluña y el País Vasco donde el centroderecha tenía partidos autóctonos, y Ciudadanos que, de ser una pequeña marca resistente en Cataluña frente al nacionalismo, pretende extenderse a todo el territorio nacional, aprovechando el clima de insatisfacción que se denota en las encuestas y en las últimas consultas electorales. Su éxito en las elecciones catalanas, donde han batido al PP y al PSOE, es una buena carta de presentación para el 20D. 

El Partido Popular recibió en noviembre de 2011 un apoyo electoral inédito en los anales electorales de la derecha, gracias al hartazgo y a la preocupación desencadenados por los gobiernos del PSOE. No hay que hacer grandes elucubraciones para entender que el encargo era simple y claro: cambiar a mejor el estado de cosas de España. Su número de votos fue excepcional, casi tres millones más de los tradicionales en la derecha, hasta el punto de que pareció descuadrarse el esquema tradicional de distribución de las fuerzas políticas, ya que todos los poderes públicos quedaron en su mano y no había impedimentos para abordar con decisión cambios de todo orden para enfrentar la crisis española. De Ciudadanos, poco sabemos, su historia en la política nacional está por escribirse, aunque su imagen reformista podría movilizar a una parte del cuerpo electoral difícil de cuantificar.

La apuesta del establishment empresarial y mediático

Aceptando como premisa que la disputa electoral en la derecha se ciña a esos dos partidos políticos, habría que saber, como primera providencia, por cuál de los dos apostará el establishment, entendiendo por tal el conglomerado empresarial y mediático que influye de manera incuestionable en una opinión pública bastante maleable como es la española. La apuesta no es fácil, porque la dependencia del IBEX de las regulaciones públicas y la anemia económica de la mayoría de los medios que, por necesidad, los convierte en sumisos con el Poder, hacen que ese establishment, tradicionalmente poco arriesgado, sea renuente a enemistarse con el Gobierno y el Partido Popular. Por tanto, es previsible que Ciudadanos no reciba condenas ni padezca cordones sanitarios, como los sufridos por UPyD, esa otra esperanza que se desvaneció, pero me sorprendería que contara con el peso y el apoyo mediático del que va a seguir disfrutando el Partido Popular.

La hipótesis de una tasa de paro estructural del 20% tiene bastante verosimilitud

Ante ello, la partida se tendrá que jugar en el ámbito de las realizaciones y de los proyectos de cada uno de los contendientes, con mensajes sencillos que lleguen al ánimo de los electores. En el caso de Ciudadanos el esfuerzo debe ser mayor para superar el déficit mediático que se acentuará a medida que se acerque el 20 de diciembre. Y la primera pregunta del cuerpo electoral es si el PP, que recibió un apoyo inusitado, ha cumplido con el encargo recibido: la respuesta la está recibiendo en las consultas que se han ido celebrando, porque, si bien es cierto que existen ciertas mejoras en la contabilidad nacional, algunas derivadas de factores exógenos como han sido la devaluación del euro y la bajada del petróleo, amén del oxígeno del Banco Central Europeo, la estructura económica del país permanece casi inalterada con añadiduras graves de devaluación laboral y de desequilibrio social, a los que no se ve trazas de arreglo en el medio plazo. La hipótesis de una tasa de paro estructural del 20% tiene bastante verosimilitud.

El discurso de la recuperación no cala

Eso explica que nuestra sociedad, bastante crédula de por sí, no termine de creerse el discurso de la recuperación. Y no porque haya un problema de comunicación, sino porque la realidad económica general permanece en una atonía poco esperanzadora y las rentas siguen de capa caida. Esa es una de las consecuencias de haber tenido una visión meramente contable de los problemas españoles, sin hacer la menor concesión a reflexionar sobre las limitaciones que se derivan de mantener un modelo institucional que constriñe la iniciativa y penaliza fiscalmente a empresas y trabajadores. Porque en España crear una empresa sigue siendo obra de romanos en medio de una selva legislativa compuesta de diecisiete circunscripciones territoriales que carecen de visión de conjunto del país. El Gobierno, por temor o por puro clientelismo, renunció a los cambios y ni siquiera los contempla para el futuro.

No me olvido de la moral pública y de la corrupción, amén de la ruina institucional, que son materias archiconocidas en las que Ciudadanos pretende plantear su batalla. Sin duda, la mayoría de las razones estarán de su parte frente a unos adversarios profundamente desacreditados, pero, a mi juicio, eso no será suficiente. En España las redes clientelares son extensas y en la medida en que no se derriben los armazones partidarios e institucionales que las sostienen, se corre el riesgo de que cualquier propósito reformista sea fagocitado por la realidad, de ahí la importancia de que sus proyectos de reformas constitucionales se acerquen más a la revisión en sentido centralizador del Estado, como piden un 30% de los encuestados por el CIS, que al simple calafateado de lo existente. Conviene huir de El Gatopardo.

La fortuna sonreirá a quienes demuestren que disponen de un proyecto de Estado democrático en estos tiempos en los que la democracia está retrocediendo a pasos agigantados

El dilema de Ciudadanos

Por supuesto, lo expresado es un apunte de temas de los que dependen muchos otros – paro, políticas europeas, deuda, educación, tejido empresarial, fiscalidad, crédito etc.,-, pero, si se acierta en los fundamentos, la fortuna sonreirá a quienes demuestren que disponen de un proyecto de Estado democrático en estos tiempos en los que la democracia está retrocediendo a pasos agigantados, por imperativo de intereses que se sitúan sobre el mandato de los electores y la ejecutoria de los gobiernos. Cada día tenemos ejemplos de ello que no voy a repetir.

En fin, existen alrededor de ocho millones de votos en liza dentro de la derecha de los que el PP cree tener asegurados seis, de manera que Ciudadanos, al que sus adversarios sitúan impropiamente en el centroizquierda, tiene dos opciones: bien conseguir ser la fuerza dominante del centroderecha y llevar al PP a los viejos predios de Alianza Popular o tener el arrojo de hacer un discurso genuinamente renovador, que incorpore sin ambages la atención a los problemas sociales, alejándose del seguidismo neoliberal cuyas obras completas son conocidas, para convertirse en un movimiento político que capte votos a derechas y a izquierdas.


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