Porque nada es casual

El PSOE, a la sombra

A José Borrell no le gustó nada que Pedro Sánchez, a imitación de la metodología pablista, le nombrara ministro de Exteriores antes de haber pasado por el fútil trámite de haber ganado unas elecciones generales. A Borrell no le gusta ni la música ni la estética de Podemos, y por eso se negó a ponerse en la foto al borde del área con gentes a las que en más de un caso ni conocía. Borrell es un tipo serio, reflexivo y muy celoso de lo que los demás puedan hacer con su imagen. Su historia, desde la infancia para acá, es la de alguien a quien la experiencia ha ido suavizando las aristas de la ortodoxia. Pero solo la experiencia, no los experimentos. Y menos el marketing.

Sánchez es víctima, pero también heredero mudo, de la concepción presidencialista y subcontratista del

zapaterismo

Serrano, Gabilondo y Sevilla también son tipos serios. Pero de ellos se espera algo más que una foto. En general, del PSOE se espera mucho más que operaciones de imagen. Y a Pedro Sánchez se le debería exigir que hurgara por debajo de los currículos que le colocan sobre la mesa antes de elegir a sus compañeros de viaje. Absolutamente improcedente, por razones varias, la preselección de algunos ministrables, como los de Justicia o Sanidad. Rafael Bengoa y Margarita Robles son un elocuente ejemplo del peso que tiene la imagen, en contraposición a otros ingredientes, en la pirámide de prioridades dibujada por el equipo de Sánchez. Y no son precisamente estas dos áreas menores. Ni presupuestaria, ni políticamente.

No sería en todo caso una mala idea el llamado “gobierno en la sombra” si la iniciativa, además de reunir a un conjunto de personas de contrastada capacidad profesional y política -en su mayoría-, hubiera sido mínimamente debatida y consensuada con la dirección socialista. Y no es que los miembros de la Ejecutiva acrediten más méritos que los llamados por Sánchez a las más altas responsabilidades. No es ese el problema. La cuestión de fondo es el ninguneo y el descrédito a los que se viene sometiendo a la dirección del partido en general y a los secretarios y secretarias de área en particular.

El error de fondo de Sánchez es querer garantizar su liderazgo asaltando La Moncloa en lugar de abordar la ineludible refundación del PSOE

El tema es viejo. Rodríguez Zapatero redujo a cenizas Ferraz; pero Sánchez no ha hecho nada por, al menos, apagar los rescoldos. Su primer error fue aceptar una Ejecutiva interminable, en la que casi nadie tiene notoriedad ni voz propia, y compuesta alrededor de las cuotas exigidas por los territorios. Cuando fue elegido secretario general no se atrevió a montar su propio equipo. Ahora lo hace, tarde y enviando por segunda vez al partido el mensaje devastador de su inanidad. Sánchez es víctima, pero también heredero mudo, de la concepción presidencialista y subcontratista del zapaterismo, y en estos dos años ha contribuido como el que más al vaciamiento de la materia gris en los órganos de dirección del PSOE.

Lo peor del ‘gobierno en la sombra’ es el ninguneo público al que Pedro Sánchez somete a la dirección del PSOE

Cierto que el permanente pulso interno que mantiene con Susana Díaz no ha facilitado precisamente la reflexión serena sobre el papel que debiera recuperar una Ejecutiva que cuando mayor fue su peso político, mejor le fue al PSOE. Y que también actúa como atenuante el hecho de que las iniciales concesiones de Sánchez envalentonaron a los barones, siempre proclives a reducir el poder de los órganos centrales. Sin embargo, ninguno de estos factores justifica la equivocada dinámica de Sánchez, volcada en garantizar su liderazgo a través de una poco probable ocupación del Gobierno en lugar de en la ineludible e improrrogable refundación y modernización del PSOE. El error de Sánchez es haber llegado al convencimiento de que para ser por mucho tiempo secretario general del PSOE primero hay que asaltar la Moncloa. Pero los milagros escasean, y el modelo de Gobierno sin partido de Zapatero no es fácil que se vuelva a repetir.

El PSOE aguantará razonablemente el tipo el 26-J porque esas siglas debieron forjarlas en Altos Hornos de Vizcaya. Pero si los socialistas no afrontan su particular reconversión con la máxima urgencia, si, con los nuevos actores políticos en plena ebullición, no revierten a toda velocidad la interminable deriva de externalización del poder, a medio plazo, siendo magnánimos, estarán política y hasta clínicamente muertos.


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