Res Pública

Añoranza de UPyD

No es la primera vez que dedico algún comentario a UPyD porque, desde mi punto de vista, ha sido el proyecto más alejado del erial en el que se ha convertido la política española por mor de diferentes causas, siendo la mayor de ellas la decadencia aguda de un sistema político que a lo largo de los años ha procurado atraer a su seno a los mediocres en detrimento del resto, con los resultados que están a la vista de todos. Ya sé que lamentarse de una pérdida en el tablero político tiene escaso interés en un momento en el que éste se encuentra inmerso en la estrategia del eterno presente, ignorando los problemas reales, algunos acuciantes, sin levantar la vista hacia un horizonte más prometedor para España. Pero, precisamente por eso, conviene extraer las briznas de esperanza que sembró el partido magenta con sus trabajos encomiables sobre la reestructuración del Estado, la transparencia pública, la solidaridad y el radicalismo democrático. Todo lo que se echa en falta en el actual mosaico español y que permite aventurar la permanencia del conjunto de intereses creados que impiden el progreso de la nación.

Diagnosticaron la crisis constitucional y cayeron en el pecado nefando, a ojos de algunos, de preconizar la apertura de un proceso constituyente

La osadía de proponer un período constituyente

Cuando nadie lo hacía, diagnosticaron la crisis constitucional y cayeron en el pecado nefando, a ojos de algunos, de preconizar la apertura de un proceso constituyente. Y no se limitaron a una simple apelación sin sustancia, sino que se empeñaron en estudiar las medidas para refundar el Estado. Este, en 2013, fecha de su manifiesto regenerador, mostraba signos inequívocos de adentrarse en una grave crisis estructural que impulsaba toda clase de movimientos centrífugos y que condicionaba la puesta en práctica de políticas nacionales para superar las consecuencias de los problemas que tenían maltrechos a millones de españoles, con la erosión consiguiente de las clases medias, cuyo debilitamiento añade un factor de inestabilidad para el buen gobierno del país. Es verdad que otros actores se han referido a esos problemas y han ofrecido formulas y propuestas, aunque tan fragmentarias y tímidas, que no han llegado a emular los planteamientos de UPyD. Aun así, tampoco han gozado del eco necesario, como se demostró en la investidura fallida, lo que induce a pensar si son más rentables la ligereza y los eslóganes que la prédica del esfuerzo y del rigor para armar un proyecto que nos devuelva a los raíles que conducen a la modernización.  

El sentido de anticipación de los hombres de la formación magenta en los años de su nacimiento, con su discurso laico, progresista y crítico con el nacionalismo, no llegó a prender con fuerza en una sociedad que vivía bajo la anestesia de la burbuja y que no sospechaba el temporal que vendría en poco tiempo. Sin embargo, tomó cuerpo en algunas áreas urbanas donde si se empezaban a percibir las carencias de nuestra democracia y los efectos de la degradación institucional. Pero los pilares intelectuales y urbanos resultaron insuficientes para expandir un discurso de cambio ordenado en medio de una tormenta como la que estalló en España a partir del verano de 2007. Ese pequeño barco regenerador quedó a merced de los elementos y fue claramente preterido por muchos de los medios que tanto aplaudieron su aparición en pleno clímax del zapaterismo.

Cuando el poder cambió de manos llegó el olvido

De hecho, cuando el poder pasó a otras manos, UPyD y sus propuestas fueron a parar directamente al archivo de las causas perdidas y en él continúan a la espera de que algún día salgan a la luz con mejor fortuna. Porque, con independencia de los aciertos o errores de quienes dirigieron ese partido, sus trabajos están ahí y conservan las cualidades necesarias para enhebrar un genuino programa de cambio de alcance nacional.

La política española nos está ofreciendo el espectáculo de la ligereza y de la ausencia de proyectos nacionales, anegados por la impostura y la demagogia

Y ahora, cuando la política española nos está ofreciendo el espectáculo de la ligereza y de la ausencia de proyectos nacionales, anegados por la impostura y la demagogia, no está de más recordar que los propósitos de continuar a lomos de las inercias, adobadas con proclamas de cambios, más de imagen que de contenido, sin abordar en serio todo aquello que constriñe las libertades y las iniciativas públicas o privadas, conduce directamente al estancamiento y a la degradación de la democracia. En este sentido, los datos hechos públicos sobre la caída de las clases medias deberían servir para alertar de los peligros de derivas políticas indeseadas, si el problema persiste.

En fin, lo de UPyD supuso el aviso de una formación política modesta, con propuestas de enjundia para enfrentar algunos de los problemas que nos traen a mal traer. Lo ocurrido estos meses de la legislatura fallida, creo que realza el valor inestimable de aquellas propuestas. Desconozco si la propia UPyD resurgirá de las cenizas ante la convocatoria electoral. En cualquier caso, sus testimonios no deberían pasar definitivamente al olvido, porque no estamos sobrados de buenos propósitos.


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