Res Pública

Entre Cataluña y el PSOE

El año que termina nos muestra en carne viva los dos grandes exponentes de la crisis política española, Cataluña y el PSOE, que, desde su condición de vigas maestras y elementos estabilizadores de la Transición, han pasado a ser agujeros negros de un sistema que pugna por sobrevivir en medio de los graves problemas causados por sus propias carencias y errores. De hecho, las elecciones recién celebradas han puesto de manifiesto que esos dos epicentros de la crisis continúan enviando temblores de consecuencias inalcanzables sin que se vislumbre de qué manera se pueden limitar los daños, ya que los restantes actores del stablishment español tampoco están para muchas bromas y carecen de planes para drenar la fuerza destructiva de ambos fenómenos. La consecuencia inmediata es que el caos político catalán empieza a observarse como algo que nos es ajeno al resto de los españoles y que las peleas de los dirigentes socialistas ahuyentan cualquier posibilidad de gobernación del país, vistos los resultados del 20D. Desde luego, no son los mejores augurios para abrir una etapa fundamentada en el buen gobierno y en la restauración de los valores de la unidad y de la democracia.

Una cosa es que la CUP facilite la presidencia a Mas y otra es que, si este la consigue, el Gobierno de la Generalidad se adentre en las políticas anticapitalistas

La suma de impotencias en Cataluña

Desde que los dirigentes de Cataluña decidieron romper las amarras para buscar la independencia o algo parecido, con el fin de enfrentar la marea del descontento social creado por la crisis económica en su región, el estado de cosas de aquella Comunidad Autónoma ha ido empeorando políticamente, aunque la economía haya entrado en una fase de cierta recuperación, lo que demuestra que la política tiene una influencia escasa siempre que se desenvuelva dentro de los parámetros imperantes en el conjunto de la Unión Europea. Y eso, que vale tanto para Cataluña como para el resto de España, conviene tenerlo presente a la hora de enjuiciar la actuación de movimientos políticos del tipo de la CUP, cuya representación es limitada pero que, en este momento, se han convertido en pieza capital para que Cataluña se dote de gobierno.

Ahora bien, una cosa es que la CUP facilite la presidencia a Mas y otra es que, si este la consigue, el Gobierno de la Generalidad se adentre en las políticas anticapitalistas preconizadas por ese grupo del Parlamento. Puede que existan algunas concesiones de carácter social, pero creo que, una vez que los de Junts pel Sí mantengan la Generalidad, buscarán entendimientos con otros grupos del Parlamento catalán y orillarán a la CUP todo lo que puedan, teniendo en cuenta la imposibilidad de que este pequeño grupo arme una moción de censura constructiva con los demás. Quizás en eso resida la resistencia de los anticapitalistas a facilitar la investidura de Artur Mas. Al final, esta se ha convertido en una suma de impotencias no sólo para conseguir el objetivo de la independencia sino para lograr que la Generalidad sea el instrumento adecuado para administrar y gobernar a los catalanes. En cualquier caso, lo que está sucediendo en Cataluña no se puede contemplar como algo ajeno o del extranjero y debería obligar a que el nuevo Gobierno español, cuando se forme, adopte iniciativas para ordenar aquel desbarajuste.

Hoy el PSOE cuenta con posibilidades para capitanear una alternativa de gobierno. Sería el clavo ardiendo al que agarrarse para intentar superar sus problemas

El PSOE en el camino de perdición

Y hablando de desbarajustes no es asunto menor el que se está adueñando del PSOE, cuyos dirigentes parecen empeñados en que se cumpla cuanto antes el vaticinio de que la crisis de su partido desemboque en que éste deje de ser una opción significada en la política española. Porque, si bien es cierto que los resultados electorales han sido calamitosos, es evidente que, ante el desastre de sus viejos oponentes del turno, hoy el PSOE cuenta con posibilidades para capitanear una alternativa de gobierno. Sería el clavo ardiendo al que agarrarse para intentar superar sus problemas y, en la medida de lo posible, contribuir de forma constructiva a arbitrar una salida a la crisis española. Pero son tantas las querellas de una familia venida a menos que las disputas por lo que resta de patrimonio electoral, Extremadura y Andalucía Occidental, pueden dar al traste con la última oportunidad de salir del agujero en que se encuentran.

Todas las opciones sobre si habrá Gobierno o si se repetirán las elecciones parecen abiertas, especialmente si lo de Cataluña se encrespa y el PSOE se hunde en la levedad. Se pueden hacer apuestas, pero, al hacerlas, no debería olvidarse que falta conocer qué hará el nuevo Rey, Felipe VI, que también tienen un papel, más relevante del que algunos piensan, en esta obra de teatro. Hablaremos de ello en la semana de reyes. Buen año para todos.


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