OPINIÓN

¿Es Susana Díaz algo más que el mal menor del PSOE?

Pedro Sánchez no es historia del PSOE; ha sido un accidente en la historia del PSOE. Pero a Susana Díaz le va a costar un congo convencer a la parroquia de que es la llamada a “resetear la socialdemocracia”.

Pedro Sánchez (d) y Pablo Iglesias el 30 de marzo de 2016.
Pedro Sánchez (d) y Pablo Iglesias el 30 de marzo de 2016. EFE

Una premisa para empezar, y para que se entienda mejor lo que después sigue: todos tenemos nuestra parte buena; ocupa más o menos espacio, pero la tenemos. Incluso los que, con todo merecimiento, han llegado al extremo de despreciarse a sí mismos y, solo por ello, por ser capaces de afrontar ese doloroso ejercicio de autocompunción, acaban ganándose un cierto respeto. No son pocas las circunstancias en las que es preferible tener delante a un malvado que vaya de frente que a un virtuoso que no se sabe adónde quiere ir. Pero el colmo es tener delante un malvado que no sabe adónde ir.

Probablemente, los individuos que mayor irritación provocan son aquellos a los que un día les tocó la lotería, en sentido figurado o literal, y al poco tiempo no solo habían borrado de su memoria tal eventualidad, sino que con toda desenvoltura pasaron de inmediato a atribuir su buena estrella a cualidades innatas que habían permanecido discretamente ocultas hasta el momento, ¡oh casualidad!, en el que les sonrió la fortuna (si alguno que yo me sé lee esto, seguro que se da por aludido).

A Pedro Sánchez le tocó la lotería, pero en poco más de dos años dilapidó el premio gordo, los premios intermedios y hasta el reintegro

Soy consciente de que para hablar de las primarias socialistas me podía haber ahorrado el meandro e ir más por lo derecho, exponiendo directamente las dudas que me asaltan sobre la idoneidad de los contendientes. De los tres. O expresando mi perplejidad por la nula capacidad de adaptación a la realidad demostrada por el PSOE. Pero la circunvalación no pretendía ser un mero ejercicio de retórica. En la carrera hacia la Secretaría General de los socialistas hay dos postulantes de desiguales méritos, pero sólo uno al que le haya tocado la lotería. De ahí el prolegómeno.

En la rifa abierta tras la dimisión de Alfredo Pérez Rubalcaba, manos nada inocentes colocaron en lugar de privilegio la papeleta con el nombre de Pedro Sánchez. Luego, en poco más de dos años, éste dilapidó el premio gordo, los premios intermedios y hasta el reintegro. Lo de Sánchez no tiene nada de meritorio, en su primera acepción de la RAE. Su única virtud ha sido resistir, contradiciendo esa vieja y anacrónica costumbre política que recuerda la conveniencia de asumir responsabilidades para no dañar la credibilidad de tu partido. Resistir contra toda lógica, pero también hasta el punto de estar en disposición de dar la batalla, a pesar de ser el causante principal de que el PSOE siga en la UCI.

Victoria suficiente vs victoria pírrica

Pedro Sánchez no es historia del PSOE. Ha sido un accidente en la historia del PSOE. Creo que así piensa hoy la mayoría de los cuadros de ese partido, aunque reconozco que no tengo la misma certidumbre en lo que se refiere al conjunto de la militancia. Dicho lo cual, y a pesar de todo, mi pronóstico es que Sánchez va a perder las primarias. Por varias razones, que ahora repasaré, pero ante todo porque para muchos socialistas su victoria, lejos de anunciar una nueva época de regeneración, empieza a verse como un riesgo cierto de desguace, de huida hacia otros terrenos que nada se parecen a los que un día consolidaron al PSOE como alternativa de gobierno.

Mi pronóstico es que Susana Díaz va a ganar, y con más margen del que se presume, porque, entre otras razones, el PSOE es un partido que no se ha renovado desde abajo en los últimos veinte años, o se ha renovado con cuentagotas, anquilosamiento que no es bueno, incluso es malo, pero que en la presente coyuntura garantiza una cierta predisposición a no aventurarse en territorios desconocidos.

Si gana Díaz con suficiencia, el PSOE seguirá siendo el PSOE. No estoy seguro que 100% PSOE, pero podrá soportar la transición

Aun siendo cierto que, a día de hoy, nada es descartable, se supone que en la militancia pesará por encima de filias y fobias la convicción sobre quién es el candidato, o la candidata, más capacitado/a para volver a unir el partido. Pero nada está escrito. Ni siquiera una victoria de Díaz aclararía necesariamente las cosas. Si fuera apretada. Y es que si la sevillana ganara por un estrecho margen, lo que pase después dependerá casi por igual de la vencedora que del vencido. 

Para aclararnos: si gana Díaz con suficiencia, el PSOE seguirá siendo el PSOE. No estoy seguro que 100% PSOE, pero podrá soportar la transición. Si por el contrario su victoria es tirando a pírrica, será también Sánchez quien sujete el mango de la sartén, porque sólo él podrá aceptar democráticamente la derrota y sólo él estará en disposición de plantear exigencias que, probablemente, de ser aceptadas, cambien la fisonomía del partido.

No digamos si Sánchez gana. Estaríamos entonces ante el fin del PSOE que hemos conocido y en el comienzo de una especie de Syriza que, de llegar algún día al poder acunado por Podemos, acabaría haciendo lo que ha hecho Tsipras, salvo contexto más favorable: tragarse sus promesas electorales y entregar la soberanía de los griegos unas semanas a Bruselas y otras a Berlín o a Frankfurt.

Patxi López es la piedra en el medio del río que otros necesitaban para cruzar a la otra orilla sin volver la cara

Insisto: si Susana Díaz juega bien sus cartas, tiene la victoria en el bolsillo. Porque tiene más méritos para ejercer el liderazgo de los socialistas que Pedro Sánchez (méritos políticos); y también porque, llegado el momento, Patxi López, confirmada la sospecha de que con su concurso pone en peligro la unidad y la transición pacífica en el partido, dará un paso atrás.

Patxi sabe que sus posibilidades son menos que escasas, pero con habilidad ha sabido ofrecerse como la piedra en el medio del río que otros necesitaban para cruzar a la otra orilla. A Óscar López, Sara Hernández, Francina Armengol y, desde luego, a Idoia Mendía, entre otros, el exlehendakari les ha proporcionado la salida de arrepentidos que conduce a la reconciliación con el susanismo. Ese es el principal valor de Patxi, por el que será justamente recompensado: su contribución a recoser las costuras abiertas, misión digna que el hijo de Eduardo López Albizu sabrá explicar cuando llegue el momento.

Susana Díaz probablemente ganará, pero tienen razón quienes temen que sus méritos, con ser mayores que los de su principal adversario, no sean suficientes para afrontar la difícil tarea de recuperar electoralmente al PSOE. Díaz ha demostrado que sabe ganar; pero en Andalucía, donde la inercia sigue siendo un factor determinante. Fuera de la confortable zona de seguridad de su tierra, no le va a ser fácil convencer a la parroquia de que es algo más que el mal menor del PSOE y la adecuada para liderar ese proceso imprescindible que Felipe González ha descrito como “resetear la socialdemocracia”.


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