Psiconomía

Objetivo Zarzuela: evitar nuevas urnas

La ronda de consultas que se desarrollará esta semana en La Zarzuela volverá a repetirse dentro de tres meses si los partidos políticos no corrigen su rumbo egoísta. El mandato de las urnas es meridianamente claro por mucho que Rajoy, Podemos y algunos barones socialistas se empeñen en enturbiarlo:se ha pedido a los partidos políticos un gobierno de coaliciones, de pactos, de negociación en cada ley, de debate en fin, sin la mayoría absoluta que ha despreciado las opiniones discrepantes de la legislatura anterior.

El mandato ciudadano es claro: diálogo, pacto y coaliciones

Quienes piensan más en el bien de sus siglas que en el bien común, apuestan por una repetición de elecciones con cálculos minúsculos. Podemos razona que conseguiría desbancar al PSOE en la oposición y el PP cree que conseguiría recuperar votos fugados a Ciudadanos. El resultado de ese egoísmo probablemente ratificaría la doctrina Rajoy de que España requiere de mayorías absolutas para ser gobernada desde el poder pero, paradójicamente, supondría un fracaso para ambos:

  • Para Podemos –incluso si superara al PSOE—se rompería la idea central con la que concurrió a las elecciones: la de que sería quien articulara el cambio. La disputa por el puesto en la oposición permitiría la continuidad del PP.
  • Para el PP, las nuevas elecciones también supondrían un fracaso en primer lugar porque nadie garantiza un regreso de votos suficiente como para revalidar una mayoría suficiente para gobernar y, segundo, porque el partido pospondría el debate democrático interno sobre su liderazgo hasta después de las elecciones. El PP, sacudido por la corrupción en la última legislatura, necesita una limpieza interna que no puede posponerse más.

La repetición de elecciones supondría el reconocimiento de un fracaso

La repetición de elecciones supondría, pues, el reconocimiento de un fracaso. Los partidos no habrían sido capaces de obedecer un mandato claro: el de que pacten más y dicten menos. Y para acatar ese mandato ciudadano sólo hay dos alternativas que arrojarían un mismo resultado: un gobierno investido por mayoría simple y gobernando en minoría que necesitaría pactar con socios más o menos estables y buscar el consenso con el otro polo ideológico.

  • Por la derecha, es legítimo que Mariano Rajoy intente formar gobierno con el aval de los 7.215.752 votos que obtuvo. Sin embargo, el rodillo que ha aplicado en su primera legislatura para recortar derechos y Estado del bienestar hacen poco probable no sólo la investidura sino su sostenimiento posterior. En la XI Legislatura, el nuevo gobierno afronta la exigencia de recortes de 9.000 millones de euros más por parte de la Comisión Europea para cuadrar el déficit. Mariano Rajoy no parece digno de esa confianza a ojos de las fuerzas con la que necesitaría pactar.
  • La alternativa es, por tanto, una investidura de izquierdas con el apoyo de Podemos y un gobierno con el apoyo puntual del centro-derecha que representa Ciudadanos. La apuesta es legítima en un país que ha virado ideológicamente y en el que las formaciones progresistas suman 12.531.595 votos, después de que la derecha haya perdido 784.799 votos mientras las izquierdas ganaban 2.898.803.

Quienes niegan la posibilidad de un gobierno progresista bautizándola como "gobierno de perdedores" adulteran la esencia de nuestro sistema electoral (parlamentario, no presidencialista) y niegan a los demás la capacidad de diálogo de la que ellos mismos carecen.

Hay una legítima opción de explorar un gobierno de izquierdas y debiera intentarse fijando como prioridad la emergencia social de un país que sigue viviendo desahucios, pobreza o temporalidad laboral incluso en tiempos de recuperación. Ésas debieran ser las preocupaciones de un nuevo Ejecutivo de izquierdas.

Lo peor, para quienes apuestan por volver a las urnas, es que pueden volver a encontrarse con los mismos resultados dentro de tres meses. Obedecer el mandato de los electores y no buscar excusas debiera ser una exigencia para nuestra clase política, no sólo por razones políticas. Hay, además, un argumento económico final a favor de evitar la nueva convocatoria: repetir las elecciones significaría gastar, de nuevo, 130 millones de euros en mandar un mensaje a nuestros políticos para ver si, esta vez sí, entienden lo que España les dicta.


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