OPINIÓN

El PSOE podría superar, incluso, una victoria de Sánchez; nunca un pucherazo

La transparencia va a ser el principal termómetro de legitimidad de las primarias socialistas y el factor que en mayor medida condicione su futuro. Incluso por encima del resultado.

El PSOE podría superar, incluso, una victoria de Sánchez; nunca un pucherazo.
El PSOE podría superar, incluso, una victoria de Sánchez; nunca un pucherazo.

Por lo común, la duración de la cura es proporcional a la gravedad de la herida. Cuando el 20 de noviembre de 2016 Miguel Ángel Heredia se dirigía a una treintena de jóvenes de las Juventudes Socialistas, la herida seguía supurando. Todavía supura. Había pasado poco más de un mes del aquelarre en el que la mayoría de los dirigentes de su partido forzaron la dimisión del secretario general. Cuando Heredia se dirigió en Málaga a su juvenil parroquia, en el convencimiento de que lo que allí se decía allí se quedaba, el eco de los insultos y amenazas que se escucharon en aquel Comité Federal del 2 de octubre seguía retumbando con fuerza en las agrupaciones socialistas de toda España.

Miguel Ángel Heredia es un tipo tranquilo. Un señor doctor en Ciencias Biológicas al que raramente se le escapa un exabrupto. A un experto en cultivos celulares no le queda bien la grosería. De ahí viene, de los títulos pero sobre todo de la trayectoria, la extrañeza de muchos cuando vimos en un tuit que Heredia había llamado hija de puta a Margarita Robles. Y es que la letra lo aguanta todo, pero no sabe por sí sola de matices, y mucho menos de registros y tonos verbales. Escuchen la grabación y sabrán a qué me refiero.

Susana Díaz debiera apartar a Mario Jiménez del proceso de primarias si quiere evitar riesgos innecesarios y el constructo del amaño

Heredia dijo lo que pensaba en una reunión interna y su error fue expresarse como si estuviera en la mesa camilla de su casa, como si no supiera que ya no hay sitio donde esté garantizada la privacidad. Y aunque su “hija de puta” sonó casi cariñoso, lo que debiera haber previsto su señoría es que no estaba el horno para bollos, y que todo era susceptible de ser utilizado en su contra. Como así ha sido casi cinco meses después de aquel episodio, que no pasaría de la consideración de anécdota de no ser por lo que revela: la predisposición de unos y otros a emplear métodos poco edificantes, a embarrar el campo en el que se juega la batalla final por el liderazgo del PSOE.

Margarita Robles es una mujer inteligente. Lo acaba de demostrar aceptando con extraordinario fair play las disculpas de Heredia. Debe haber escuchado el audio y el “tierno” exabrupto, pero también ha debido tener en cuenta que si es presidenta, sin ser militante, de la Comisión de Justicia del Congreso, es porque la dirección del Grupo Socialista, del que Heredia es secretario general, así lo ha querido. O que, desde que el Consejo del Poder Judicial le negara la posibilidad de regresar como magistrada al Tribunal Supremo, lo suyo no tiene fácil vuelta atrás.

Robles defiende con toda legitimidad su derecho a compartir, aun sin carné, un proyecto político, y acaba de declarar que “si el PSOE no camina hacia la unidad va a convertirse en el Titanic”. Ahí tiene toda la razón. También ha dicho que Pedro Sánchez es un “hombre de Estado”, y esto ya no parece tan evidente.

La mentira, línea roja infranqueable

Lo peor de las opiniones “privadas” de Miguel Ángel Heredia no fue el insulto, sino la mentira. La utilización espuria del nombre de Ignacio Fernández Toxo, para apoyar la tesis del pacto de Sánchez con los independentistas, es lo que descalifica la diatriba de Heredia, un hombre por lo demás cercano a Susana Díaz. Mayormente porque revela esa predisposición al juego sucio a la que me he referido.

Para no acabar como el Titanic, los candidatos deberían fijar la mentira como línea la roja infranqueable. El primero Pedro Sánchez, que antes de tirar la toalla hizo algo peor que mentir: traicionó la confianza de muchos cuando le dijo a Felipe González, para que éste lo transmitiera a quien correspondía, que había decidido abstenerse en segunda votación y que, por el bien de España, dejaría gobernar Mariano Rajoy. En cualquier otro país de los llamados “civilizados”, la constatación de un hecho de esta naturaleza habría supuesto la inmediata retirada de la circulación del autor de tamaña deslealtad.

Pero tampoco Susana Díaz está libre de pecado. La manipulación, al menos en política, es una modalidad de la mentira. Y la sospecha de manipulación, o de intervención interesada en favor de la presidenta andaluza, va a perseguir a esta mientras no se tomen decisiones que certifiquen sin asomo de duda la limpieza de las primarias, entre ellas el completo apartamiento de Mario Jiménez, hombre de la máxima confianza de la líder andaluza, de la organización y control del proceso. En esto también tiene Robles toda la razón.

Si a Pedro Sánchez, cuya principal virtud es haberse convertido en el desahogo de la militancia, se le gana con trampas, el PSOE habrá perdido

Un buen amigo, y excelente observador de la política, me insistía hace unos días en una idea que me parece relevante: en clave de futuro, que pasa por la recuperación de la unidad, el PSOE puede superar una victoria por la mínima de Díaz, incluso una victoria de Pedro Sánchez. No sería fácil, pero podría. Pero lo que sí supondría el fin del partido, en este delicado cruce de caminos, lo que sería el Titanic del PSOE, es que creciera imparable la sospecha de haber asistido a un proceso contaminado, sucio, con trasiego de militantes incluido, de los de bocata y autobús.

Para pasar con bien esta prueba, solo sirve la absoluta transparencia. Si a Pedro Sánchez, cuya principal virtud es haberse convertido en el desahogo de la militancia, se le gana con trampas, el PSOE habrá perdido. Comparto la tesis de mi amigo: de una victoria de Sánchez los socialistas podrían recuperarse; de un pucherazo, no en esta ocasión.


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