OPINIÓN

PSOE: entre un sobresalto llamado Patxi López y el miedo a que gane Errejón

Más que un paso adelante, lo de Patxi López tiene toda la pinta de ser un movimiento de autoprotección, una manera de hacerse perdonar su sanchismo.

Alfredo Pérez Rubalcaba y Patxi López en una imagen de archivo.
Alfredo Pérez Rubalcaba y Patxi López en una imagen de archivo. EFE

La sola mención de una hipotética y futura contienda electoral con Patxi López e Íñigo Errejón como cabezas de cartel de PSOE y Podemos provoca reacciones incontrolables, tirando a convulsas, entre los notables del Partido Socialista que merecen tal consideración. El discurso de Pablo Iglesias se ha vuelto previsible. Se siente más confortable en el papel de un Pepito Grillo de colmillo retorcido que en el de cabeza de una alternativa real de poder. Ha elegido la comodidad de la protesta al sacrificio de la pedagogía y la adaptación realista al entorno. El que de verdad mete miedo en la Gestora y fuera de ella es Errejón. Al menos a los que saben discernir entre forma y fondo, entre táctica y estrategia, entre susto y muerte.

Íñigo no engaña a nadie: “Si dejamos que el PSOE se recomponga habremos fracasado”. Su objetivo no es sólo retener el voto del desencanto que abandonó a los socialistas a raíz de la crisis, sino invadir el espacio histórico del PSOE y colocar la bandera morada en Casa Labra. Eso y no otra cosa es la transversalidad que predica. A la élite ilustrada que aún resiste en Ferraz y otras latitudes le horroriza la hipótesis de un Errejón que corte las dos orejas y el rabo (de Iglesias) en Vistalegre II. Prefieren mil veces a un Pablo encerrado con sus anticapis en el flanco más izquierdoso de una España que ya no crece por ese lado del mapa.

A la élite ilustrada que aún resiste en Ferraz le horroriza la hipótesis de un Errejón que corte las dos orejas y el rabo (de Iglesias) en Vistalegre II

Entiende por otra parte la ilustración socialista que Patxi López no le aguantaría a Íñigo Errejón ni dos asaltos, que la frescura del chaval se merendaría sin mayores esfuerzos a un personaje con una mochila cargada de contradicciones, derrotas y alguna que otra puñalada trapera. También lo ha debido entender así Pedro Sánchez, quien tras las primeras dudas parece haber dado ya por amortizado al vasco; el mismo que le convenció de que debía dimitir como diputado para no verse obligado a traicionar sus principios favoreciendo el gobierno de Mariano Rajoy; el mismo que se constituyó en uno de los soportes principales del “no es no y qué parte del no no ha entendido, señor Rajoy”.

El perverso Rubalcaba

López tiró de puñal y ahora es Sánchez el que se revuelve y clava la daga en su particular Bruto, ninguneándolo de la peor de las maneras, que es haciendo como si Patxi no hubiera anunciado el paso, como si fuera transparente. Y es que hasta Alfredo Pérez Rubalcaba se está ocupando de desmontar la sugerente teoría de que lo de López es cosa suya, un perverso movimiento para debilitar la candidatura de Pedro Sánchez. No lo tiene fácil el ex secretario general, porque Patxi López es en parte un producto de su factoría, la factoría Rubalcaba; fue el ariete que utilizó don Alfredo para cargarse las primarias que quiso montar Zapatero en 2011 para aupar a Carme Chacón a la secretaría general sin pasar por el congreso.

Y tampoco lo tiene fácil Rubalcaba porque quizá lo que busque López sea precisamente eso, un acuerdo con el ganador que garantice su supervivencia. Porque lo que ha hecho el vasco, traicionando a Sánchez, se parece mucho a un intento de hacerse perdonar su engolfamiento con el sanchismo, de recomponer su relación con el aparato predominante del partido ofreciendo sus “servicios” a cambio de un espacio de confort .

La gestión de López ha debilitado al socialismo vasco y ha reducido a la mínima expresión el histórico protagonismo del PSE

Más que un paso adelante, lo de Patxi López tiene toda la pinta de ser un movimiento de autoprotección, una manera de hacerse perdonar el “no es no” cuando vio que Sánchez se diluía y el riesgo era quedar fuera de juego, un verdadero drama para quien lleva subido a un cargo orgánico o institucional casi desde que le salieron los dientes.

“Me siento con fuerzas para reconstruir el PSOE, recuperar el liderazgo y derrotar a la derecha”. Esto dijo López el día que confirmó su intención de presentarse a las primarias. Lo que no explicó es cuál va a ser el cambio, necesariamente drástico, que deberá incorporar a una manera de hacer política que ha debilitado extraordinariamente al socialismo vasco, ha reducido a la mínima expresión el histórico protagonismo del PSE en una comunidad vital y ha hincado la rodilla de forma contundente ante la derecha nacionalista.


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