Porque nada es casual

Lo que va del 20-D al 26-J

Si no fuera porque la inercia opera en muchas ocasiones con pertinaz automatismo y ninguno de los contendientes se fía del adversario, lo más apropiado sería pedir que, en ocasión de la próxima cita con las urnas, se nos ahorrasen la mayoría de parafernalias que visten las campañas políticas. El rasante de la paciencia ciudadana ha caído en picado en estos cuatro meses, y la mejor manera de recuperarlo no es precisamente la de someter al cuerpo electoral a una ración doble de confrontación improductiva. Debiera esta ser la campaña más austera de las hasta ahora celebradas, diseñada, todo lo más, alrededor de una docena de grandes debates en los medios públicos y privados. Prudencia y sobriedad serían convincentes actos de contrición de cara a una porción nada despreciable del electorado que hasta el último día se pensará muy mucho si merece la pena volver a votar.

Por otra parte, conviene no perder el tiempo en revisar la oferta: conocemos lo que cada cual propone; no hay cambio de caras. La única diferencia relevante con respecto a las elecciones de diciembre es el acuerdo Podemos-IU. De este modo, las grandes dudas que los españoles van a despejar tras seis meses perdidos van a ser esencialmente dos: 1) si quieren que el PSOE deje de ser el partido preeminente de la izquierda; 2) si la experiencia de un Parlamento fragmentado y de un país ingobernable va a favorecer el reagrupamiento del voto y la formación de mayorías más claras.

El 26-J sabremos si Rivera rentabiliza su estrategia durante el bloqueo o es Rajoy el más beneficiado por la inestabilidad

En relación a lo primero, la muy probable polarización de la campaña beneficiará en la teoría a los situados en los dos extremos: Partido Popular y Podemos. Desde una supuesta perspectiva de izquierdas, la posición de Pablo Iglesias y Alberto Garzón es nítida. La de Pedro Sánchez, tras su pacto con Ciudadanos, por moderada, no lo es tanto. En el otro lado lo que está por ver es si Albert Rivera rentabiliza su estrategia durante el bloqueo o es Mariano Rajoy el beneficiado por un voto útil que, tras la frustrada experiencia, vuelve al redil.

Son cuestiones trascendentes, aunque las encuestas no anuncien cambios significativos en la proporción de los bloques. Porque no es lo mismo tener al PSOE como primer partido de la Oposición que a Podemos; porque no será igual que PP y C,s esta vez sumen o sigan lejos de la mayoría absoluta. Pero sobre todo, porque España no se puede permitir ni un día más de inestabilidad política. Ni nos lo van a permitir.

Se han abierto canales de comunicación no oficiales entre PP y PSOE al margen de Pedro Sánchez

Juguemos a la política ficción. Pongamos que el resultado del 26-J fuera un calco del 20-D. ¿Qué habría que hacer? Pues probablemente lo que habría que haber hecho en diciembre. Lo que es seguro es que el PP repetirá su oferta de pacto a PSOE y Ciudadanos, y esta vez será muy difícil decir que no. Ya existen canales de comunicación no oficiales abiertos entre populares y dirigentes socialistas para esquivar cualquier resistencia del sanchismo.

Hay decisiones económicas que tomar, empezando por los presupuestos de 2017, inversiones paradas a la espera de que se forme un gobierno de amplio respaldo. Y en estas semanas se ha trabajado en propiciar una oportunidad para reconducir el problema catalán; una oportunidad que hay que coger al vuelo y que necesita del concurso coordinado de los dos grandes partidos.

La opinión creciente en el PSOE es que ha sido Pablo Iglesias el que mayor provecho ha sacado a las ensoñaciones de Sánchez

“El bloqueo no se va a repetir. No se atreverán”. El que así se expresa es un importante miembro del PP. Sabe de lo que habla. A Pedro Sánchez no se le van a consentir más aventuras. Los intereses del país están por encima de cualquier secretario general, y la autoridad de Sánchez nunca ha sido exorbitante, pero ahora está bajo mínimos. Si Podemos supera al PSOE en las urnas es hombre muerto. Si él no se va se forzará su relevo. Y si aguanta más o menos el tipo, es decir, no baja de los 90 escaños, tendrá que transigir si quiere seguir al frente del partido.

A juicio de varios dirigentes del PSOE, tras el intento fallido de ser investido, Sánchez debió dejar paso a Rajoy, asegurándose el papel de jefe de la Oposición. Hoy, hasta eso está en riesgo. La opinión de la mayoría de “barones”, como Guillermo Fernández-Vara -que gobierna Extremadura con los presupuestos respaldados por el PP- es que ha sido Pablo Iglesias el que mayor provecho ha sacado a las ensoñaciones de Sánchez. Y con sorpasso o sin él, ya hay quienes se preparan para una sustitución que, salvo mayúscula sorpresa en las urnas, muchos de los asistentes al atribulado Comité Federal del pasado 30 de abril, ya dan por segura.


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