OPINIÓN

Sobre la derrota a medias de ETA o ese empeño tan nuestro en flagelarnos

La derrota de ETA es un hecho incontestable. Sin embargo, cuando en lugar de subrayar lo sustancial se pone el acento en lo marginal, en el indecente “Carnicero de Mondragón”, es el relato de los violentos el que sale ganando.

Sobre la derrota a medias de ETA o ese empeño tan nuestro en flagelarnos.
Sobre la derrota a medias de ETA o ese empeño tan nuestro en flagelarnos. EFE

A pesar de estar casi científicamente comprobada la inclinación natural de los españoles a la autoflagelación, no deja esta de sorprenderme en ciertas ocasiones, a priori mucho más proclives al alborozo que a la pesadumbre. Digo esto porque tras el “desarme” de ETA (ahora iremos con las comillas), se ha constatado más allá de lo razonable esa tendencia insensata, esa proclividad autodestructiva a trocar victoria por decepción.

Cierto que la operación propagandística montada por ETA y su entorno, a partir de la pintoresca expectativa de una supuesta entrega del arsenal armamentístico de la banda, ha tenido momentos de una obscenidad difícil de asimilar. Cierto que muchas personas no han encajado lo que consideran un golpe bajo de la iglesia, la católica y la metodista, para ser precisos, que enviaron destacados representantes a una puesta en escena indulgente con los verdugos y ofensiva para las víctimas -las “sotanas jerárquicas”, que así los ha llamado José Antonio Zarzalejos-. Todo eso es cierto, pero solo es un intento, esperemos que vano, por reescribir la verdad.

“En la sociedad de la comunicación los triunfos se cimentan sobre sensaciones, sobre hegemonías mentales, sobre marcos expresivos. Cualquier desistimiento en este esfuerzo equivale a entregar parte del éxito al enemigo”. La muy acertada reflexión es de Ignacio Camacho. Y es acertada porque el éxito o el fracaso de esta estrategia del mundo etarra depende fundamentalmente de nosotros, de negarle al “Carnicero de Mondragón” la mínima capacidad para desviar la atención sobre lo esencial, que es la indiscutible victoria del Estado de Derecho y el absoluto fracaso de eso que bautizaron como la “Alternativa KAS” (amnistía, expulsión de Euskadi de Policía y Guardia Civil, Estado independiente que integrara a las tres provincias vascas y Navarra…) : «No podrá existir un alto el fuego hasta que no sea reconocida la alternativa KAS ya que sólo entonces el pueblo vasco alcanzará verdaderamente la libertad» (Pamplona, 30 de agosto de 1976).

Entre 2001 y 2016 a ETA se le intervinieron 14.600 kilos de explosivos y unas 1.400 armas de fuego; lo que ha entregado en Bayona son los restos del naufragio

No perdamos la perspectiva. Ni la más lejana, ni la más próxima. La pantomima montada en Bayona fue mucho más que eso; fue una completa farsa diseñada para camuflar un nuevo fracaso. Lean esta información del mayor experto en ETA de la prensa española, Florencio Domínguez, publicada en La Vanguardia el pasado 19 de marzo: “El 16 de julio del 2014, los dirigentes socialistas Rodolfo Ares y Jesús Loza entraron en coche en el garaje de un hotel bilbaíno. Del garaje, en ascensor, subieron a la primera planta, donde iban a reunirse con Jonathan Powell, exjefe de gabinete de Tony Blair. Se sorprendieron al descubrir que también estaba Martin McGuinness, entonces viceministro principal de Irlanda del Norte y dirigente del Sinn Féin, junto a un desconocido que asistió en silencio a la reunión tomando notas y sin intervenir”.

“Powell y McGuinness estaban interesados en debatir sobre el desarme de ETA. Planeaban, incluso, organizar una segunda conferencia de Aiete para tratar la cuestión. Quedaron descolocados al escuchar a los representantes socialistas que el desarme era un problema de ETA y que a ellos sólo les interesaba la disolución de la banda. Si, además, abandonaban las armas, pues estupendo. Powell y McGuinness preguntaron si se podía hacer el desarme sin participación de los gobiernos. Ares respondió que, por supuesto, que ETA podía dar las coordenadas de sus zulos a la Iglesia, a la prensa o a quien quisieran. ‘Pero sería humillante para ETA’, replicaron los británicos. Ese fue, probablemente, el último intento de dar una cobertura internacional de calado al desarme etarra”.

Los presos y la legalidad

“Humillante para ETA”. Quédense con eso, y olviden al “Carnicero de Mondragón”. Más evidencias del fracaso: En el balance de 2016 sobre el terrorismo en España, elaborado por el “Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo”, se menciona “la detención de trece presuntos miembros o colaboradores de la banda, la extradición desde Francia de otros doce etarras acusados por los tribunales españoles y la expulsión de territorio galo de seis miembros del grupo terrorista tras haber cumplido condena [con mención especial a la captura de los fugados Antonio Troitiño y Nekane Txapartegi y del considerado máximo dirigente de la banda en libertad, Mikel Irastorza]. Sin embargo, lo más destacado en la lucha contra ETA a lo largo del pasado año fue la intervención de importantes arsenales de armas”.

Si seguimos flagelándonos al ritmo que marca un sector minoritario de la sociedad y de la política, acabará pareciendo que han ganado

Yo añado: entre 2001 y 2016 a ETA se le intervinieron 14.600 kilos de explosivos y unas 1.400 armas de fuego. Lo que ETA ha entregado en Bayona son los restos del naufragio. No le demos más vueltas. Pero volvamos al informe del Centro Memorial de las víctimas, porque si la eficacia de la lucha policial no deja lugar a dudas, la evolución del colectivo de presos es probablemente el factor que mejor refleja los efectos de esa eficacia y de los argumentos de la democracia frente a los violentos: “El 22 de diciembre [2016] la dirección del colectivo de reclusos dio a conocer un documento en el que se autoriza que los internos, de forma individual, puedan aceptar la legalidad y las normas penitenciarias si lo desean. El documento hace un implícito reconocimiento del fracaso de las estrategias de ETA: se ha debilitado el apoyo social a la excarcelación de los presos; el Estado ha incrementado sus exigencias; se ha presentado el riesgo de escisión en la izquierda abertzale y entre los presos; la izquierda abertzale no ha sido capaz de elaborar una estrategia para superar la del Estado; se ha incrementado el distanciamiento entre los presos y las organizaciones de la izquierda abertzale; ‘no se vislumbra ninguna posibilidad de negociación bilateral’ entre el Gobierno y ETA”. Fin de la historia.

Ya sé que no son fenómenos intercambiables, pero no está de más recordar en estos tiempos de aparente desazón que el denominado Ejército Revolucionario Irlandés (IRA) asesinó a más de 3.500 personas antes de disolverse. Uno de sus máximos dirigentes, el ya citado Martin McGuinness, fue hasta enero de este año, y desde 2007, viceministro principal de Irlanda del Norte. Lo seguiría siendo de no haberse agravado la enfermedad que provocó su muerte el pasado 21 de marzo. En este periódico se le ha achacado a Tony Blair, impulsor del Acuerdo del Viernes Santo de 1998 que puso fin al terrorismo en el Reino Unido, haber elegido la “paz por encima de la justicia”. El gobierno de Blair excarceló a 423 miembros del IRA, incluidos 143 asesinos convictos. Lo hizo con el apoyo mayoritario de la clase política y también de una gran parte de la sociedad británica. En esto de acabar con la violencia no conviene dar lecciones. Cada país tiene derecho a buscar su propio camino.

Las víctimas que quieren dejar de serlo

En todo caso, aquí, en España, nada de eso parece ni mucho menos cercano. La acción policial no se ha detenido, la maquinaria de la Justicia sigue su curso y los etarras encarcelados pasan por el aro y se acogen a la ley para mejorar su situación. Y, sin embargo, ya hemos elegido un nuevo motivo de discordia: el posible acercamiento de presos a cárceles del País Vasco. No aprendemos. Ni aprenderemos hasta que no seamos capaces de aceptar que cuando el Estado dé un paso en dirección supuestamente favorable a los intereses de los reclusos de ETA, lo hará desde el convencimiento empírico de que es beneficioso para el conjunto de la sociedad, para la profundización en el clima de normalidad que desde hace tiempo se empieza a respirar en Euskadi y para la lucha contra los rescoldos del terrorismo; no aprenderemos hasta que la inteligencia que hoy no se adivina nos permita reivindicar como un éxito de la democracia lo que algunos insisten en presentar como concesión indigna.

El acercamiento selectivo de presos, como antes lo fue la dispersión, debe ser también una herramienta de gran utilidad para acelerar el tramo final de ETA

Hasta ahora, y aún hoy, la dispersión de presos ha sido una herramienta fundamental de la lucha contra el terrorismo; de la policial y de la otra, y no menos importante, la psicológica, ideada para agrandar la brecha entre presos y dirigentes de la organización, entre los duros y la clase de tropa. Ahora, el acercamiento selectivo debe ser también un instrumento de gran utilidad para acelerar la descomposición interna de la banda. Salvo que, en lugar de dejar que el Gobierno trabaje con la discreción necesaria, sigamos empeñados en utilizar a las víctimas como trinchera, sin tener en cuenta el daño que hacemos a las verdaderas víctimas, aquellas cuya prioridad es dejar de serlo cuanto antes.

Entiendo muy bien a mi buen amigo Camacho cuando dice que “en este asunto no basta con ganar; tiene que parecerlo y eso no queda claro cuando se produce una provocación tan dolorosa”. Pero creo que no es fácil hacer visible el éxito cuando el acento se pone en lo marginal, en el puto carnicero de Mondragón, en lugar de situarlo en lo esencial. Y ya no es que así sea imposible evidenciar la victoria de los demócratas; es que si seguimos flagelándonos al ritmo que marca un sector minoritario de la sociedad y de la política, acabará pareciendo que han ganado.


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